Columna: Maletín Literario

Por Daniel Hidalgo

Maletín Literario

Daniel Hidalgo

19julio2008045En octubre de 2007 quedó la tendalada en la escena escritural/intelectual de nuestro país a raíz de la conformación del llamado Maletín Literario. Aquel proyecto que pretendía regalar mini bibliotecas a 133 mil familias de escasos recursos y que reunió para la selección de los libros que la conformarían a un jurado compuesto, entre otros, por Alberto Fuguet, Omar Lara y Elicura Chihuailaf, en una fase I, y a una guerra editorial por la concesión en su fase II. Las polémicas estallaron de inmediato y recuerdo a mucha gente preocupada del tema a través de blogs, medios, pelambres de bar, pero poco diálogo entre los especialistas en educación. El 2008 se volvió a conformar un jurado con el mismo fin, pasó mucho más piola. Ese año, además, se entregaron los maletines y como el profe de lenguaje me tocó hacerme parte de la pelotera.

untitled11La historia me recuerda a The Dawn of Man, la escena de los monos que abre 2001 A space odyssey. Estamos en la cocina/comedor en donde los profesores tomamos nuestro desayuno y hablamos mal de nuestros alumnos y supervisores. Al terminar, nos dirigimos a la sala de profesores para recoger nuestros bolsos y resignarnos a realizar algo parecido a una clase. En el camino, sobre un mesón fuera de la oficina del director, observamos tres cajitas de cartón casi como las de McDonald’s salvo que más grandes y en su interior, en lugar de juguetes corporativos, hay libros. Los profesores quedamos sorprendidos y nos aglutinamos a su alrededor, sólo observamos y murmuramos sorprendidos. Uno con menos prejuicios que el resto, o mayor descaro, se anima a tomar un ejemplar y comienza a (h)ojearlo, el resto lo imita tímidamente. Se nos acerca la secretaria del establecimiento y nos dice “¡Ah! Llegaron esas cosas”.

random_09Al terminar el periodo decidí partir donde el jefe de Unidad Técnica Pedagógica para preguntarle qué haríamos con los maletines literarios que habían llegado. “Ah, bueno, tú eres el jefe de departamento de lenguaje, hazte cargo tú de ellos” me dice. Partí feliz a buscarlos a las afueras de la oficina del director. En realidad, ni siquiera estaba informado de que se podían repartir a través de los liceos, pero pensaba que era una idea genial, de hecho ya tenía los tres candidatos para obsequiarles la posibilidad de montar una biblioteca familiar. Al llegar al lugar los maletines ya no figuraban por parte alguna. Pregunté a la secretaria y no tenía idea. Fui a la sala de profesores y ahí sí que estaban los tres maletines sobre una mesa. Los colegas se encontraban repartidos a lo largo de la habitación revisando, en su mayoría, “La Cocina Pupular Chilena”, otros las enciclopedias, los comics de Mampato y los menos los libros. Esperé paciente que se aburrieran pero nada. Seguían revisando una y otra vez, doblando sus páginas como si se tratara de suplementos de diario.
Al siguiente recreo, me apresuré para llegar a la sala de profesores antes que el resto. Ni siquiera habían diez libros en cada maletín. Los tomé rápidamente y los guardé en mi estante bajo llaves. Luego, la profesora de matemáticas se despidió y noté que se llevaba el libro de cocina, el profesor de historia hizo lo mismo con la enciclopedia y así, cada profesor se llevó su libro favorito. Estaba indignado. De hecho, al otro día, hablé con cada curso acerca de lo que había sucedido. ¡Era su derecho de estudiantes luchar por recuperar esos libros que les pertenecían! Ningún alumno pareció preocuparse. El Centro de Alumnos fingió malestar para tranquilizarme pero tampoco les pareció importante llevar a cabo acción alguna. Durante el día, se me acercó la bibliotecaria, una anciana prehistórica, gordita, pero muy cuerda y decente a la hora de entablar una conversación. “Los maletines me pertenecen, profesor, sé que ud. los tiene” me dijo. “Son para los niños” le respondí. “No, profesor Daniel, los trajo la Dibam, la biblioteca del liceo se encargará de ellos”. Le expliqué que había sido yo quien los rescató de las garras de mis colegas y que al menos me dejara a mí la decisión de a quién regalarlos. Ella me miró como si estuviera loco. Jamás se le había cruzado por la cabeza regalarlos, era como tirarlos a la basura. Los libros debían quedarse como material de la biblioteca. Me salvó la campana –literalmente- y partí a hacer mi clase.

maletines1Al receso partí a la sala de profesores sólo para percatarme de que mi estante había sido saqueado. Ya no quedaban maletines por ninguna parte. Nunca más volví a ver uno, ni nunca se volvió a mencionar palabra alguna al respecto.
El Maletín Literario no es un objeto de fomento a la lectura, sino de acceso al libro. Ambas aristas son interdependientes. No por tener libros en casa se va a leer, así como tampoco se leerá si no se tienen libros realmente cerca. Las bibliotecas públicas como las de los liceos y escuelas en su gran mayoría apestan. No tienen buen material, ni en buen estado, tramitan, impiden, reglamentan y sancionan, alejando a las personas del libro. El primer paso deberá ser que los niños en las escuelas y liceos les pierdan el terror, que se acostumbren a verlos, y que el libro deje de ser un monolito rectangular perfecto en medio de una tierra de homínidos.

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5 comentarios

  1. slehuede
    Posteado el 11/06/2009 a las 11:58 pm | #

    ctm excelente crónica!

  2. Posteado el 13/06/2009 a las 8:56 pm | #

    I cant believe it!
    yo se de la existencia de dichos maletines… de hecho, una amiga mia que tiene un niño de riesgo de “ahijado” vio ese maletin con libros en la casa de uno de ellos, estaba de mueble para una planta con todos los libros adentro perfectamente sellados…
    o sea, todo todo maL!

  3. Posteado el 14/06/2009 a las 10:05 pm | #

    100% de acuerdo… yo se quien se llevo el de cocina pupular.

  4. Guido
    Posteado el 15/06/2009 a las 1:55 pm | #

    Me parece que uno de los conflictos más severos de este proyecto, es que se trata de maletines, es decir, que la literatura ingresa a las viviendas no para asentarse (biblioteca) sino de manera rotativa (como plantea Justo Mellado). No se esta estimulando a desarrollar una cultura de lectura, sino a entregar (con toda la parafernalia, los malos títulos y la pelea de las editoriales), acceso a bienes culturales que son y serán perecederos. Al parecer el Estado asistencialista no prefiere otra cosa.

    saludos

  5. Oscar
    Posteado el 21/06/2009 a las 3:11 pm | #

    Cuando nos regalan todos lo queremos pero cuando debemos comprar un libro nos cuesta, sobre todos a los profesores.
    Ojala este articulo fuera publicado en algun medio y señalado los profesores que robaron y saquearon el armario.
    Excelente articulo.Del maletin hay mucho que hablar y debatir.No sabia hasta hoy de estos hecho, pero lo sospechaba.
    Como sera cuando llegan a la municipalidad?

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