Crítica: Bagual

Por Nicolás Cornejo

Bagual o la espeluznante melodía del desierto

Por Nicolás Cornejo

bagual-2Como sucede en algunas películas: tan de verdad que espanta y tan imaginaria que sosiega. La novela Bagual, del escritor Felipe Becerra, es una composición musical que atraviesa de principio a fin la sequedad del norte de Chile, donde sus melodías y voces cantan una historia sincera mientras la orquesta que suena de fondo articula un silencio que se cobija en el pavor del desierto, lugar donde se desperdiga el argumento con apariciones y desapariciones. Tal vez porque es el silencio el que más revela el horror. O porque ahí se funda el peladero de la locura. No lo sé, pero vamos por parte.

La situación inicial es simple: Sucede en los 80. Carlos Molina es un teniente en servicio de carabineros de Chile que es trasladado junto a su mujer, Rocío, a un retén en la comuna de Huara ubicado al costado de la Ruta Altiplánica de Integración, la cual tiene como objetivo fortalecer el lazo entre los pueblos andinos nacionales, de Bolivia y Perú. Ahí, Carlos trabaja en el primer turno, desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, donde precisa registrar todo lo que sucede durante esas horas en el libro de guardia. Por otro lado, Rocío pasa el tiempo en madejas de ensoñaciones que la confrontan con su pasado y que a través de una voz onírica –representada por una caravana de niños– comienza a tejer el destino de esta historia. Tráficos, tortura y terror. En pleno desierto, Carlos y Rocío desnudan el miedo que habita en ellos; el terror que pueden provocarse el uno con el otro en una comunión solitaria que avanza por una senda plagada de recovecos e incertidumbre.

n815634392_1024389_6678Pero Bagual no sólo narra esta historia. Sus lecturas pueden ser múltiples y eso se agradece. La claridad y libertad con que Felipe Becerra construye el relato permite que el lector reflexione más allá de la mera anécdota, lo cual desarma cualquier principio de escritura plana, lisa en convenciones y monotonía autorial. El montaje de su escritura denota un trabajo punzante sobre una identidad nacional que parece estar secuestrada, atada a un pasado dictatorial y de excesiva violencia. Y es que lo desarrolla en distintos niveles. Por ejemplo, la imagen del teniente Molina en un retén en pleno desierto escribiendo en su libro de guardia (una bitácora institucional): “09:17 Hrs. Se presenta Pedro Chuaqui Salinas, sesenta y cuatro años, cesante, camino Chusmisa (sin número), Rut…, denunciando la desaparición de tres gallinas ponedoras, posiblemente sustraídas por su vecino Zapata” (17). Más adelante: “14:22 Hrs. Yo Carlos Adrián Molina González, veinticinco años, teniente de carabineros de Chile en servicio, callejón Riquelme nº 2, Rut…, acabo de almorzar lentejas con mote” (25). Pero a medida que pasan los días el libro de guardia parece transformase en un libro personal: “15:51 Hrs. Me había propuesto no anotar nada hoy. El fin de semana me llevé el libro a la casa y anoté todo lo que pasaba mientras le enseñaba a conducir a mi mujer. Y cuando digo todo, es todo. De verdad que no doy más. Este libro de guardia se me está yendo de las manos. Debo admitir que en ocasiones siento una frustración enorme. Todas las cosas que se me escapan, todas las cosas que olvido y que se pierden para siempre, me ahogan, pesan como piedras en mi cabeza. He llegado a desesperarme por no escribir tan rápido como quisiera y dejar registrado cada momento. Por eso hoy había determinado que no escribiría nada de nada. Pero no pude. Fue culpa de esa mancha negra que se apareció allá en la línea del horizonte, justo entre el polvo y el cielo” (33). Sin mayores pretensiones ni construcciones metaliterarias, el autor propone la obsesiva necesidad de escribir, el registro notarial de una labor institucional desde el margen, o si se quiere, desde el potrero de la locura.

n815634392_727697_4548-2Asimismo, la angustia va creciendo y Rocío la vive desde el concho del silencio. Siempre nos enteramos de ella por otras voces y su ausencia espanta más que sus muecas de yeso. Sigue a los perros, los baguales. Un puñado de niños, una mancha de pequeñas voces se proponen cantar esta historia, la de su mamá Rocío, como si se tratara de un ajuste de cuentas, lo cual toma mayor sentido a medida que avanzan en su propósito: “No podemos seguir así. Los amigos quieren escuchar. No te hará daño que les confesemos lo que te pasó. Y a nosotros nos va hacer muy bien. Vas a ver, mami, ya no vamos a llorar más, ya no vamos a rasguñarte por las noches ni vamos a machacar tu cabeza como queriendo que te abras de par en par” (11). Y es en este plano donde la escritura de Felipe Becerra se entromete por bosques ocultos, donde el lenguaje se superpone de manera casi sobrenatural a situaciones verosímiles. Si bien Bagual utiliza la incertidumbre como un espacio común en sus modos narrativos, su lenguaje se pasea con certeza sobre episodios ocurridos en el norte de Chile durante la dictadura militar. Algunos dirán que sus fuentes son lejanas o que se trata de una alegoría. Creerán que el discurso político se esconde en su estética de modos. O supondrán que sus guiños son construcciones delirantes sobre una historia contada. Da lo mismo. El imaginario poético que componen estas voces es de una agilidad voraz y el delirio puja desde una plataforma devastada que es la realidad. Sus personajes intencionan un sentido de vida que se derrumba a medida que pasan los días, y en ellos sólo va quedando la automatización de la soledad. Resulta escalofriante. Pero extrañamente se transforma en música, en una melodía que uno comienza a repetir una vez que cierra el libro, con el impulso que sólo puede tener una escritura inspiradora e inquietante, que no desmorona frente a la mínima esperanza de transitar por pasajes oscuros y aterradores.

