Por Carolina Zúñiga
El hombre que quería ser de la clase media
Por Carolina Zúñiga
No recuerdo cuándo dejó de aparecerse Roberto Bolaño en mis sueños. Probablemente cuando pisé el aeropuerto Arturo Merino Benítez, Roberto decidió desaparecer y dejarme sola en este país al que tanto quiso y tanto odió. Les cuento esto porque en uno de sus últimas apariciones, Roberto me dijo algo que recordé cuando terminé de leer “La deuda”, del Rafa Gumucio. Roberto me dijo que tenía que ser generosa con los chilenos, que la culpa era de otros, de los argentinos, de los peruanos, de los mexicanos, pero no de los chilenos. Me dijo que si me ponía a leer a narradores de mi país, probablemente me pondría a llorar, que no aguantaría la precariedad de ellos, la pobreza de su lenguaje, de sus ideas. Me dijo que lloraría como una niña, pero que debía resistir, que debía ser generosa con mis lecturas. En un momento Roberto me dijo eso: que tendría la posibilidad de leerlos a todos, de reseñarlos, y que ahí debía descargarme. Descargar el llanto, descargar la generosidad.
Desperté con esa palabra dándome vueltas todo el día en la cabeza. Y me puse a pensar en sus comentarios hacia la narrativa chilena contemporánea. Me acordé de sus buenas palabras para gente como Gonzalo Contreras, Roberto Brodsky y Jaime Collyer. Me acordé de ellos y de la palabra generosidad. Y ahora, que acabo de terminar la última novela del Rafa Gumucio, vuelvo a pensar en esa palabra.
Primero, creo que es importante dejar en claro algo: la novela no es tan mala como para que los críticos la hayan tratado tan mal. Se nota el resentimiento frente a la figura de Gumucio, y quiero decirlo porque yo también me he sentido a veces así: víctima del resentimiento absurdo de gente como los que han reseñado negativamente la novela del Rafa. Y me detengo en eso porque justamente “La deuda” intenta hablar de ese resentimiento, hacerse cargo de la clase media pero, por supuesto, lo hace de forma fallida, porque el Rafa, por más que quiera convencerse, no sabe lo que es la verdadera clase media. Y ahí está uno de los problemas importantes de la novela: quiere hacerse cargo de un tema que le queda grande, o que no entiende bien. Porque ni él ni yo sabemos lo que es ser de clase media, tener que andar 4 horas en micros, vivir en una casa chica y con antejardín, si es que se es generoso.
Nunca he entendido esa obsesión de Gumucio por querer parecer de clase media, por querer hablar de ese mundo cuando, en estricto rigor, no le pertenece, no lo conoce, no tiene idea de lo que significa. Aunque si somos generosos, de alguna forma ese cuestionamiento se plantea en “La deuda”, que se podría haber llamado fácilmente “La culpa”. Esa sensación de culpa por tener o no tener, recorre el texto, pero es una culpa absurda, una culpa que nunca logra tomar vuelo, porque no tiene fondo, no tiene argumentos de peso. Es una culpa que le gusta sentir al protagonista (y a Gumucio también) quién sabe por qué.
Pero no quiero seguir. Quiero ser generosa, quiero resaltar que Gumucio sigue teniendo una pluma casi siempre notable. Quiero decir que fui capaz de leer las más de 350 hojas por eso, por la escritura del Rafa, que es una de sus grandes cualidades. Y también quiero resaltar que si hubiera abandonado la novela antes de las 90 páginas, sólo estaría hablando maravillas de “La deuda” y les habría dicho que Bolaño tenía razón, que había futuro acá, que algo había. Pero seguí leyendo y toda mi tesis se desmoronó. Toda mi generosidad comenzó a verse nublada, porque el Rafa no entiende que un narrador omnisciente está obsoleto, y que para hacerlo funcionar hay que volver a ser Flaubert, y el Rafa, claramente, no es Flaubert. Quizá por momentos se parece a Balzac, pero no a Flaubert, entonces la novela se desmorona, el narrador se vuelve insoportable y sólo por momentos, cuando el narrador se confunde con la voz de Fernando Girón, toma vuelo. Y lo toma por algo súper racional: Gumucio escribe mejor en primera persona. Lea “Memorias prematuras” y se dará cuenta. Lea sus columnas. Lea a ese Gumucio y entenderá que ahí se le nota su amor por el olvidado Saul Bellow. Pero acá en “La deuda” no se le nota nada ni nadie. No está Chejov, no está Onetti, no está la poesía, no hay nada. Sólo están las ganas de escribir una novela sobre el periodo de la Concertación, y sabemos que con las ganas no basta.
