Crónica: Descerrajados

Por Maura Salvo

Descerrajados

Cuerpo tocado, tocante, frágil, vulnerable, siempre cambiante,
huyendo, imperceptible, desvaneciendo bajo la caricia o bajo el golpe,
cuerpo sin corteza, pobre piel tendida sobre una caverna donde flota nuestra sombra…

Jean-Luc Nancy

Por Maura Salvo

Estoy sentada buscando el cielo con la mirada, pero el recorte del edificio me lo impide. Estoy sola, me he quedado a cargo de la librería. Veo el reflejo de la librería en la ventana, apoyado el mentón en mi mano izquierda. Llueve con sol. Siento nostalgia. El agua cayendo, pequeños arcoiris matizando el vidrio. Recuerdos de infancia despertados por esta lluvia fina sobre el D.F.

Pasa un avión sobre mi cabeza. Pienso en mi ciudad, en las grandes nubes, en mis ansias de saltar charcos de agua. Espero al dueño de la librería Hypatia, hace media hora que debió llegar. Estoy nerviosa. Soy la encargada -por encargo- de la librería. Ha dejado de llover. Comienzan a hojear libros aquellos que esperan la lectura a realizarse en el Foro. Vigilo.

Hypatia y el Foro están dentro de la Casa Refugio de Escritores de la Ciudad de México. Bajo el nombre Citlaltépetl, que en nahuatl quiere decir monte de la estrella, se levanta esta casa en la colonia Hipódromo Condesa. Y definitivamente no es una casa cualquiera.

El 19 de marzo de 1998 se firmó el convenio “México, Distrito Federal: Ciudad Refugio” entre las autoridades y la red mundial de Casas Refugio. El Gobierno del Distrito Federal donó la casa que pasaría a ser conocida, tras varios meses de remodelación, y en septiembre de 1999, como Casa Refugio Citlaltépetl. Es manejada por la asociación civil “Casa Refugio Citlaltépetl A.C.”, creada en 1999 bajo los auspicios del Gobierno del Distrito Federal. Su primer acto público consistió en una lectura poética de dos de sus miembros fundadores: la escritora mexicana Carmen Boullosa y el poeta colombiano, actual presidente de la asociación, Álvaro Mutis. Su finalidad es acoger a escritores y artistas perseguidos o censurados en sus países de origen. Hasta la fecha, Casa Refugio ha recibido creadores de países como Serbia, Kosovo, Argelia, Egipto, Myanmar y el Chad.

el-tamano-del-dolor

Bajo este techo escribo mientras oscurece en el D.F. Ha comenzado la lectura poética en el Foro, me llega la voz de la poeta como un murmullo electrónico e ininteligible. Reviso un libro que, antes de irse, me dejó la encargada de la librería. El tamaño del dolor. Un poemario armado en México que intenta formular lo indecible de Kosovo y la guerra, la sangre, el desarraigo, la violencia. Un poemario que intenta dar cuenta del exterminio: el lugar donde se nació no existe más que en la memoria. Naces de nuevo en el lugar que te dio asilo.
Xhevdet Bajraj es albanés. Fue deportado junto con su familia de Rahovec (Orahovac), Kosovo – ex Yugoslavia-, por las autoridades serbias en mayo de 1999 tras haber sido delatado, detenido y torturado por su constante trabajo de denuncia mediante la poesía y sus publicaciones en periódicos. Fue de país en país por poseer pasaporte yugoslavo. Emigra primeramente a Albania, luego Turquía, Rumania, Hungría, Austria y Holanda, para llegar finalmente a Ciudad de México gracias a una beca del ex Parlamento Internacional de Escritores que le ofreció ser asilado en Francia o en México. Eligió México quizás porque, inconscientemente, quería estar lo más lejos posible de los Balcanes y sus ríos de sangre. Fue el primer hospedado que recibió esta Casa Refugio.
Al pisar suelo mexicano, solo, se detuvo su escritura. No sabía nada de su familia. Pasó semanas encerrado, sin saber el idioma, pensando que alguien echaría abajo la puerta del pequeño departamento que está en el segundo piso de la Casa y que es habitado ahora por otro poeta que aun no sabe español. Dificultad de escribir, de poner en palabras las imágenes, las pesadillas, el rostro de quienes vio morir. Y también de aquellos de los que nunca más supo.
Leo el libro. Lo miro de reojo mientras escribo estas líneas. Está dividido en tres partes: Maquillaje para la muerte, Tanto como la tumba y Bajo la sombra del cactus. Esta última parte fue escrita íntegramente en español, en la Ciudad de México. Esto tampoco es casual. Xhevdet Bajraj viaja con su esposa, terminada la guerra, a los Balcanes. Pero su país no existe. No sobrevivieron amigos o familiares, “memoria/ opacada por el vaho de la añoranza” que da urgencia a las palabras No sobrevivió nada. Exterminio del pasado y del futuro. Tras ese viaje, y durante el año 2005, Xhevdet Bajraj se nacionaliza mexicano. Actualmente reside en México junto a su esposa e hijos.
Xhevdet Bajraj da en sus poemas una muestra de lo que subyace al ejercicio del poder fáctico sobre el cuerpo, la aniquilación del individuo, de la sociedad, de una cultura, de una lengua. La fragilidad del cuerpoEl testimonio o relato desde el cual están forjados los poemas se actualiza mediante ellos, dando cuenta de una urgencia por denotar, expresar, sacar fuera algo que, finalmente, no se puede transmitir: la experiencia del horror, la cual se escribió en el cuerpo y desde allí intenta ser traducida y transcrita por el autor. En Datos personales, último poema del libro, esto se evidencia en los dos versos que lo componen:

