Por Lissette Fossa
El Haiku, más allá de la contemplación
Por Lissette FossaAsia es un continente grande. Muy grande. Por eso, cuando me piden que “hable o escribe algo” (como me pidió descaradamente el editor de esta página) con respecto a países asiáticos, me parece muy complicado pensar en algo que sea correcto, sin meter la pata en algún punto. Sobre todo cuando hay que hablar de Japón, un país con una cultura sorprendente, rica en distintas artes y que mantiene aún un misterio seductor. Por eso he tomado la decisión de plantearles distintos temas, pero atreviéndome a errar y caer en descaradas conclusiones.
Ya que estamos empezando, quisiera sumergirme en un tema que a muchos les “suena” y que se ha hecho popular en los últimos años, ya sea por su belleza y simpleza, como por el hecho de que se ha puesto de moda todo lo que “huela” a brevedad en cuentos y poesía. Hablo del Haiku, poema tradicional japonés de diecisiete sílabas y tres versos, que deriva de la lírica tradicional de ese país, el haikai-no –renga y el Tanka, que a su vez tenía una influencia directa de la poesía china.
Siempre he pensado que gran parte de la espiritualidad, la identidad e incluso de la literatura moderna de Japón se puede ver reflejada en estos pequeños poemas. El haiku se inspira en la contemplación como fuente de inspiración para el arte, asunto que se relaciona con las religiones asiáticas y sobre todo el budismo y el Zen, que influye en el pensamiento asiático y en la manera en que se entiende el contacto con el yo en Japón. Porque ese contacto no tiene que ver tan sólo con uno, como personalidad ni ego, ni con el aislamiento y la inactividad (una interpretación, por lo demás, bastante superficial y expandida en los malos cursos de yoga), sino más bien con la acción, pero una acción entendida como aporte a la vida de la naturaleza, con un profundo sentimiento de pertenencia a un cosmos o a un espacio más amplio que el propio ser, y la vez, el uno como espectador de la acción de esta naturaleza en tu cuerpo y en el mundo que nos rodea. Pero, a diferencia de la poesía “occidental”, el principio de esta proyección parte del cosmos, es decir, comienza con la conexión con el exterior, luego la reacción y acción del interior y le sigue esa proyección nuevamente a la naturaleza, un proceso dialectico, podríamos llamarlo, que en lo personal me sorprende y me parece maravilloso (como ven, no puedo ser neutral al respecto…). El haiku es el hombre desnudo ante la naturaleza, pero como ser humano espiritual, emocional y corporal, no como otro animal ni un “animal racional”.
Además, el haiku como poesía pretende inmortalizar la percepción del autor sobre un momento, un instante en su mundo. Mantiene en su esencia una característica de la espiritualidad y la identidad asiática, y que adquiere matices propios en el caso de la cultura japonesa, que es la percepción de temporalidad en la vida. Todo tiene su ciclo, todo tiene un tiempo y todo tiene un comienzo y un fin. Nada es eterno. La eternidad, tema que parece neurotizar (sicológicamente hablando, hay muchos casos) al mundo occidental, tiene una respuesta en la cultura asiática. La respuesta es que no existe: nada es eterno. Y esa respuesta no la da un Jesús, ni un Buda ni un Confucio, sino más bien la misma naturaleza, la cotidianidad, el arte y la rutina. El hecho de observar la vida y muerte de quienes queremos y despreciamos. Creo que esa es una sabiduría ancestral que parecen heredar en los genes los autores japoneses, y que veo no sólo a la literatura tradicional, sino también la actual (y podría alargarme dando ejemplos en las obras de Kawabata, Mishima, Oé, Murakami, Akutagawa, Banana Yoshimoto y muchos más) e incluso la manera que tiene la sociedad asiática de relacionarse con los otros continentes en política y economía.
Naturaleza y tiempo, entonces, se sintetizan en el haiku en las estaciones, como inspiración para retratar estos aspectos de la vida. Todo haiku está “situado” en una estación de la naturaleza, y a la vez, en una “estación” de la vida, de los sentimientos. Sus versos llevan pistas o referencias directas a estos estados estados del clima.