No quise contar de qué trata la novela, porque para eso, mi estimado lector y lectora, vayan a revisar las críticas fomes de Gandolfo, Pinto, Espinosa y Vial. Pero de todas formas me quiero quedar con un detalle: la novela, al comienzo, señala que está basada en 2 hechos reales. Uno es la estafa que hizo un contador a diversas personalidades del jet set nacional. Lo otro tiene que ver con al caso de corrupción MOP-GATE. Pero quiero volver a lo del estafador, porque yo lo conocí cuando aún trabajaba en Mekano. Sé que lo vi muchas veces pasearse y ofrecernos sus servicios, muy silencioso él, muy caballero se acercaba a mí y conversamos algunas veces. Me preguntaba, insistentemente, por qué dejaba que el picante del Andrés Baile se riera de mi durante todo el programa, y yo le decía que eran las reglas del juego, que estaba bien, que eso daba sintonía. Pero a él eso le indignaba, él me decía que el Baile y Viñuela iban a terminar mal, muy mal, y que algún día se arrepentirían.
Sé que cuando dijo eso decidí alejarme, porque era cierto que yo estaba cansada del tarado de Viñuela y del picante de Baile, pero no quería que les fuera mal. Por lo menos ahí no. Después, cuando pasó el impasse Bolaño sí, ahí quería que todos se murieran, pero después me fui y se me pasó la rabia. Después descubrí las novelas de Roberto, y seguí sus consejos, leí a Arquíloco, a Alan Pauls y a Wilcock. Leí a sus amigos y mi vida cambió, y volví para defenderlo, pero la Paty ya se había adueñado de su obra, ya se había vuelto la vocera y yo, una provinciana y periodista de televisión, no podía hacerle peso, así que preferí callarme, hasta que me hicieron esa entrevista y me sentí liberada, me sentí escuchada, pero igual no repercutió porque nadie leía el blog del niñito ese, pero da lo mismo. Lo que importa es que yo conocí al contador y lo que quiero decir es que Gumucio tomó una mala decisión, una pésima decisión. Porque Gumucio no entendió que debió meter la cabeza en la oscuridad, como decía Roberto, no, Gumucio fue cómodo y se buscó un protagonista artista, para aprovechar de hablar sobre la creación, pero lo que debió hacer Gumucio fue meterse en el mundo del contador, meterse en la tele, contar eso, eso que todos sabemos, pero sobre lo que nadie escribe: los animadores jalando antes de los programas, los directores acostándose con las niñitas a cambio de aparecer en pantalla, los abortos, los abandonos. La realidad, esa que tan bien sabe retratar el Rafa, pero que esta vez evitó, por flojera, por comodidad, por seguir sentado en su sillón burgués en la Diego Portales.
Si Gumucio se hubiera atrevido a meter la cabeza en ese mundo, de otra cosa estaríamos hablando. Y lo peor es que él está conciente de eso: “Yo tengo un problema para contar historias, me he salvado hasta ahora porque en los documentales está la verdad que guía. Las cosas ya pasaron, yo las cuento y no tengo que convencer a nadie de nada. Aquí, en cambio, tengo que inventar todo, cada pieza, aquí tengo que seducir, tienen que confiar en mí, tengo que jugar a que la verdad existe aunque sea mentira, aunque todos sepamos que es mentira. Ese ha sido siempre mi problema, no sé mentir”.