  • Share/Bookmark

También te puede interesar:

  1. Crítica: Diagonales ...
  2. Crítica: Diario de las especies ...

10 comentarios

  1. anto.
    Posteado el 12/06/2009 a las 12:20 pm | #

    mmm. se ve interesante, aunque el tema de dictadura a veces aburre.
    donde se puede conseguir?
    a.

  2. Diego
    Posteado el 12/06/2009 a las 12:56 pm | #

    El libro se puede conseguir en la librería Metales Pesados.

    saludos!

  3. Eduardo
    Posteado el 29/06/2009 a las 9:49 am | #

    Mala, mala, mala. Quiere escribir como Bolaño y sólo le alcanza para escribir como Diamela. Aunque ni una ni otro fueron alguna vez tan verseros. Ni cuando Bolaño era Belano. Ni cuando Diamela era la mina exquisita de las performances. (Mijita rica, dicho sea de paso).
    Mal, Becerra. Bagual es “el tipo de novela que Hector Hernández habría aceptado escribir”.

  4. Posteado el 29/06/2009 a las 4:29 pm | #

    Terminé de leerla ayer, y es buena, y no creo que quiera escribir como Bolaño

  5. Denisse Valdenegro
    Posteado el 02/07/2009 a las 8:35 pm | #

    Voy en la 93.
    Me ha gustado bastante.

    Lo saqué de la Biblioteca de Santiago y venía con un mensaje muy parecido al de “Eduardo” en la primera página.

    Escaneo y envío.

  6. Eduardo
    Posteado el 05/07/2009 a las 12:39 am | #

    ¡Desenmarcaremos a Eduardo!
    ¿Por qué pones mi nombre entre comillas?
    ¿Te gustaría que te llamaran así, “Denisse”?
    Me llamo Eduardo Aguirraga y mi mail es eaguirraga@gmail.com

    Compré Bagual y me arrepentí mucho, realmente. Eso es todo, “Denisse”.

  7. Posteado el 05/07/2009 a las 5:55 pm | #
  8. Juan Ignacio Ramírez
    Posteado el 07/07/2009 a las 4:28 am | #

    OTRO BOLAÑITO QUE SE CREE MALO! Notable.

  9. elias
    Posteado el 13/07/2009 a las 2:58 pm | #

    A mi me parece que es una novela bastante sórdida, y que claramente no es una novela de la dictadura, al menos no como tema, eso la hace bien inquietante, pues “el temita ese” circula como en los almuerzos familiares, espesando el ambiente.

    En relación con la novela, y a la hora de desentrañar el espeso ambiente del desierto amarillo, es interesante mirar la figura del doctor Tormento, basada en un sicotico siquico real que además de colaborar con los uniformados tenía un programa radial de esoterismos y metafísicas.

    Siguiendo con lo mismo, claramente alguien que busca novelas con principio-medio-y-fin y un heroe-que-aprende-y-crece-a-lo-largo-de-la-novela, esta cagado, porque no encontrará nada de eso.

    Es elogiar a Hernandez Montecinos relacionarlo escrituralmente con Bagual, pues estas 100 páginas escritas por Becerra, eclipsan sintéticamente todos los muchos mamotretos de HH.

    En relación al “diamelismo”, creo la escritura de Eltit constituye un modelo maravilloso para la novela joven chilena (si ellos así lo deciden), como también lo es Carlos Droguett, y los escritores gringos… a lo que voy: lo que escribe Becerra es mucho más que una atenta lectura -y por ende reescritura- de Bolaño.

    para terminar, (y como dice vico-c) “caminante no te preocupes cuando los perros te están ladrando, pues cuando ellos te ladran, es porque tú estas caminando”… y dice!

  10. Anónimo
    Posteado el 15/07/2009 a las 8:38 pm | #

    curioso q nadie haya menciona a reinaldo arenas, a quien becerra le debe mucho. en la novela (q compré y disfrute) no hay nada de bolaño y asociarla a el es una facilidad q demuestra que aqui no se lee nada mñas que a bolaño y sus secuaces. de paso, el mismo becerra confiesa lo “rulfiano” de bagual, q para bien o para mal me parece muy acertado

    alejandro

Escribe un comentario

Your email is never published nor shared.

Usa HTML tags y atributos como: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>