Creación: Poesía

Por Juan Manuel Silva

Paso Los Libertadores

Por Juan Manuel Silva

Imagino que muchos hemos querido decir la nieve
El nido del cóndor, la flor que cayendo se equilibra
Entre los aguzados precipicios de la más alta roca
Dibujar el frío que paraliza la mano cuando esta
Intenta capturar la pureza metálica del agua
Perseguir el sonido de esos ríos que a veces
Acaban vueltos cascada al comenzar la primavera

Pero cuesta decir aquello que a tanta distancia está
Aquello cubierto de tanta limpieza y palabra
Porque digamos que por décadas chilenos, argentinos
Brasileños, peruanos y orientales han cubierto de escritura la innúmera cordillera
Y no como los poetas intentaron, o políticos infames
Sino que como lo haría un niño, un idiota, un pololo
Dejando sus insignificantes iniciales, su pueblo, los nombres patoteros
Entre coro de otras menores manifestaciones
Impresas en la impunidad del arriero y la hormiga
En ese silencio que silba cuando el aire hincha el pecho
Esa canción vacía que nos hace sonar como debiera sonar la vida sola
Recordándome porqué mi madre se obstinaba en las fotografías
Los recuerdos, o bien los incesantes triunfos del olvido
Quizás si fuera una muralla, una colosal maravilla de la bélica inteligencia
El fétido europeo no miraría con desdén la incivil escritura
Probablemente creería en la voluntad cultural de un pueblo
Su registro, su historia, su lugar en el mundo.
Así también si como borregos a llorar nos viéramos conducidos
Por los pecados que sólo a una Capitanía General cupiese
En honra combativa, y cristiana compasión, penuria, santa semana
Santa también podría ser esta columna vertebral de piedra y arena
La misma que aún guarda las pisadas del Libertador Ejército de los Andes
Los gigantes dormidos que la imaginación prefigura
Y la historia de una familia cualquiera que acaba creyendo
En que tal lugar es más sagrado que la Iglesia, la necrópolis o la doméstica morada
Que ahí debieran descansar, entre Chile y Argentina
Entre la harina que ha quedado de tanto antepasado muerto
Huyendo de las Guerras Carlistas, la pobreza, la razzia
La raza de mierda que cargaron en sus huevos
Ríos adentro, como si pudieran retrocederlos en su clepsídrica agua
Como Sarmiento viendo una Mesopotamia en el medio de la pampa
Porque mi padre me dijo que huyera de Argentina
Que a la civilización volviera, a la República
Cuando yo creía, como el Griego, ver en el guerrero la cosa más civil
La moral más recta, el grande amor de la sangre
Me trajeron a un país de maricas, donde las masculinas barrigas son mal miradas
Donde nadie puede decir algo en voz alta
Y donde todos estos maricones hijos de maricones mayores
Desprecian como si se tratara de impuros animales
A los excelsos peruanos, bolivianos y ecuatorianos.
Los desprecian, cuando debieran amarlos con más furor que a la cordillera
Pues somos una gran cadena humana de seres con piel estercolada
Radicalmente inútiles, ladinos e ignorantes
Como los mugrientos y vulgares ministros de educación
Que se rascan el Pablo Oyarzún, el Fidel Oyarzo cuando la cámara deja de filmarlos
Para volverse y acomodar en la muralla el título de doctor
Obtenido en alguna fraudulenta universidad norteamericana
Un país en el cual se burlan de la mujer extranjera, en vez de admirarla
Un país en el que perdí ocho años de mi vida estudiando mi destino
La lengua castellana, para terminar trabajando para ignaros sicólogos
Brutos y simiescos ingenieros, e histéricas aspirantes a esposas
Mostrando a diario sus gigantes tetas y traseros con las marcas de la boca
De algún impotente empresario, que la llenará de niños rubios
Es el país que me ha empleado para medir la evolución de sus niños
Bajo risibles dispositivos, manejados por tonis más tarados que el Caluga
Intentando hacerle creer a los brutos padres que a diario se levantan
Creyendo en una vida menos bruta, menos ignorante y animal para sus hijos
Que sus pequeñas bestiecillas verán en veintisiete letras la dimensión del universo
Me apena también, haber sido uno de ellos
Aunque el dolor de darse cuenta que hay niños que no conocen el Océano Pacífico
Creen que hay delfines en los lagos de nuestro país
O sienten que lo más justo para ellos es no tener tiempo libre
Y así trabajar lo suficiente para romper “el círculo de la pobreza”
Acaba por hundirme en la necesidad de que toda esta femenil caterva de homínidos