El que habla es Fernando Girón, pero podría ser el Rafa Gumucio. Y ahí está el problema. Y quizás le haría bien algo que dijo un chiquillo hace unos días en La Tercera: lo que hace le hace falta a Gumucio es que lo rapten y se lo lleven a una población. Porque si eso ocurriera, de otra cosa estaríamos hablando, y Roberto, probablemente, tendría razón: la culpa no es de ellos, la culpa de es los argentinos, de los peruanos, de los mexicanos, pero no de los chilenos.

32 comentarios
EL REgreso de carola es notable.
Señorita Zuñiga
Me es imposible juzgar la novela de Gumucio, porque no sinceramente no la leeré (es muy corta la vida para leerlo todo). Leeré sus columnas pero prefiero leer clásicos. De hecho prefiero ver películas a leer, e incluso a veces ver tele a ver películas. De todas formas es aburrido hablar de Gumucio si no es para comentar sus sketchs de Plan Z.
De Bolaño antes de su muerte solamente había leído “Una Novelita Lumpen”. Luego de que una bella periodista modelo lo confundió con el Chavo del Ocho (que le va mejor en Chile que en Mexico, y rato huele a muerto) le tomé el peso que tenía como escritor contemporaneo. Mas, luego en el Clinic de esa semana apareció un chiste sobre toda la manga de periodistas, animadores, opinólogos y bufones de la TV que se ríeron de aquella vergonzosa situación cuando si no hubiese sido por aquel chascarro jamás hubiesen sabido quien era Bolaño.
Mas, agrego, si hubiese sido el Chavo del Ocho el muerto seguro esos mismos payazos hubiesen llorado por la muerte de uno de los suyos.
Pero lo mejor se viene ahora. Los intelectuales aburguesados sedientos de demostrar sus conocimientos literarios destruirán tu columna. Dirán que te iba mejor haciendo chascarros en la tele. Dirán que pasar de ser tonta en bikini a una crítica de libros es tan freak como ver a Barticioto cantar (la metáfora es burda es cierto). Pero son las “reglas del juego” como soportar a Viñuela o a Baile. Ahora no serán payazos los que se burlarán de ti (solamente lo parecen). Y lo harán no porque escribas mal o bien(el mal antes del bien). Eso da lo mismo, pues es dificil disernir en un pueblito como este quien escribe mal o bien cuando todos se putean dependiendo de quien es su amigo. Realmente lo que detestan de ti que es tu ya eres parte del imaginario Bolaño en este país y ellos sencillamente no. Lo único que te aconsejaría es que no te cuelgues a su figura pues finalmente caerás en ese montoncillo detestable y se te desarrollarán colmillos con una infatigable sed de sangre (¿una puta asesina acaso?).
a mí me cae bien gumucio. no por lo que escribe ni por lo que dice. sino por cómo lo dice. me parecen atractivos sus balbuceos.
gumucio en la radio es pa cagarse de la risa
Querida cejona:
Me parece super emulsionada y aeróbica su manera de escribir.
Es un verdadero respiro.
Debo eso sí hacer una precisión. El que quería hacer un homenaje vívido a los detectives salvajes raptando al currutaco este y poniéndolo en mitad de La Legua fue otro, y fue hace tiempazo, en una entrevista de Ernesto Gonzalez Barnert en letras.s5.
El señor Becerra así como otra gente, simplemente consideran que es una buena idea. Obvio. Es algo natural querer ver al megaopinólogo en un contexto que lo haga poner a prueba in situ su condición de cronista. Porque habla de todo sin cachar el tema: es experto en rock pero seguramento no ha escuchado un solo tema completo de deep purple o de elliot smith, capaz que no haya fumado ni marihuana el rockero; es experto en cine, energía nuclear, policiales y, cómo no, farándula.
Sería bueno entonces -ya que metió las manos en la alcancía del transantiago- verlo en una micro llena a la hora pick.
O que vea cómo viaja la gente. Piensa en tu madre en una micro llena, en los rostros exhaustos de los santiaguinos que no dan más. Piensa en los que de verdad ya no dan más.
Sus novelas no son otra cosa que una celebración del winner inserto, lo que a su vez son una manera de justificar sus metidas de manos a la alcancía en el transantiago entre otra cantidad grande de trabajitos bastante bien remunerados.
