Por Eduardo Araya
Stephen King en la pantalla, el lado B
Eduardo Araya
La relación del prolífico maestro del terror Stephen King con el cine y la televisión es estrecha y, por sobretodo, irregular. Se han adaptado sus novelas (de las más extensas a las más cortas) y sus cuentos, de hecho él mismo ha escrito unos cuantos guiones. Dicho de otra forma, un gran porcentaje de la obra de King ha sido llevada a la pantalla y seguimos contando. El resultado es inconsistente, claro. Por un lado, nos encontramos con obras de gran envergadura cinematográfica: Carrie, The shining (pese a que King la odió), Misery, Stand by me, The dead zone, Shawshank redemption, 1408, The mist, entre otras. Sin embargo, por otro lado hallamos bodrios de antología: Maximum Overdrive (dirigida por el propio Stephen King), Sleepwalkers (escrita para la pantalla por Stephen King) y las inacabables e intragables secuelas de Children of corn.
Dejemos a un lado el valor literario de la obra de King y limitémonos sólo a la estética y al lenguaje visual de las películas basadas en su pluma, más precisamente a aquellas de segunda línea, incluyendo telefilmes y miniseries. ¿Qué encontramos?: cierto espíritu, cierta esencia; si se quiere, incluso podría hablarse de una suerte de subgénero: las king movies (Pet semetery, Christine, It). Un look estancado en la década de los noventa prevalece en esta filmografía Kingniana alternativa, aún hoy en día. Se respira un aire de cine de bajo presupuesto, de fantasía ornamentada a precios módicos. La precariedad de los efectos visuales pasa a convertirse en un elemento estilístico, distintivo. El horror, por ende, se sostiene en otros mecanismos: el manejo del suspenso, la construcción de la atmósfera de misterio, el cliché bien usado. Pero que no se malentienda: estas películas de Stephen King gozan del encanto de lo imperfecto, del encanto de lo purulento.
A continuación una selección de cinco adaptaciones televisivas de la literatura de King, personalmente escogidas, que caben dentro de este mundillo underground del maestro del terror, su lado B; un universo filmográfico distinto: más humilde, más bizarro, más risible quizá. Pero que construyó, sin pretenderlo, piezas de un gustillo delicioso que cuesta encontrar hoy por hoy. Aquí va:
1) The Tommyknockers (1993):
Recuerdo que la primera vez que vi esta miniserie de tres horas de duración, de la cual existe una versión recortada de dos horas, fue hace varios años en canal 13 después del noticiero de trasnoche. La transmitieron a pedazos durante casi dos semanas, a modo de relleno nocturno. Podrá entenderse, por tanto, que aún en su propia época la miniserie fue subvalorada y relegada. Hoy, por lo menos para mí, es de culto. ¿La historia?: una mujer encuentra un trozo de metal en el bosque y se da cuenta que es la punta de algo que está bajo tierra; se obsesiona con desenterrarlo y descubre que es una colosal nave extraterrestre sepultada hace miles de años. De paso, ella y las personas del pueblo empiezan a ser poseídas (¿telepáticamente?) por los alienígenas que van despertando. Y comienza el desastre.
Esta miniserie, protagonizada por Jimmy Smith (el recordado policía de Nueva York) y Marg Helgenberger (la popular forense de CSI), goza de la esencia de cine B propia de las King movies, tanto por el escaso presupuesto que tuvo como por la exacerbada fantasía de la historia. Hay quienes la consideran dentro de las peores adaptaciones de la obra de Stephen King, pero hay otros, como yo, que disfrutamos de la particular chispa de este tipo de historias de misterio y fantasía vestidas con ropa barata. Por supuesto que la cinta resulta burda, pero hoy en día podría decirse que es un divertido ejercicio de estilo. Además, sin duda, engancha de gran manera. Cabe destacar el decorado de la nave espacial, al parecer de cartulina, y el inapropiado color verde que emana de los extraterrestres y de las personas bajo el influjo alienígena.
2) The langoliers (1995):
Partamos diciendo que este telefilme de dos capítulos (de noventa minutos cada uno) es uno de los tantos referentes de la serie Lost. En torno a esto, se dice que los guionistas de Lost (fanáticos de King) se habrían basado en The langoliers en la construcción de algunos aspectos de la historia. De hecho, la trama de la serie tiene notables similitudes con este telefilme noventero; similitudes superficiales, por supuesto, ya que The Langoliers adolece por completo de la grandeza homérica de Lost. La historia de esta cinta televisiva no puede ser más entretenida: durante un vuelo de avión, diez pasajeros se despiertan a mitad del trayecto y descubren una desconcertante realidad: toda la tripulación desapareció, a excepción de ellos. Aparentemente, ¡entraron a otra dimensión!
