Traducción: Rhoda

Por Antonio Díaz Oliva

Rhoda

Jonathan Safran Soer
Traducción por Antonio Díaz Oliva.

Come una galleta. Te hace bien. ¿Sabes tu problema? El problema contigo es que tu esposa es muy -déjame decírtelo de esta manera- ella es muy inteligente. Espero que no te moleste que diga esto. No lo menciono porque te convenga casarte con alguien ignorante, como ha sido mi experiencia. Sólo te digo que es mejor tener una compañera de vida que de alguna manera no sea muy inteligente. Sé algunas cosas. Como que ella no te alimenta porque es muy “inteligente”. Pero, claro, eso no es asunto mío.
Es bueno verte. O por lo menos lo que mis ojos pueden hacer al respecto. ¡Podrías ser un modelo! Me reconforta. A tu hermano le crece su pecho, pero tú aún tienes todo tu pelo. Déjame tocarlo. Ese hermoso y espeso pelo. ¡Eres tan bello! ¡Tan estupendo! No importa. Deberías estar sano. Ese hermoso pelo estilo Kennedy. Disfruta tu hermoso pelo y tu buena salud.
Toma un sorbo. Déjame traerte una bebida del sótano. Anda y trae una bebida del sótano. Bebe algo. Por favor. Por mí. Tengo algo de jugo de naranja en el refrigerador. Lo podría calentar para ti. ¿Una rebanada de pan? ¿Qué te haría feliz? Eres precioso, te lo digo. ¡Precioso! Mirándote, se me olvida todo. Tengo una bolsa de té que usé ayer por la noche y que aún sirve.

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No quiero robarte tu tiempo, pero te contaré de mi cardiograma, y luego a tus asuntos. Te diré acerca de tu primo Daniel. ¿Está grabando esta máquina? Tu primo Daniel llamó de la Universidad Brown ayer por la noche. ¿Escuchó eso la máquina grabadora? Él se saca sólo A en sus cursos, y apenas tiene dos B y sale con una chica, no con una schwartze . Ella estudia -¿cómo le dicen?- no puedo recordar la palabra. De todas maneras, no sé cuáles son sus áreas de estudio, pero su familia vive en Philadelphia y pertenecen a la Congregación de Beth Davis, que es de la Reforma, pero aquello no es mi problema. Su padre es abogado, y no sé qué hace su madre. Esta chica es un poco gorda, pero de todas maneras es amable. Han salido cuatro veces. Por acá hay una foto de ella en el refrigerador.
Te diré acerca del primer schwartze que vi. Ya que estaba pensando en Daniel, recordé acerca del schwartze con el cual él salió por un periodo breve. ¿Te acuerdas? Era su vida, y por eso no dije mucho, pero fue para morirse. Le dije, ‘Te puedes enamorar con cualquiera, entonces ¿para qué mezclar sangre?’.
Cuando llegamos, en 1950, ni siquiera sabía que había algo como un schwartze. Nadie me dijo. Nadie me sentó y dijo, ‘Por si acaso, hay schwartzes’. Me bajé del bote, y estaba sosteniendo a tu madre, y tu abuelo, tu verdadero abuelo, miraba nuestras maletas, y la primera persona que vi fue un schwartze. Pensé que tenía una enfermedad. ¿Qué sabía yo de los schwartzes? Y luego vi otro schwartze, y luego otro schwartze. Fue como ver gente verde para mí, sólo que con brazos más largos y labios más grandes y, tú sabes, ese pelo a lo schwartze. Más adelante, cuando abrimos la tienda de abarrotes en la calle K, fue en un vecindario lleno de schwartzes. Sólo schwartzes, te digo, porque eso era lo que podíamos permitirnos en ese tiempo. Si hubiese habido monedas más pequeñas que centavos también las habríamos ahorrado. El dinero no compra la felicidad, pero la felicidad no lo es todo. El punto es que no tengo nada contra los schwartzes, pero estoy feliz que Daniel haya encontrado a una mucha simpática e incluso se haya reformado. Déjame darte un aviso: si tienes que lavarte las manos luego de ir al baño, es porque hiciste algo malo. Y estoy hablando de ir al baño a hacer lo más breve.

