Por Daniel Hidalgo
LECTURA OBLIGATORIA
Por Daniel HidalgoLa anécdota parte así. Un profesor de castellano, joven, simpático y buen mozo, debe pasar a un tercero medio la unidad sobre género lírico. Esto se produce en un liceo técnico de aquellos que el ministerio y las instituciones oficiales gustan llamar “en riesgo social” y para los cuales, supongo que al ser técnico, las letras y los libros se han transformado en el peor enemigo. Busca una salida fácil. El profesor se pregunta por qué autor de los que leyó en la media lo hizo no odiar tanto a la poesía. La respuesta inmediata: el antipoeta de Chile. “Muchachos, próximo control de lectura: cualquier libro de Nicanor Parra, el que gusten” dice a su alumnado. El profesor llega emocionado a su casa, pensando en cómo pasar la unidad a ese curso que, hasta el momento, había resultado de lo mejorcito del liceo. Hablar de género literario, hablar de Parra, hablar de poetas que bajan de no sé qué olimpo, hablar de física, de lo popular, hablar de tradición y ruptura, hablar de Chile.
Tres semanas después, un colega, profesor jefe de aquel tercero medio, se le acerca al joven educador solicitándole asistir a la reunión de curso que se llevará a cabo ese mismo día. Básicamente, los apoderados quieren linchar al maestro de castellano. Parra no existe en las ferias de libros usados, ni en las librerías especializadas de textos educativos para jóvenes, sus libros tampoco han salido junto a los periódicos como “combo promocional”, ni están en la biblioteca del liceo. El único apoderado que había encontrado algo, había sido una reciente compilación del antipoeta, a veinte mil pesos y algo en una librería de un mall, lo que había provocado el espanto y la posterior furia total de los apoderados. Final de la historia: el joven profesor debe escapar por la ventana de una sala ubicada en un segundo piso, frente a una tormenta de zapatazos, los tacos de los zapatos de una madre pueden ser verdaderas armas blancas.
El joven profesor soy yo. La anécdota puede estar exagerada pero, efectivamente, los libros de Parra no son fáciles de encontrar para familias que no tienen cercanía con los libros y que no reciben ingresos más allá de los 160 mil pesos para todo el grupo familiar. Recuerdo, sin embargo, haberme topado con algunas ediciones de bolsillo del autor ¿Dónde? ¿Cuándo? Ya no tengo idea. Este particular episodio de mi rutina docente fue, en realidad, mi primera revelación de la existencia de un canon de libros para educar. Un canon perfectamente articulado por una institucionalidad definida. Una lista de autores y obras que se manifiestan en los planes y programas del área de Lengua Castellana y Comunicación para cada curso. ¿Con qué nombres nos topamos allí? Isabel Allende, Hernán Rivera Letelier, Carlos Cuauhtemoc Sánchez, Richard Bach, Antonio Skármeta, Luís Sepúlveda, José Luís Rosasco, Enrique Lafourcade, y, por suerte, otros nombres no tan espantosos e imprescindibles como Cervantes, Shakespeare, Manuel Rojas, Unamuno, Vargas Llosa, García Márquez, Neruda, Mistral o Kafka. Insisto, nuevamente en la condición de imprescindibles de éstos últimos, por ende inevitables en la conformación de lecturas obligatorias para cualquier ciudadano chileno.
La disposición de este canon se articula bajo los mismos criterios que una casa editorial tiene para lanzar publicaciones de autoayuda: cada libro debe ser leído porque significa una enseñanza para la vida, porque tras su lectura seremos mejores personas y, cosa aparte, iremos mejorando nuestro vocabulario. Un mero artefacto práctico y funcional, acá no hay placer estético, ni reflexiones, ni análisis de códigos culturales, ni crítica, ni nada no productivo.
Con respecto a Nicanor Parra, para mi sorpresa, su nombre sí se encuentra reiteradas veces entre esta nómina. De hecho, aparece marcado con una (a), lo que quiere decir que es un autor fundamental, cuya lectura es definitivamente obligatoria, tomando también en cuenta que este listado recibe el nombre de “repertorio sugerido de obras literarias”, presentándose como una nómina flexible según los criterios, lecturas e intereses de cada docente.