Bueno, felicitándola por este pitutito en la gran 60 watts, que tiene un agradable aroma a independencia y que he disfrutado completamente,
se despide
kurt coddou anwandter-undurraga,
mi màs cálida bienvenida a kurt coddou anwandter-undurraga, es decir German Carrasco, uno de los grandes de verdad, y no es ironía ¿ya?
Señoras, señores, demos la bienvenida a Germán Carrasco a su nueva casa. Nadie te censurará aquí, Germán, ni Carolina Zúñiga ni su hermano Diego. Y pusiste las cosas en su lugar: tú fuiste el autor de esa frase contra Gumucio. Que nadie lo dude: tú tienes ese mérito y nadie puede negártelo.
El otro día estaba leyendo el artículo sobre el red set y por ahí decía este currutaco que había una izquierda que sabía quién caería o quién no en un ajuste de cuentas y otra que no, otra que caía como moscas nomás Fuerte. Casi como para las clases de humor en la Portales, sobretodo si le agregas whisky, puros, ostras.
me duele caleta una muela. no alcancé a leer todos los posts. sólo quiero decir que si piñera dice que es de clase media, por qué no gumucio. que balbucea y debe tener olor a jabón en las axilas.
¿hay que SER de clase media para escribir sobre la clase media?
¿acaso borges no escribio sobre gauchos analfabetos y Bolaño sobre curas opus dei?
no señor, un escritor no necesita la experiencia in situ para legitimar su obra. Ahora, que la novela de Gumucio sea mala, es otra cosa
Jóvenes aún. Ver al noble Martín, entre tanto uniformado de pobre uniforme, como suele pasar en estos posts con los seudónimos, provoca en mí convulsiones semejantes a las que sufre el adicto a la pasta base cuando carece de ella. Ay!
No he leído nada, pues no puedo leer (valga consignar que soy un personaje), pero creo que tanto para inciviles como para civiles, lo representable cobra valor en tanto es (tampoco sé filosofía), a saber, quien quiera escribir puede hacerlo.
Cómo no?
La vida de un hombre puede resumirse en un momento; tal es el instante en el que él descubre su destino.
Mi destino era la traición. Quizás el suyo también lo sea. En muchos sentidos.
Buenísima la columna, me saco el sombrero y descubro mi calva cabeza aunque haga mucho frío. Sólo una precisión: mis reseñas serán fomes, pero no cuento los libros: ¡eso es de muy mal gusto!
rodrigo,
si escribes una crónica sobre energía nuclear, debes conocer el tema. o sobre rock o sobre cine o sobre cualquier cosa. gumucio ha escrito sobre todos los temas, sin conocerlos.
lo que conoce -entre asados de guatones de la clase política de este país- es quién va a volar de tal o cuál puesto, cosas de ese tipo.
si las novelas de una persona son de corte realista, si hay un afán de retrato, como en el caso de este currutaco, pues esntonces sí importa conocer el tema. no así en otro tipo de ficciones como las que mencionas.
el teje y maneje de la corrupción de la que él forma parte -sus choreos en el transantiago entre otras cosas- podría ser y es a veces su tema. de eso sabe, de corrupción, porque lo es. no se te ocurra que va a parar de gozar, ni con piñera siquiera.
bueno, mejor sigo traduciendo a mi amigazo Raworth y bajando música cool de internet,
kurt coddou anwandter undurraga
Calmémonos, niños. Es sólo el comentario a una novelita, no tneemos por qué ponernos agresivos ni empezar a insultar a diestra y siniestra.
En vez de eso podríamos comentar más sobre el libro, o sobre mi crítica.
Ok, soy egocéntrica, lo siento!
En eso creo que nos parecemos con el Rafa.
Ya estoy pensando en qué libro criticaré.
Hay opciones:
-el librito sobre pokemones que ninguna persona seria ha tomado en serio.
-el librito de cuentos del señor que le copia a raymond.
-el otro que le copia a “ejercicio de estilo” del otro raymond.
