Por Francisco Lertora
El caos en la novela
Francisco Lertora
Sin duda que uno de los más grandes temas de la novela en el siglo XX, y motor de lo que ahora se trabaja en el siglo XXI, es la idea del caos. El caos en la novela no parece tener relación alguna con los diferentes movimientos literarios que surgen a principios del siglo XX y son más bien exposiciones espontáneas e individuales de distintos escritores y en distintos países desatadas por una visión del mundo en común. No creo o no tengo la suficiente precisión como para afirmar que a modo underground ha existido un movimiento que podríamos bautizarlo como la “novela caótica”. Pero el caos no está presente en la forma que se construyen estas novelas, por lo demás cada una escrita con diferentes técnicas narrativas, sino que se encuentra en el sentimiento metafísico y, que a medida que avanza este nuevo siglo, se palpa ya en una radicalización concreta de los asuntos a tratar.
En el año 1931 Elías Canetti terminaba de escribir su novela “Auto de Fe”, pero no sólo sellaba una gran novela sino que también sellaba el inicio del caos en su más radical envergadura. La novela es una crítica directa a la filosofía kantiana imperante en las aulas germanas, es una novela que rompe los cánones de escritura que se conocían hasta esa época. El autor no repara en deliciosas imágenes, ni tampoco en diálogos chejovianos, sino que a través de una prosa delirante encierra al protagonista en el caos de una realidad deformada que abofetea una y otra vez al ser humano. Pero no es una asfixia kafkiana sino que el caos fluye de la relaciones sociales mismas en donde la inmolación final del protagonista quemándose junto a todos sus libros es la muestra más sensata de que en esta vida el ermitaño de bibliotecas no es un errante sino un errado en la vida.
En el año 1932, un año más tarde que Canetti concluyera su novela, se publica “Viaje al fin de la noche” de Céline. Cabe señalar que la obra de Canetti sólo sería publicada en el año 1935. Pero en estricto rigor, lo que aquí importa es que casi de manera simultanea se comienzan a crear otros espacios de creación novelística. En “Viaje al fin de la noche” nuevamente nos encontramos con un sentimiento latente, metafísico, de que la vida en suma es un caos, un trayecto indeclinable a la soledad dentro de una realidad social cada días más delirante. La novela no tiene gran desarrollo de personajes pero salta nuevamente a la vista la idea del antihéroe, ese que debe enfrentarse a toda esta realidad miserable y enrarecida. De aquí claramente se comienza a avizorar los cimientos de una nueva novela, es por esto el carácter fundacional que tiene “Viaje al fin de la noche”. Pero como estos verdaderos quiebres de estilo, o como quiera llamárseles, nacen de forma involuntaria y con la mayor espontaneidad, sin necesidad de manifiestos ni de arduas y acaloradas discusiones en cafés de capitales de importantes países, en Estados Unidos Williams Faulkner publicaba en el año 1930 su segunda novela, y sin duda el inicio de su increíble obra, “Mientras Agonizo”. El caos latente de esta novela y de la que la seguiría, “El sonido y la furia”, dejan claro que las letras han dado con el dedo en la yaga. De ahí en adelante la novela nunca volvería a ser la misma, y si bien es cierto que el aporte europeo es escaso, aunque resaltaría la obra de Buzatti (“El desierto de los tártaros”) y Lowry (“Bajo el volcán”), entre otros, la novela norteamericana va a desarrollar con gran maestría esta idea de caos social, sin duda impulsados por la brillante narrativa faulkneriana y por la deliciosa novela “Manhattan Transfer” de John Dos Passos. Ésta, hasta hoy en día, sigue imprimiendo a sus novelas de un caos latente y asfixiante. Así, escritores como John Kennedy Toole o Philip Roth hacen de este sentimiento el suyo en sus obras.
Pero dijimos en un principio que si bien esto partió como algo que palpitaba subyacente en la novela, en los últimos años los autores han radicalizado o más bien literalizado este caos. Y es sin duda en la figura de Roberto Bolaño en donde este motivo se hace patente. Así, en su novela “Los detectives Salvajes”, Bolaño simboliza esa búsqueda frustrada en la misteriosa figura de la poeta Tinajero, la cual es asesinada dando una fuerte impresión de filosofía heideggariana. De ahí en adelante los personajes, Belano y Ulises Lima, divagan en el caos que impone la realidad, al fin y al cabo, todo es un viaje al fin de la noche, un indeclinable devenir en el caos y la angustia cuando ya ni la fe puede dar motivos para salvarse, menos la poesía.
