Creación: Hombres Maravillosos y vulnerables

Por Pablo Toro

HOMBRES MARAVILLOSOS Y VULNERABLES

Pablo Toro

- Supongamos que Don Francisco se encierra en su oficina de los estudios Univisión de Miami treinta minutos antes de salir al escenario, se tira dos o tres líneas de coca, diecisiete cortos de whisky, tres o cuatro Ravotriles, mira su figura grotesca en un espejo de cuerpo entero mientras un par de putas, una rubia y una morena, le chupan el pene y el ano respectivamente.
- (El joven mira al productor ejecutivo con los ojos demasiado abiertos).
- Después Don Francisco las encula, muchacho. Primero encula a la rubia. Después encula a la morena. Canta la canción de Otto Krauss mientras encula a la rubia y canta “que venga la modelo” mientras encula a la morena y se mira en el espejo de cuerpo entero con una sonrisa espectral en el rostro.
- (El joven se mantiene en silencio. El productor ejecutivo se inclina sobre la silla detrás de su escritorio, con las manos en la nuca).
- Supongamos que yo he visto eso y otras cosas en mis años de carrera, muchacho, y no estoy diciendo que las haya visto, pero supongamos que, en efecto, es lo que los años de poder y fama pueden hacer en un hombre bueno y educado como mister Kreutzberger. Es ahí donde tipos como nosotros entran en el juego, muchacho. El juego del silencio. Es así como las familias han podido recibir Sábados Gigantes durante años sin ver amenazados sus valores de domingo por la tarde, ¿entiendes lo que digo?
-(El joven hace un gesto negativo y después mira por la ventana. Afuera, en los pasillos del canal, deambulan secretarias con carpetas de colores que parecen brillar en la luminosidad del edificio).

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-No importa. Los pájaros nuevos de a poco pierden la inocencia. Pero supongamos que Enrique Maluenda es un crossdresser, que se viste de mujer en sus ratos libres, que usa vestidos amplios de señora antigua mientras lee novelas románticas entre los limones de su jardín. No es que Maluenda sea gay, muchacho, no es lo que estoy diciendo. Al tipo le gusta ponerse un vestido en la privacidad de su hogar, eso es todo. Y quisiera recalcar que estamos suponiendo, ya que nada es confirmable ni del todo falso en este negocio; pero digamos que algún paparazzi mugriento de La Cuarta o de Las Últimas Noticias se entera que a don Enrique Maluenda le gusta sentarse a tejer bufandas de lana bajo los cerezos vestido como una dama de salón, una dama proustiana, es ahí donde entramos nosotros, muchacho. A pagar, perseguir, prevenir: las tres P del negocio de la producción.
-(El joven asiente con la cabeza, aparentando que conoce aquello de las tres P de la producción).
-¿Cuál es nuestro trabajo, entonces? Hacer del vacío una pantalla en blanco, un acorazado lleno de mierda infecta donde metemos la cabeza para que la audiencia no meta la suya. Somos los guardianes de la convención, muchacho. Damos la vida por ella. Supongamos que yo trabajé con Letterman en los ochenta y que con David una vez fumamos opio durante cuatro días seguidos en su casa de Forest Hills, no porque yo fuera un adicto en busca de nuevas experiencias (lo cierto es que no fumo ni cigarrillos, muchacho) sino porque David necesitaba que alguien estuviera ahí, es en esos detalles que recae la esencia de producir: Estar ahí para poder desmentir. Cuidar a tu animador estrella, que en el fondo es como tu madre anciana, tu hija enferma, tu primo en la silla de ruedas. ¿Entiendes lo que digo, muchacho? Un ser maravilloso y vulnerable. Ya entenderás que éste es un negocio de hombres maravillosos y vulnerables.
-(El joven mira por la ventana de la oficina. Afuera esperan otros postulantes, jóvenes como él, tipos expectantes que buscan obtener la posición de asistente de producción en el talk-show).

