Por Diego Zúñiga
Idea

El viernes pasado Matias Rivas escribió, probablemente, su mejor columna hasta la fecha en La Tercera. Decir que fue su mejor columna no es mucho, en realidad no importa nada, da igual, porque lo interesante es de qué habló.
Idea Vilariño.
¿Quién es Idea Vilariño?
La musa de Onetti, respondió Rivas en la columna. Pero eso podría dar lo mismo sino fuera porque en el fondo ese detalle, creo, marca uno de los libros de amor más desgarradores que he leido en mucho tiempo.
Pero recapitulemos:
Rivas escribe sobre Idea Vilariño a partir de la publicación de sus poemas completos. Habla de lo encantadora que es esta poeta uruguaya y luego pasa a relacionarla con Onetti.
Idea Vilariño fue su amante por 40 años. Periodos intermitentes. 40 años.
Rivas habla de esta relación algo tortuosa, cita algunos pasajes sobre este amor y señala que Los adioses está dedicado a ella.
Sin embargo, en lo que acierta Rivas en es citar un poema de Idea Vilariño, un poema que fue lo que, en definitiva, me invitó a googlearla y a buscar, esa misma tarde, en la biblioteca de mi universidad, algún libro de ella.
Cito:
No mirarte
Es verdad que entendés
o ése es tu juego
comprender
ver
saber
o de verdad podés ver con mis ojos
cómo no lo ves todo
no seguís hasta el fondo
hasta tocar la nada
y si ves con mis ojos
y si tanto entendés
cómo no viste en ellos
cómo no viste
no miraste
un pequeño animal que pedía aire
que ardía
se asfixiaba
se moría.

Todo podría ser un simple detalle, un hecho arbitario el citar a Idea Vilariño y tener, siempre, que relacionarla con Onetti. Pero no lo es, no, porque Poemas de amor, un libro que en la primera página está dedicado a Juan Carlos Onetti, es el relato de esta relación de amantes, es la crónica de un amor incompleto.
En definitiva, es la crónica de lo que signfica ser amante y estar rodeado de lugares vacíos, de ausencias, de silencios que no se desean. Lugares llenos de dolor y de preguntas, de por qué él no puede estar a su lado, de por qué se tiene que ir, de por qué, en el fondo, el nunca está.
Sin embargo, la gracia de Idea Vilariño es que todo está escrito sin nada de sentimentalismos. Logra captar la esencia de este amor incompleto sin caer en la canalla sentimental, no, se mantiene en cierta objetividad que le otorga el ser una lectora inteligente de algunos poetas de la generación del 27 (Salinas, por ejemplo), pero además el tener como influencia a William Carlos Williams, (con lo que se emparenta, de algun modo, con el tono de Gonzalo Millán) le da la posibilidad de escribir con un ritmo especial, un ritmo que genera la sensación de lejanía, de una cierta frialdad que en realidad no es tal, pero que le ayuda a escribir unos poemas de amor sin caer en los lugares comunes. Y digo que no es tal porque estos poemas son demoledores, porque se siente una voz que está destrozada, una voz que no logra entender por qué este amor no puede ser completo, una voz desagarrada por las ausencias y la indiferencia, pero que a pesar de todo eso no pierde la compostura, no se deja llevar por sentimiento nimios, lo que, en definitiva, hace que duelan más.
Y no sé si será sólo subjetividad o las fechas, o la nacionalidad, o algo así, pero a ratos Idea Vilariño me parece que le podría estar escribiendo al Mario Levrero de La novela luminosa. No tengo idea si hago la relación porque en estos días tengo que devolver el ejemplar que me prestó un amigo hace ya muchos meses. Un ejemplar que me ha acompañado durante todo este tiempo, donde lo he podido leer y releer, visitar una y otra vez esa novela que me parece un libro de aquellos. Claramente Levrero no tenía conciencia de que estaba escribiendo un gran libro. Él sólo anotaba, sólo avanzaba en su diario de vida para poder cumplir con la beca que se había ganado. Y sin darse cuenta terminó facturando un libro que está lleno de reflexiones notables, de imágenes con un humor muy especial, muy uruguayo, muy cercano a Felisberto Hernández, a ratos, pero quizá con mayor tristeza.
Mario Levrero jugando en su computadora o viendo pornografía, o simplemenete viviendo el ocio en su máximo esplendor, mientras lanzaba reflexiones sobre la vida, es una de las imágenes del 2008 para mí. Ahora que devolveré el libro lo echaré de menos, pero, por suerte, Mondadori ya lo reeditó y espero que esté en librerías a principios de este próximo año. Me cuentan que en la feria del libro lo vieron, unos pocos ejemplares, a un precio altísimo, pero ya busco en las librerías argentinas y está a menos de la mitad. Algo habrá que hacer, porque me parece que es un libro que hay que tener.
Pero me desvío.
En Levrero también hay una relación de amor algo incompleta, hay una especie de amante que lo visita de vez en cuando, que lo cuida, que llora con él, que lo abandona. Esa relación me recordó a Idea Vilariño, a sus poemas de amor.
Quizá tiene que ver con el tema de la ausencia y del abandono.
O quizá porque son uruguayos y a todos, a Onetti, a Hernández, a Levrero, a Vilariño, los acompaña cierta atmósfera melancólica, pero mezclada con rabia y algo de humor. Quizá Hernández es el que más se aleja de eso, pero en el caso de los otros tres esa atmósfera me parece que está casi siempre. Una atmósfera que también la siento cuando leo a Gonzalo Millán, en especial en Veneno de escorpión azul, como también en algunos textos de Francisco Mouat. Algo raro que todavía no sé cómo definir, pero que está ahí y que a ratos me obsesiona.
Pero vuelvo a desviarme.
Lo que importa acá es Idea Vilariño.
Sólo ella.
Sus poemas de amor.
Sus poemas.
Ya no
Ya no será,
ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa, no te tendré de noche
no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos,
esperarnos,
estar.
Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.