Sin embargo, a pesar de que tras el altercado con los apoderados, empecé a trabajar según este canon flexible, descubrí que tampoco era el ministerio de educación quien creaba el canon de lecturas. Sino que su elaboración dependía absolutamente de los pocos y paleolíticos libros que se encontraban en biblioteca, de la oferta de las ferias de libros usados, y, por sobre todo, de la piratería organizada, sólo bajo éste último punto cuadraban perfectamente autores como Allende, Rivera Letelier o Cuauhtemoc Sánchez, entre otros.
La oferta editorial, de cuneta o no, es acá la que manda, la que ofrece su catálogo de libros económicos y al alcance de la masa. Sobre todo si consideramos que el repertorio sugerido de obras literarias a ratos toma características delirantes como la de sugerir a James Joyce, Raúl Zurita, Marcel Proust, Ortega y Gasset –es decir, una serie de nombres a los que de no ser por fotocopias o bibliotecas especializadas, en época universitaria, yo no podría haber tenido acceso jamás–.
Asumido esto ¿con qué se queda uno, como profe? Con pedir lo menos malo dentro del restringido catálogo de las editoriales y su canon de lecturas estudiantiles, aunque ellos no lo llamen canon, sino “ofertas”. Los profes nada tenemos que ver ahí. Aunque tengamos que recibir zapatazos de vez en cuando y nuestros alumnos terminen aborreciendo a los libros y a la lectura.
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9 comentarios
Que increible, estamos en el siglo 21 y en cuanto a la lectura obligatoria de los alumnos de la enseñanza media, nada ha cambiado siguen con la misma lectura de cuando yo estudiaba,al ver a mis hijos los libros que deben de leer, me trae a la memoria mis años de escolar,ahora entiendo el por que, es una gran verdad , prima el valor del dinero antes que la enseñanza de los libros, siempre ha sido asi y no cambiara.
jajaja Me hicieron leer cuatro libros de cuautemoc y de hecho tuve que comprarlos, actualmente creo que los tengo todos prestados, por que siguen haciendo leer la misma huevada.
buena anectoda de Hidalgo, sobre todo el enfrentamiento con los apoderados , creo que se la escuche en un seminario de literatura.
bkn 60 watts estoy descubriendola
Soy profesor de lenguaje, y he tenido el mismo dilema con los cabros chicos. Hay hartos factores en juego. A grueso modo puedo resumir visión al respecto en los siguientes puntos:
- Con el tiempo uno se da cuenta de que el control que hace el establecimiento o el ministerio sobre estas “lecturas obigatorias” no es tanto (al menos por estos lados), y en ese sentido uno puede salirse bastante del libreto. Como dicen los gringos, hay que saber cómo trabajarse a la máquina. No he conocido a ningún profesor que haya sido amonestado o sancionado por no atenerse a la lista oficial.
- Ahora, uno podría pensar que dándoles lecturas entretenidas y con hartas escenas de sexo y borracheras ellos se van a interesar de inmediato. Pero no. Lo he comprobado. La mayoría de las veces quedan demasiado descolocados. Es como que, a una persona que no ve películas, le hagas ver “Irreversible”. Hay que tener cuidado con la selección.
- También está el tema económico. Si yo me pusiera dictador pensaría (y con razón) que si los cabros son capaces de comprarse zapatillas y celulares de 80 lucas (incluso los más pobres) no hay excusa para no comprar un libro de 10mil pesos un par de veces al año. Pero como tampoco uno se puede poner tan kamikaze, hay que ver alternativas. Yo he optado por llevarles extractos de novelas, así como poemas seleccionados, cuentos e historias cortas, y en general harto material breve que ellos puedan fotocopiar. Sé que es limitante en cuanto a obras de mayor extensión, pero es mucho menos limitante que atenerte a la lista de libros obligatorios.
Eso.
Buena columna, falta que se discuta más al respecto.
