Crítica: Synecdoche, New York

Por Eduardo Varas

Alterando el sentido

por Eduardo Varas

synecdoche_new_yorkPrimero hay un arranque que quizás aburra o llame la atención… únicamente hay dos opciones. Luego vemos que la vida de Caden Cotard (interpretado por un incontenible Phillip Seymour Hoffman) se debate entre la abulia, la enfermedad, su trabajo como director de teatro, su esposa artista y su pequeña hija. Todo da vueltas, todo debe dar vueltas, pues el mismo título del filme, que marca el primer intento del gran Charlie Kauffman en la dirección, lo afirma. La figura de la sinécdoque “consiste en extender, restringir o alterar de algún modo la significación de las palabras, para designar un todo con el nombre de una de sus partes, o viceversa”, como dice la RAE. “Synecdoche, New York” es sobre la alteración de Schenectady, donde vive Caden, donde trata de luchar por una creación que va más allá de cualquier pretexto creativo. Una vida que se altera, que se vive una y otra vez para extenderse… para ser comprendida. Charlie Kauffman puede ser deprimente, porque la vida le permite esa licencia. Y dentro de esa depresión, encontrar un camino para salir adelante, con un hálito de victoria.
Caden debe enfrentarse a todo: es abandonado por su mujer, sufre de un desorden en su organismo, degenerativo, que va impidiendo que realice sus funciones autónomas con normalidad (llorar, por ejemplo), está enamorado de una mujer con la que no puede estar, ha perdido a su hija querida, tiene miedo a morir. Un día recibe un fondo constante para realizar una obra que trascienda, que salga de lo común. En un gran galpón, gigante, decide reproducir la vida, actores haciendo de ellos mismos o gente interpretando a Caden, a su mujer, al actor que hace de Caden, la serpiente que se come su cola (la referencia a Adaptation es inmediata). El personaje de Phillip Seymour Hoffman está buscando comprender y recuperar algo. Necesita sobrevivir a una crisis con la que arranca la película y por más de dos horas lo intenta.

philip1“Synecdoche…” debe ser el trabajo más doloroso, hermoso y a la vez regular de Kauffman. Obsesivamente confusa, las elipsis no están bien definidas y eso, si bien es parte de la propuesta que el propio Caden desarrolla en la obra que vemos dentro de la obra, juega en ciertas ocasiones con la salud de la película. Kauffman altera no sólo la vida de su personaje, la forma de contarla o la puesta en escena… lo hace con el espectador. Dispara a muchos lugares, habla de muchas cosas, fragmenta todo, porque sin duda esa es la perspectiva que hay detrás de una vida… un cúmulo de situaciones, de hechos aleatorios, quizás conduzcan al final del camino. La sinécdoque es también una transformación, o una parte que habla de algo superior. Todos esos pedazos son parte de una historia.

synecdoche-new-york-posterSi bien tiene una media hora que es simplemente fabulosa (por las actuaciones y lo que uno puede percibir como argumento en cierto instante), “Synecdoche…” se estrella con una falta de control en muchas secuencias. Inicialmente iba a ser dirigida por Spike Jonze, pero tuvo que declinar por otro proyecto, quedándose con el rol de productor ejecutivo. Fue entonces cuando el propio Kauffman (que ya se ficcionalizó en una película) entra en su propio universo como el capataz, lo que probablemente delimita a este filme como su trabajo más autobiográfico hasta el momento. Pero eso puede ser visto como un error. Caden Cotard es una versión un poco más adulta del Charlie Kauffman de Adaptation (el personaje que interpreta Nicholas Cage en esa gran película ‘adaptada’ del libro “El ladrón de orquídeas”, de Susan Orlean), es un ser frágil, con nula capacidad para controlar su vida y no hay nada que pueda hacer para combatirlo: el final es inevitable.
Lo circunstancial es contundente y lacerante.
Algo es seguro: uno sale distinto luego de verla. Sabe que no es perfecta, reconoce que tiene su belleza extraña, misteriosa; sin embargo, descubre que el genio no debe ser infalible, especialmente cuando quiere explicar que todo lo que involucra estar vivo es azaroso, temerario y maravilloso al mismo tiempo, con desniveles. “Synecdoche…” es una canción de resistencia, con una melodía que a veces afecta y nos hace romper a llorar, pero que al final invita, arropa y reconforta. Hay que verla más de una vez como cualquier proyecto en el que esté involucrado Charlie Kauffman.

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