Por Alvy Singer
Semilla Espacial
Por Alvy Singer
Que JJ Abrams es uno de los creadores contemporáneos más hábiles y que mejor está sintonizando el presente es una obviedad: su larga carrera como creador de series de televisión le acredita como visionario y su habilidad para trabajar en equipo (es el creador-productor tras la sombra de Cloverfield) puede ser su mayor punto fuerte para desarrollar una obra extensa y de momento exitosa.
Como cineasta debutó con Misión Imposible 3, remake virtual del episodio piloto de Alias que rescataba todo el simulacra way of life que hizo de la serie de espías una clásico moderno, una catedral de ideas y le añadía unas imaginativas y lujosas set pieces rodadas con un ojo puesto entre Brian DePalma (ahí está la primere entrega de la saga) y James Cameron (autor de Mentiras Arriesgadas cuya persecución en la autopista Abrams relee en clave inmersiva).
Star Trek no es sólo una serie fundacional de la ciencia ficción televisiva, ni un clásico sideral de la época más pacifista del género: es el nacimiento masivo del fenómeno fanboy con sus trekkies (ahora bautizados trekkers) y uno de los casos más evidentes de una comunidad cerrada, resistente y…nada mayoritaria, pese a tener hallazgos notables (entre sus guionistas se contaban algunos de los mejores escritores del género como Harlan Ellison y Theodore Sturgeon) cayó en vicios nada rescatables (la serie se convirtió en una catarata de citas cultas, giros aburridos y nostalgia deriativa) y ni tan siquiera su nueva tripulación (sacada de The Next Generation) reavivó la franquicia y la confirmó como algo estrictamente para seguidores.
Abrams ha sacado de la serie sus elementos más reseñables, pero lo ha reinventado en una pirueta que recuerda mucho a la que Mark Millar y Warren Ellis ejercieron en el Universo Marvel con su Línea Ultimate, pero con la ventaja de que el reinicio no es ni siqueira gratuito: toda una inteligentísima trama de paradojas espaciotemporales es la razón por la que la tripulación del USS Enterprise se encontrará en un mundo alterado para siempre y para mayor gloria de un Abrams capaz de rodar las mejores set pieces del cine de alto presupuesto reciente (desde el prólogo hasta la escena de los paracaídas en Vulcano) y de dar una relevancia a sus personajes capaz de desbancar a la ahora anticuada primera (o cuarta) entrega de Star Wars y de delatar los problemas de ritmo que tenía la cinta rodada en Lucas en 1977 (que no su estupenda y superior secuela) con detalles de guión tan irresistibles como la permanente confusión del ruso (y ahora teen) Chekhov entre v y w que nada lejos andan del humor de Dickens en The pitwick papers. Incluso Abrams se permite ser un narrador transmedia cuando no sólo incorpora tics visuales sacados de su última serie, la estupenda Fringe, sino que incluye en el season finale de la misma también a un envejecido Leonard Nimoy ejerciendo de guía a un lugar plagado de multiversos. Su narración televisiva se complementa con la cinematográfica y la película mantiene un ritmo espectacular que promete una secuela mejor: Abrams se consagra como director y como narrador hábil y hacedor de piruetas que sólo los más atentos podrán descifrar. Además consigue que Star Trek no sea tanto un éxito masivo previsibile como un éxito perdurable gracias al boca a boca (como Iron Man) y descubre en sus actores un potencial que ya sabíamos (Simon Pegg, ya presente en su anterior película, el Anton Yelchin de Charlie Bartlett o Zachary Quinto, el villano de Héroes) o que bienvenido es (un ultracarismático Chris Pine, un renacido Karl Urban).
En definitiva: el mejor blockbuster desde En busca del arca perdida.

One Comenta
Incluso la dosis discreta de humor (más allá de la confusión de Chekhov con el idioma) hace posible que la película sea absolutamente un viaje por el universo. Es verdad, el mejor blockbuster desde “En busca del arca perdida”.
Un saludo