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-Digamos que las gemelas Campos están montadas una arriba de la otra en una esquina de mi departamento en Providencia, muchacho, y no estoy diciendo que eso haya ocurrido, pero digamos que así fue, las gemelas Campos no desnudas, sino vestidas y pintarrajeadas, encaramadas una arriba de la otra como si fueran las primeras piezas de una pirámide humana. No está claro si Denisse es la que está arriba o si se trata de Daniella. El punto es que están ahí mientras yo miro los noticiarios de la noche. Después los tres comemos algo en la cocina y nos vamos a acostar, y eso es todo. Producir es bastante parecido al infierno, concordarás conmigo, pero tiene sus beneficios como podrás ver, en el caso de que todo esto fuera cierto, que no estoy diciendo que lo sea, aunque tampoco estoy diciendo que no lo sea, pero en ningún caso digo que sí, tampoco digo que no. ¿Entiendes?
-(La cara del joven expresa distintas cosas. El súbito brillo de sus ojos parece decir “Esta pega es para mí y para los que son como yo” mientras que su frente arrugada podría decir “este tipo es un psicópata”. Quizás su boca firmemente cerrada dice “las cosas son como son, la vida es lo que es” o algo por el estilo. Sus manos, por el contrario, no dicen nada. Se mantienen inmóviles como si estuvieran muertas).
-Supongamos ahora que te doy la pega, muchacho. Que empezarás desde mañana mismo con tareas pequeñas pero sagradas.
-(El joven se mueve en la silla, se retuerce como si estuviera incómodo o excitado, como si comprendiera que todo se trata de una prueba sin saber realmente en qué consiste la prueba).

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-Supongamos que en estos momentos debajo del escritorio estoy en pelotas, muchacho, que no llevo puestos ni pantalones ni calzoncillos, que mientras hemos estado hablando me he tocado sin parar hasta alcanzar una erección decente. Supongamos que todo en este mundo se reduce a una buena chupada, muchacho. Tú solo tienes que decir que sí, arrodillarte a mi lado y comenzar. O puedes decir que no, y veremos qué pasa con la pega de asistente.
-(El joven está aferrado a la silla. Su rostro se moja, como si el sudor hubiese penetrado las primeras capas de piel y empapara su cráneo; sus ojos se ven desorbitados y parecen lámparas hinchadas a punto de reventar. El joven baja la cabeza y se arrodilla en el suelo. Comienza a arrastrarse hacia el otro lado del escritorio, como si entendiera que la humillación previa a la chupada es parte del proceso. Antes de que alcance a ver los pantalones bajados del productor, éste lo detiene).
-Eso sería, muchas gracias. Te llamaré si te damos el puesto.
-(El joven está en cuatro, apoyando los brazos y las rodillas en el suelo y con la cara roja, como si de sus ojos quisieran salir lágrimas y las estuviera conteniendo. El productor grita: ¡que pase el Siguiente! El joven se para y sin mirarlo abre la puerta de la oficina. Sale. Afuera, entre la luminosidad blanca de los pasillos del canal, lo espera su novia, una chica morena con vestido azul. Se toman de la mano mientras ven ingresar a la oficina a otro postulante. Se alejan, pero el joven alcanza a escuchar la voz del productor ejecutivo, que le habla al nuevo postulante: “Supongamos que Don Francisco se encierra en su oficina de los estudios Univisión de Miami, treinta minutos antes de salir al escenario”. El joven suelta la mano de su novia. En su rostro no hay expresión.)

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4 comentarios

  1. Daniel
    Posteado el 10/05/2009 a las 6:13 am | #

    Muy bueno el relato…Un vendaval, este tal Toro…

    Enhorabuena!!

  2. pia
    Posteado el 16/05/2009 a las 1:12 pm | #

    que risa, notable!

  3. Sebastian F
    Posteado el 05/10/2009 a las 1:17 am | #

    jajjaa, buenisimo, me he reido mucho

  4. Posteado el 04/11/2009 a las 4:32 pm | #

    Muy buena historia!! me gustó mucho el ritmo del cuento y las imagenes elegidas son tremendas!! no me sacaré de la cabeza en lo que queda de la tarde ni la imagen de Maluenda vestido de mujer ni la de un productor semidesnudo con un postulante desesperado… a don francisco ya me lo habia imaginado en esas jajaja
    Me llamó mucho la atención lo ultimo, a lo mejor porque en mis inicios enl a psicología coquetié con la selección de personal y más de una vez se me pasó por la cabeza un ejercicio tan radical para descartar o elegir a un candidato… jeje… que buena imagen, toro, que buena imagen

    saludos!

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  1. [...] de relatos del escritor chileno Pablo Toro, Hombres maravillosos y vulnerables. Hace algún tiempo lo leímos en 60watts y desde ese tiempo esperamos su debut. Por eso, nuestro buen amigo Diego Zúñiga (quien se [...]

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