Excelente artículo Daniel! Me llega profundamente, colega. No hay resumen que no resista ni película que no se venda. Es lo primero que te preguntan los alumnos o alumnas. Anécdotas me imagino que hay tantas como apoderados se expresan, o los mismos que les leen a sus hijos los libros para “ayudarlos”…. estamos en la prehistoria y ese cauthemoc es un machista moralista de lo peor. A mí igual Parra me ha “salvado” de hartas… para qué te digo lo contrario. mi último experimento, difícil, por lo demás, ha sido leer algo de Foucault, El orden del discurso, en 4to medio, ELOY, Crimen y Castigo y, oh! gracias piratería, ahora sí….El cazador oculto… algo es algo. Abrazos.
Anecdotico por decir algo.El titulo me hizo recordar a mi profesor de Filosofia que me hizo leer Saranguaco de Nicanor Parra y descubri una forma de poesia, escondida para mi en ese momento.Luego tuve la oportunidad de comprar los libros de Nicanor, la gran mayoria.Tambien sucedio en mi liceo una lectura apasionada cuando un profesor de Sociales(No existia en ese tiempo los temas transversales,año 1982)nos prohibe leer “Miedo a la Libertad” de Erich FRomn (hoy cuesta algo de $20.000.-) Lo leimos varios unos 15 alumnos….conseguimos el libro, hicimos resumenes,etc. En estos tiempos no son los culpables, las editoriales(en parte),los libreros o el gobierno. Los culpables son las personas que no dan alternativas para leer e informarse.La gran mayoria de liceos y los alumnos tienen acceso a Internet.Existen bibliotecas,existen ventas de libros usados,etc.
Hoy en dia a mis hijos los hacen leer, libros con fichas listas para que el profesor no trabaje(?)si el libro se descontinua, No importa…existe los libros piratas…las fotocopias…estas ultimas autorizadas por los profesores y directores.la excusa los libros son caros,caros con respecto a que?un zapatilla,un IPOD….
Una anecdota forzada, si damos una lectura de un libro, deberiamos saber si hay en el mercado, sino se consigue ejemplares,si no se hacen extractos sacados de internet, se busca Icaritos antiguos donde salen biografias,resumenes,etc
No habria sido mejor preparalos a informarse, que obligarlos a comprar?
Oscar:
Creo que el columnista está hablando de liceos en los que en realidad no tienen acceso a internet, si eso de la democratización de la tecnología es una tremenda falacia.
Provienes de otra parte y al parecer sólo conoces ese mundo.
Creo además que no se puede trabajar con fotocopias ni enseñarles a leer fragmentos a nuestros hijos, para qué hablar de incurrir a la piratería.
Es sólo mi opinión.
me sumo a las criticas.
me sumo al aborrecer del canon.
me sumo a la rabia por la falta de acceso
y por lo mismo sumo a la discusión,
el tema del impuesto al libro,
de la falta de bibliotecas barriales y comunitarias bien abastecidas,
de la nula preocupación curricular por el disfrute de la lectura y con ello de la escritura.
y sumo un pequeño saludo a la biblioteca de santiago, que dentro de tanto vacío es ciertamente una isla. pequeña.
así es que creo que los zapatos hay que tirarlos pero no precisamente al profesor sino a quienes permiten que esto se perpetúe.
Notable!
MikaisoKo
No fomento la piratia…solo dije que son los profesores y directores de Colegios y Liceos quienes las autorizan.
Estudie 4 años en un Liceo, en ese tiempo, teniamos Biblioteca en el Liceo, la de Providencia y la Biblioteca Nacional.
Hoy en la misma situacion, sumamos La Bilioteca de Santiago, Bibliometro, Biblioteca Viva,cada Municipalidad tiene al menos dos Bibliotecas, si no eres de la comuna puedes dar el lugar donde trabajas o algun amigo…..etc
Sobre Internet y el acceso…anda a las poblaciones…y cuenta cuando Ciber hay y cuanta gente esta chateando……
Creo que para mi existe una realidad…hoy hay mas posibilidades,mas fuentes de informacion, etc
Otro pequeño dato y con esto termino.La Universidad de Santiago publico un extrato de los poetas nacionales mas notable, como Enrique Lihn, Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Nicanor Parra a solo $ 500.-