La última característica que quisiera destacar de este arte lírico (“¿Hay más?”, se preguntarán ustedes. Sí, hay muchas características y sutilezas del haiku que no se pueden resumir en una columna, así que póngase a leer haikus antes de que la vejez lo deje ciego), es la ambigüedad que caracteriza sus versos. Por un lado hay una razón técnica, que es el hecho de que sólo tienes diecisiete sílabas para escribir, pero además se debe a la naturaleza del idioma japonés, una lengua que carece de género y plural en sus palabras, y que se da mucho a la interpretación y a la imprecisión de conceptos. El haiku, por lo tanto, apela a la inteligencia del lector, para que éste interprete los versos y logre conectarse con el autor de una manera subjetiva, ya que es imposible, dentro de la visión de este arte, lograr una comprensión completamente fiel. Estamos hablando que desde hace casi quinientos años, el punto de vista del autor, el monólogo interior, entre otras cosas, ¡se desarrollaban con otro nombre en Japón! Y eso, más que perjudicar al poema, le aporta nueva vida, y se enriquece con la significación que cada lector le da a la obra. El poema vive, muere y vuelve a la vida con cada lectura.
Parar imbuirlos dentro de este mundo del haiku me gustaría rescatar las palabras de un autor llamado Kabayashi Issa. Es un escritor poco conocido en occidente, en comparación con los grandes del Haiku, Basho y Buson, pero que tiene sus lectores, ya que su poesía se caracteriza por un estilo menos ligado al Zen y más conectado con la tristeza y la melancolía, tema que se relaciona con su dramática vida. Su vida es un haiku más…
“El crisantemo
Y el montón de estiércol
Forman un solo cuadro”
Selección de Haikus
De almohada una piedra,
Yo, cual chicharra,
Lloro en la lluvia.
BOSHA
Todas las cosas
Se ve que sabe el gato
En el fogón.
FUSEI
El caracol
Levanta su cabeza:
Se me parece
SHIKI
Viento de otoño
Un mendigo me mira,
Comparativo.
ISSA
Le sobrevive
Le sobrevive a todo
La frialdad
ISSA
Con gran sosiego
Camino solo, y solo
Me regocijo
ISSA
Bajo las flores
Deja de haber personas
Del todo extrañas
ISSA
Visión de sombras,
Llora una anciana sola,
La luna como amiga
BASHO
La vieja mano,
Sigue trazando versos
Para el olvido
J.L. Borges
Troncos y pajas:
Por las rendijas entran
Budas e insectos
OCTAVIO PAZ
No sigas las huellas
De los antiguos
Busca lo que ellos buscaron
BASHO
lo peor del eco
es que dice las mismas
barbaridades
en plena noche
si mis manos te llaman
tus pechos vienen
drama cromático
el verde es un color
que no madura
hace unos años
me asustaba el otoño
ya soy invierno
BENEDETTI

2 comentarios
Felicitaciones por excelente comentarios sobre el Haiku. Debo aportar que, aun que lo puedan negar varias personas, el Haiku es parte de una filosofia de vida, que es el Zen. Los 7 principios basicos de Zen y que obviamente lo tiene el Haiku:
1.-Armonia(La Rima)
2.-Transparencia(La Belleza)
3.-Luminosidad(Los Espacios,en blanco)
4.-Espacialidad(Vacio,lleno)
5.-Dinamismo(Elritmo de la prosa)
6.-Instante
7.-Aqui y Ahora
Ahora desmendrar una parte de una filosofia es muy facil ,es como decir que Jesus es un experto en Parabolas o Metaforas y desconocer su sentido profundo.
Asi como existe el Haiku, existe en pintura el Sumie,Ikebana,las cremonias de Te,las artes marciales; que tambien precisa el Aqui y Ahora, el instante.
Cuidado con prentender que el Haiku es la principal filosofia que debemos llevar en nuestra vida.
Tampoco, creo, que se debe desmerecer a otras Religiones o Filosofias, ya que es muy dificil tener la certezas de lo que es corecto en este mundo.Pienso que es mejor mostrar que tratar de imponer(aunque no lo haces,pero si esta tu pasion reflejada).
Por ultimo el Haiku se desarrolo bajo la Dinatia Tang, una de las mas ateas y prohibitibas de la epoca.
El Zen
no es algo
que puedas enseñar.