Últimamente, en el panorama actual de la narrativa, la novela ha expresado una fuerte tendencia a la reflexión contemplativa que hacen los protagonistas de éstas. Así, por ejemplo, Murakami en “Tokio Blues” nos deleita con imágenes que si bien rompen esa aceleración que había tomado el caos y su trayecto agónico de manos de un antihéroes, creo que aún sigue siendo la contemplación disipada del mismo caos que quizás ya aburrido de sumergir a sus muchachos en la lucha, ahora los colocan en las azoteas mientras todo arde en un mundo inentendible, tan inentendible como el de Peter Kien en “Auto de Fe” que ardió en su fuego quizás el mismo que ahora arde en algún lugar de Tokio.

8 comentarios
“Tinajero, la cual es asesinada dando una fuerte impresión de filosofía heideggariana”.
Por favor, explicar eso…no lo entiendo
Heidegger reflexionó acerca del lugar que tiene el tiempo en el ser y criticó la externalidad del tiempo en el ser. El ser no es un ente quieto porque la temporalidad es inherente al ser. Entonces el tiempo ocurre en el ser y no el ser en el tiempo. Ahora bien, a mi entender, la temporalidad de Heidegger es una temporalidad abstracta porque lo que señala es el dejar de ser. Heidegger no colocó el tiempo en el ser como evidencia del sujeto, no lo subjetivizó, sino que simplemente lo puso como evidencia de la temporalidad. No habiendo drama subjetivo de que el sujeto deje de ser, creó la posibilidad de la muerte en el ser, no la muerte, sino sólo la posibilidad. Este ánimo depresivo llega a la síntesis de que por mucho que se llegue a ser, se va a dejar de ser. En Heidegger la felicidad es una mera ilusión y apenas la dejamos estamos abocados a la muerte. En Los detectives salvajes la felicidad de encontrar a Cesarea Tinajero es una ilusión y cuando esta es asesinada, Belano y Ulises Lima quedan entregados a vagar por el caos y totalmente abocados a la muerte.
Volviendo a Heidegger, hay que tener en cuenta que el sujeto de Heidegger es un “ser en el mundo”, y que su visión es comletamente pesimista. Si bien Heidegger siempre rechazó que se le catalogara como existencialista, se encuentra latente la idea de que el hombre fue arrojado a este mundo, obligado a una existencia impuesta por un Dios que olvidó su obra, y es por este mundo que el ser humano vaga esperando la muerte. Esto último es muy similar a lo que plantea Bolaño en la segunda parte de Los detectives salvaje y que se desencadena tras la muerte de Cesarea Tinajero.
Espero haber podido responder tu inquietud
no entendí mucho, pero me gusta eso de Cesarea tinajero como la idea de la felicidad, que es ilusión…
creo que necesito leerme alguna especie de “Heidegger for dummies”.
Me imaginé esto http://www.youtube.com/watch?v=OpIYz8tfGjY pero con Heidegger.
Paula: busca en youtube unos documentales de la bbc que se llaman “human, all too human”. Son biografías de grandes filósofos acompañadas con explicaciones súper sencillas acerca de su pensamiento.
Son solo historias… ¡Seréis pedantes!
La muerte de Cesarea Tinajero viene a ser la muerte del mito latinoamericano, el inicio de una escritura universal, el constante devenri y el entender al sujeto desde el “movimiento”, tal cual Bolaño lo hizo en vida.
Heidegger por aquí, Heidegger por allá…me quedo con Hegel y la subjetividad completa, donde el tiempo y el espacio no son categortías a priori como en Kant, sino más bien puestas por el sujeto, como toda la historia humana.
Pero ante todo…la gorda mujer muerte de una bala es también la muerte de un continente que no puede seguir apelando a su derrota extrema para lograr una identidad subversiva.
Bienvenidos a la telaraña globalizada, ahí tenemos que buscar los poetas de este siglo las instancias de transformación radical.
Abrazos
Tinajero, la delgada y deseada poeta del tiempo de las revoluciones, es muerta en manos de sus admiradores, en el tiempo de las dictaduras, pero ahora era una gorda mujer muerta en vida.