De una vez por todas trabaje
Que todo el onanista gremio de profesores y poetas
Levante la mercuria argolla de la cómoda silla
Para que cuando un joven peregrino, como lo fuera yo
Cuando trabajaba con mi padre en la caja de una botillería
No sienta vergüenza de leer a Tito Lucrecio Caro, cuando entra un poeta
Menor, y le pregunta
¿Qué cosa es esa que lees?
Como diciendo, ¿adónde quieres llegar?
¿Acaso más lejos de estos billetes que en el fondo dibujan tu Gleba, siervo?
Porque habría que conocer quién le ofreció chauchas a tu padre
Quién venció a tu abuelo con el violento licor sangrara a tu abuela
Cómo compraron la mudez de tanta generación mancillada
Cómo tanto hijo quieto en su pupitre esperando al maestro
Venir con la varilla a reventarle las manos por haber nacido
Como el patrón el culo a esa vieja de mierda, madre de tus mayores
Porque deberíamos saber la razón de esta miseria
Este avergonzarnos por nuestros apellidos y nombres
Por decir la calle en la que nacimos y quienes jugaron con nosotros
Cuando no teníamos la bruta ensoñación del oro, la viciosa comodidad
Deberíamos poder decirle a ese joven poeta
Métete el lápiz por la raja y anda a escribirle cagadas a tu abuela
Porque la mía sólo pudo usarlos para afirmar su cabello
Y marcar la tela que esas viejas potijuntas le traían
Para coserles vestidos, manteles y cortinas.
Lápices que debieran marcar los bellos rostros europeos
Sus catedrales y limpias avenidas
Carboncillos tiznando la alba probidad de sus efigies
Agujereándolos como las fichas de las supercomputadoras IBM
A mano alzada dibujar códigos de barra en sus espaldas y banderas
Y no tan sólo los mostachos a las frígidas del oil on canvas
O acrylic
Tomar los guijarros, piedritas, cascotes y camotes que suelta
La telúrica fanfarria que cada cierto tiempo nos aclara nuestro domus
Y arrimarnos los que entramos a duras penas a la galería
Correr todos juntos a la orilla del atlántico sin tanto depart
A tirarles piedrazos transoceánicos, como han hecho fruitivamente
Los norteamericanos escribiendo pullas en sus tomahawks
En la de hidrógeno y quizás en los tubos de NAPALM
Mandarles todas las letras grabadas en los bajos roqueríos
Los nombres descompuestos de los jóvenes que viajaron
Y siguen haciéndolo durante la canícula
Quienes quisieron devolverse etimológicamente a la tierra patronímica
Que digna por su ausencia, les impidió el retorno
Cuando los bancos reducían las monedas como si quisieran esconderlas
Bajo la astronómica densidad mineral que Domeyko rastreara en los albores de la patria]
Digno este pedazo de tierra escrita que nunca negó el hospicio al peregrino
Digno el cóndor que dibuja el infinito descendiendo de la alta montaña
Al ver cómo un arriero deja cuidadosamente algo en una animal calavera
Un pedazo de carne mustia y trena canción sin sosiego
Que vibra en la frecuencia del frío hipermontano
Tiembla cuerda en medio solo soledad tres rocas apiladas
Que tres más secundarán a un par de kilómetros
Y dicen letra, trazo humano una definición del rostro sangre
De quienes cavaron el túnel conector entre Chile y Argentina
Rostro sin nombre más que un nombre parecido habrá o hubo
En las trémolas manos infringiendo la ley del hombre
Mas no la del Redentor que descansa en alto límite
Familia Silva Barandica, ahí quiero yacer entre flores
Amarillas de cruel hoja velluda, más allá del SAG
De fronterizos y montados, ahí
Donde alguien puso mi nombre y tu nombre, hermano
Que cruzaste la cordillera a lomo de mulo y rocín
Que rompiste la roca y tendiste el acero del tren
Junto al astroso camionero y el armadillo quiero descansar
Volviendo alguna vez, cansado
A escribir el nombre de alguien que aún no nace
Una ciudad dormida en la imaginación de un niño
Un arroyo, un estero, un nombre
El lugar donde nacerá la nuestra descendencia
Tomando la escritura que yace en la montaña
Para hablar en esa lengua madre que yace en silencio
Bajo las fronteras, los países, el reino del Cóndor
La salina extensión de la injusticia y la muerte.

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2 comentarios

  1. Posteado el 11/06/2009 a las 11:04 am | #

    mucho más bonita la foto del poet que la poesía

    juan manuel silva

    la poesía eres tú

  2. Denisse
    Posteado el 19/06/2009 a las 2:35 pm | #

    x2

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