-o por último, uno que me interesa de sobre manera: no me sé el título pero reune textos que se expusieron en un seminario de crítica literaria que hizo la uc… paty espinosa, camilito marks, y otras personas…
Mis niños, bajemos las revoluciones y propónganme libritos.
Un beso para todos
Lo mejor que podría hacer 60 watts es darle una columna permanente a Germán Carrasco. ¡La necesita! ¡Lo haría bien! ¡Sería polémico! ¡Se sentiría importante! ¡Vamos, Diego, fíchalo!
Bueno, más que crítica, me pareció que esto es la crónica de una lectura… en el sentido de que CZ dejó hablar bien poco al texto y acabó utilizando este espacio para contar sucesos de su vida privada, en lo que vendría siendo cierta autojustificación de su ¿ausencia? En realidad, ni la conozco. Estaba en BS AS cuando murió Bolaño. Me contaron del chascarro. Ni me reí. Nunca vi Mekano. Parece que es hermana de Diego. En fin… me da igual. Y creo que si se trata de explicaciones privadas, no hay como una crítica fuerte que dé suficiente razón de inteligencia por sí misma.
No concuerdo con el comentario sobre el narrador omnisciente-Flaubert, etc… No concuerdo pues me parece muy pretencioso: es como estar poniendo un canon y además, ponderar un criterio propio, estético además, por sobre otros. Esto no tiene por qué ser así.
En fin, extrañé una profundización en lo de la burguesía, problemática en la que se pudo haber ahondado mucho más, vinculándolo con cierto estado de cosas, con cierta tontera muy frecuente ultimamente de parte no sólo de narradores sino también de personas comunes y corrientes. Extrañé haber ahondado en el meollo de este asunto. He leído algunos comentarios de Gumuccio y veo en él mucho facilismo, mucha adopción de fórmulas vacías que dicen poco, cierto miedo quizá a ahondar en las propias complejidades defendiéndose con los más manoseados discursos. Esto es cuento viejo.
Y sobre el comentario de Bolaño, habría que ver en qué contexto dijo eso y cómo lo vinculas con lo de la generosidad. Más que hablar de culpas, prefiero a veces hablar de silenciamientos. ¿qué es lo que silencia Gumuccio? ¿porqué lo hace? ¿qué tranca está escondiendo? ¿cómo se relaciona esto con nuestro estado de cosas? y finalmente ¿cómo se relaciona esto con la manera que tengo de enfrentarme al texto, asumiendo de partida un escaño por sobre él al hablar desde la generosidad?
saludos
y a seguir adelante
La verdadera Carola Zúñiga dice algo respecto de que se use su identidad e imagen a diestra y siniestra?
Tarea para LUN…
la crítica pope de 60 watts?
Que lastima y desperdicio de espacio.Si este personaje llamado Gumuccio no fuera de hijo de,primo de,sociode,amigo de,…..
Me dio lata leer esta pancarta….estabamos bien con los otros libros hasta ahora
Yo me preguntaría si Carola Zúñiga no tendrá alguna relación de sangre con Diego Zúñiga, el director de 60w.
Multicancha a la mesa de disección.
Y además, columna para Carrasco!
Notable nota,jaja.
considerando las circunstancias, la autoreferencialidad y los links del escrito, estaría bueno que subieran el video del famoso chascarro.
sería mucho más entretenido que la crítica
Y aquí me hallo, preguntándome quién es más bolsa de testículos. Si la carola, o el dieguito traicionero…
Hey, have you seen this news article?
New details about Michael Jackson’s Death Emerge
I was wondering if you were going to blog about this…
Que original, dice lo mismo que todos los otros criticos de manera más enrevesada y tonta si cabe.
Lo mismo que las otras críticas, niñitos jugando a ser grande como el clan infantil de Sabados Gigantes
Cómo se multiplica la identidad del turnio carrasco.
Y sobre la novela del corrupto ladrón del Rafa Prepucio, wacala, eso no mas.
Niñitos o viejitos, grande se nace, y eso Carrasco es el que mejor lo sabe.
Bien Carolina, te pasaste a todos por el ort…
creo que este es “el vale” para que todos los que te tratamos de estúpida, te paguemos aquella “Deuda”
Blogs
blog gebt