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Nosotros conocíamos a todos los schwartzes que nos robaron, y esto es lo último que te digo de los schwartzes. Ellos venían con máscaras, y una vez les dije, ‘Jimmy, si necesitas dinero, sólo dilo. No tienes que hacer esto’. Y entonces él preguntó, ‘¿Me puedes dar algo de dinero, Rhoda?’. Le dije que sobre mi viejo cadáver. Apuntó la pistola hacia mi cabeza. Le dije que tenía que congelar unas cosas, así que si me iba a disparar que lo hiciera ya. Dijo, ‘No estoy bromeando, Rhoda’. Dije, ‘¿Quién bromea?’. Te digo la verdad, los schwartzes nos amaban.
Te diré acerca de mi cardiograma. Ten una galleta. No te robaré mucho tiempo. Tengo una paleta de helado en el sótano. Tu papá me dijo que no encontraron nada. Te lo ruego, bebe un poco de Coca-Cola por mí. No te voy a presionar. Además no pregunté por un chequeo doble. ¿Ni siquiera un sorbito por tu abuela? Cuando las noticias son que tu corazón está bien, una se las cree. Espero que no te moleste que diga eso. Tú estás bien, pero sé ciertas cosas. Le dije al Dr. Horowitz que he tenido el tipo de vida con la cual Spielberg podría hacer una excelente película. Él dijo que era un honor conocerme. Haré que le manden una carta. Me pregunto cuándo cumplirá los cincuenta años, porque tengo una de esas cartas con ese motivo por aquí. ¿Me puedes llevar al banco cuando hayamos acabado con esto? ¿Y luego al supermercado? ¿Y luego a otro supermercado? ¿Y luego a la pastelería? Hay una encantadora chica oriental que me hace descuentos cuando voy. Tiene una cara bastante fea, pero eso es su problema. Tu padre me pondría en un taxi. Él cree que soy corriente, pero él es el corriente porque no vendría acá a acompañarme. Es bueno mantener tu dinero en un puño. Si no me crees, nadie lo hará.
Y de todas maneras -¿quieres rodajas de tomate fresco?- algunas mañanas no siento dolor. No me estoy quejando. Hay cosas peores que el dolor. ¿Cómo podría uno quejarse con ese pelo que tienes? Probablemente no aprecies esto, pero cuando eras un bebé solías dormirte mientras te recitaba el alfabeto en inglés. Y ya cuando eras dos años mayor hablabas mejor que yo. ¡Ese era mi Premio Nobel! ¡Eras mis diamantes y perlas! ¡Mi venganza!

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Pero igual tengo dolores, debo decirte. Empiezan al final de mis uñas, casi como animales mordiéndome. Eventualmente se dispersan. Y en el pecho. En el cardiograma no salía nada malo, pero ¿crees que hace algo de diferencia con mi pecho? ¿A quién le crees más? Mi cuerpo ya no funciona. ¿Qué esperaba? Con mis hemorroides está igual de bien estar sentada o parada. Pero incluso estar sentada es difícil cuando hago lo más largo en el baño. ¿Te puedo hacer una pregunta personal? ¿Tienes una lista de los números seriales de tus depósitos? Sé que no es de mi incumbencia.
¿Cómo está tu hermano? Debe estar bien. Yo creo que genial. Creo que, de alguna manera, está algo solo. Me llama todos los días. Debe pensar que estoy sola. ¿Cuándo se va a casar? Necesita conocer a una mucha simpática. ¡Tan inteligente que es! No hay nada que no pueda hacer. Está perdiendo su cabello, pero eso no importa. Todos envejecen. Siempre que pienso en ti, me vuelvo loca. ¡Eres tan precioso! Igual me siento sola en esta casa. Te he robado tu tiempo. ¿Funciona la máquina? Crees que me estoy muriendo. Está bien. No tienes que decir nada. Lo sé. Sé que todos ustedes me han estado mintiendo. Cuando traen la grabadora, es por alguna tarea del colegio o porque una se está muriendo. Y tú te graduaste de Princeton hace nueve años.
Entonces me tienes que prometer algo. Acércate. Más cerca. Sabes que tu abuela nunca te pide nada de esto, pero es sólo por esta vez. Te lo ruego, no importa lo que pase, sin importar dónde te largues o cuántos millones hagas en tu vida, sin importar nada, te ruego: nunca compres un auto alemán.
Entonces, ¿de qué quieres hablar?

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One Comenta

  1. paloma salas ortiz
    Posteado el 26/08/2009 a las 2:43 pm | #

    scheinkeit

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