Crítica: Be kind rewind

Por Eduardo Varas

Sweded!

Por Eduardo Varas

Una película puede ser una experiencia creativa y hermosa de manera simultánea, yuxtapuesta o impertinente. El cine es una acción de enfrentamiento, no sólo al entendimiento de una época, sino de aquello que nos puede acercar a otros con una memoria, una caricia, un contacto discreto. El cine simula esa caricia y en ese sentido, Michel Gondry probablemente sea el director más creativo del mundo… y a la vez el más encantador y el que entiende que hacer una obra puede ser un acto de amor, extendiendo el sentimiento a su espectador. Esa creatividad se mide en filmes de grandes y medianos presupuestos, que esconden una historia sencilla y muchas veces se revisten de los más noble y hasta delicioso del ser humano. Michel Gondry es quizás el humanista que más claro lo tiene de todos.

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Esto es evidente en “Human Nature”, con esa versión de Tarzán, de pluma de Charlie Kauffman; dupla que se repite en “Eternal Sunshine of the Spotless Mind”, que nos viene a decir que una historia de amor puede ser la mejor historia jamás contada. Pero luego Gondry (gran director de video musicales que son simplemente impescindibles) decide tomar el “toro por los cuernos” y contar su universo. Y ese compendio de imágenes con su firma buscan la nostalgia, ese tiempo pasado que fue mejor, que se mantiene, se extiende a la actualidad y que te vuelve mejor persona.

“Be kind rewind” (algo así como “Tenga la amabilidad de rebobinar”) es el cuarto filme del director francés, que como su proyecto anterior, “The science of sleep”, es escrito y dirigido por él (de cierta manera esa sombra de Charlie Kauffman ya queda absolutamente diluída) y se basa en el amor por las películas, la pasión infantil y pequeña que se experimenta cuando alguien ve filmes, cuando alquila las películas en VHS, cuando vive en un barrio y conoce el nombre de sus vecinos, cuando el mundo es algo discreto y portentoso… el cine es sin duda la excusa perfecta para la unión y cercanía de personas.

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Todo sucede en Passaic, una ciudad pequeña de New Jersey, donde todavía sobrevive una de las pocas tiendas de renta de VHS. “Be kind rewind” es el lugar propiedad del señor Fletcher (un cada vez más adecuado y preciso Danny Glover) que está buscando la manera de evitar que el edificio donde está su local sea demolido por las autoridades. Su ayudante/ahijado, Mike (Mos Def), y el amigo de éste, Jerry (Jack Black) deciden intervenir y hacer algo luego de un accidente un tanto sci-fi: Jerry es magnetizado por un suceso en una pequeña planta eléctrica y eso consigue que borre todo el contenido de los cassettes de la tienda solo al tocarlos. Al pasar esto y quedarse sin películas para alquilar, no se les ocurre mejor idea que grabarlas ellos mismos, con una cámara de video, en bajo presupuesto (absolutamente bajo presupuesto) y esperar que nadie grite por el resultado cuando coloquen las películas en su cassetera y presionen play.

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A todo el mundo le empieza a encantar esa dinámica y las películas comienzan a ser rentadas, una tras otra, mientras ellos crean un estudio muy pequeño, en el que graban de las maneras más absurdas y creativas posibles clásicos populares como “Ghostbusters”, “Robocop”, “El rey León”, “King Kong”, “2001: Odisea espacial” y cualquiera que se les pueda ocurrir en este momento. Ya en este instante, las risas son infaltables… pero diminutas. Uno sonríe porque hay una confidencia, no a carcajadas, porque esa no puede ser la finalidad. Uno se siente tocado porque recuerda su vida. Cuando de niño utilizaba la cámara del papá o del papá del amigo y filmaba sus propias películas o versiones de otros filmes. Hay un acto de inocencia en todo esto. Gondry hace un cine que peca de inocente muchas veces, por lo que para muchos no será más que un buen momento o una idea novedosa y nada más. Hay un riesgo con este filme y radica en esa falta de malicia, que incluso se traduce en la ausencia de un final mágico de soluciones inmediatas o hollywoodenses (de ese mal Hollywood que encuentra la respuesta a todo). Por eso “Be kind rewind” se la puede ver como una fábula, una verdadera burbuja que te habla sobre el mismo cine y su poder de elevarte a algún punto que suena a magia… que se supone es mágico.

Pero más allá de esto, uno simplemente no puede creer que estas simplezas en una historia ‘pequeña’ se transformen en planteamientos no solo estéticos, sino éticos: ¿De quién son las películas? ¿De quienes las hacen? ¿De quienes las compran? ¿De los productores, según la advertencia que el FBI señala al inicio de cada proyección? ¿O de la gente que las ve y que se apropia de ellas, a tal punto de hacerlas parte de su vida y decidir, si ese es el caso, rehacerlas a su manera?

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El término “Sweded” surge de la noche a la mañana para justificar el precio de realización de cada filme (que tienen una duración máxima de 20 minutos y son alquilados a 20 dólares por noche) así como la demora en ser ofrecidos a sus clientes: “Vienen de Suecia y las importaciones demoran”. Y son en esas ideas descabelladas que surge la unidad y la gracia; la pertenencia, por sobre todas las cosas. Y esa relación se manifiesta con las películas que se vuelven en elementos con vida propia (en youtube se puede encontrar el trailer de la película, Sweded, por el propio Gondry. También existen páginas web en inglés y español en la que se pueden subir videos y mantener el juego de rehacer las películas, con baja calidad, con el deseo de mantener el juego).

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Pero lo más importante de ese contacto se manifiesta en un pueblo, un barrio, un colectivo como el de Passaic, en New Jersey. La propia gente de la zona aparece en el filme, mezclados con los actores, jugando a la realidad. La ficción como un pedazo de vida. En los special features del DVD podemos encontrar un documental sobre la filmación y encontramos cómo se produjo la simbiosis y el despertar de una zona que inicialmente había sido un lugar lleno de fábricas y que luego de un incendio masivo se convirtió en un suburbio más. La felicidad de los habitantes de Passaic se manifiesta en sus rostros, dentro de una película que se enfoca en la creatividad, en la vida de todos ellos, y en unir ambas posibilidades.

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Gondry crea una película que llega a tocar la belleza con un argumento sobre las aspiraciones y cómo hacer que en medio de un deseo algo suene a triunfo aunque no se triunfe del todo. Eso es hacer cine y salir con el espíritu elevado en el proceso.

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