El tamaño del dolor
Tiene mi talla

La escritura desde el cuerpo precario, perecedero, que ha sido sometido al juego de cuánto dolor soporta sin romperse y que, desde ese límite, articula todo lo demás. Cuerpo que se manifiesta en y con el dolor, guiándonos mediante la palabra hacia imágenes horrorosas como único devenir posible de ese dolor y su innarrabilidad. Finalmente, y siguiendo a Jean-Luc Nancy, somos cuerpo, desde y hacia otros cuerpos. Escritura de imágenes en descomposición como símil de lo ocurrido con el pasado. Y con el futuro, tras la antropofagia, como se evidencia en el poema con el que concluye la serie tanto como la tumba

[…] Por la mañana
Leche de senos desgarrados de las madres
Y bebés nonatos
Bullidos en el fuego de sus casas
Adornados con ojos negros, azules o cafés
Y una botella de lágrimas tibias

Alguien saborea tan solo una cabeza estofada

Al cenit
Corazones reventados de todas las edades
Hervidos en jugo de huesos como guarnición
Y espinazo a las brasas
Acompañado de sesos fritos de niños
Y ensaladas de aullidos
Rociadas con vinagre de horror
Y un litro y medio de sangre de doncellas violadas

Alguien saborea tan solo una cabeza estofada
[…]
Guisaban y hervían en el fuego de las casas
Comían y bebían en cráneos albaneses
Como si no fuéramos humanos
Como si no fueran humanos
¿No es así? Dios
Hasta que el verano los regresó a su tierra
Cebados de muerte.

Hoy Casa Refugio alberga a dos escritores. El primero es poeta, crítico y ensayista, Hatem Abdulwahid Saleh, quien salió de Irak ocho meses después de la invasión de Estados Unidos y Gran Bretaña, ocurrida en marzo de 2003. Abandona su país por las amenazas recibidas a propósito de su trabajo crítico y debido a una agresión directa: rociaron su cuerpo con gasolina y le prendieron fuego. La segunda es periodista, Shajriza Bogatyreva, amenazada de muerte y violación, esta última la peor de ambas ya que es musulmana. El motivo de su persecución es la utilización de la escritura como medio de concientizar y evitar la homogeneización cultural o rusificación del Cáucaso. Hatem Abdulwahid Saleh no domina el español. Shajriza Bogatyreva tendrá que aprender a fuerzas: no domina el español ni el inglés. Y el trauma frente a ese hecho lo ha vivido como todos los escritores que anteriormente han llegado a Casa Refugio: a través de candados en la puerta.

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