The Langoliers transita el mismo camino seguido por The tommyknockers: pobreza técnica, extravagancia argumental, fantasía de bajo costo. Este telefilme, eso sí, tiene más peso. Por una parte, la dinámica de la cinta está envuelta en una atmósfera kitch que refresca la narración. Y por otra, el tratamiento del suspenso y el misterio está impecable: seductor, acompasado, preciso. Las tres horas se hacen cortas. El variopinto conjunto de pasajeros que permanece en el avión provoca en el espectador el interés suficiente, ya sea con diálogos sabrosos o con delirantes conflictos; entre ellos destaca un asesino a sueldo, una niña ciega con poderes telepáticos, una drogadicta, un nerd, un empresario al borde de la locura y un escritor de misterio. El escaso presupuesto pasa inadvertido, pero cuando aparecen los famosos langoliers, ¡que Dios se apiade de nuestra alma! ¡Hasta yo hago mejores cosas en el paint! Pero claro, hoy se entiende que es parte del subgénero.
3) La tormenta del siglo (1999):
Apreté PLAY pasada la medianoche y tuve que verla completa, a pesar de las cuatro horas de duración. Intriga de tal forma que hay que acabarla de un tirón. Después supe que hay una versión aún más larga: tres capítulos de dos horas. Si bien a momentos se torna casi eterna, la visión global nos permite definirla de sólida sin titubeos. La trama va así: los pobladores de la pequeña isla de Little Tall en Maine se preparan para una tormenta que podría dejarlos aislados del mundo durante días; apenas inicia el fenómeno, extraños sucesos comienzan a ocurrir en el pueblo y un forastero llamado André Linoge parece ser el responsable. Encerrado en la cárcel del pueblo, Linoge empieza a dejar ver que no se trata de un ser de este mundo y al poco tiempo revela sus verdaderos propósitos, algo que obligará a la comunidad a tomar una decisión terrible.
A simple vista, el cineasta Craig R. Baxley es quien mejor ha adaptado a Stephen King, al menos en el ámbito televisivo. A su haber tiene varias pruebas: Rose red, The diary of Ellen Rimbauer, Kingdom hospital. En La tormenta del siglo, su primer acercamiento al maestro del terror, consigue un resultado sobrio, mesurado, pulcro. El espíritu de las King movies tiene lugar, pero esta vez sólo en los elementos temáticos: pueblo pequeño, gente aislada, secretos que se revelan, presencia sobrenatural. El horror, por tanto, se torna más plausible, más real. Además, esto se ve reforzado por la inteligente administración del terror durante el metraje. Por su parte, el gran defecto de la miniserie, sin duda, es su excesiva extensión, pero la angustiante expectación que genera y las correctísimas actuaciones, en especial la del formidable villano protagonista, ameritan darle el visto bueno.
4) Nightmares and dreamscapes (2006):
La idea era perfecta: 8 capítulos autónomos basados en los mejores cuentos de Stephen King. El éxito parecía asegurado. El problema es el siguiente: muy pocos son los que han logrado adaptar de buena forma al autor de La larga marcha, más aún por televisión. El resultado de la serie, tal como ha sucedido con toda su obra en la pantalla, tiene altos y bajos. Por ende, duró sólo una temporada. La interpretación visual de los ocho cuentos no siempre dio en el clavo, pese al potencial de sus premisas: hombre atacado por soldaditos de juguete, pueblo fantasma con ídolos del rock, autopsia a un hombre vivo, el fin de la humanidad como corolario de la paz, enfermedad que persigue a su víctima, escritor que intercambia vidas con su personaje, convicto que arriesga su libertad condicional por dinero, dimensiones que se abren en una temida localidad.
Por lejos, el mejor capítulo de la serie fue “The end of the whole mess”: una paradoja profunda, ingeniosa y terrible que habla del fin de los tiempos. El King más clásico aparece en “Battleground”, “Crouch End” y “You know they got a hell of a band”, las King movies de la serie; tres historias de horror freak que incluyen soldaditos de plomo que cobran vida (en un gran episodio sin diálogos), portales hacia siniestras dimensiones y a Elvis Presley como alcalde de un extraño pueblo. Si bien Nightmares and dreamscapes carece del misticismo propio de los grandes relatos de horror y tiene un par de capítulos totalmente prescindibles, estas historias de cuarenta minutos y algo funcionan a la perfección como divertimentos portátiles para rellenar momentos de ocio. Evidentemente la literatura de King merece más que eso, pero al menos hay bastantes adaptaciones suyas con qué compensar.
5) Desesperación (2007):
Por último, si hablamos de la cinematografía “B” del autor de Cujo y El juego de Gerald, hay que mencionar a Mick Garris. Este cineasta norteamericano, acérrimo admirador del maestro del terror, ha llevado a cabo varios telefilmes basados en sus novelas; entre ellos destaca Apocalipsis, Riding the bullet y The shinning. Todas sus adaptaciones, para bien o mal, han sido expresiones puras de las así llamadas King movies. Desesperación, por cierto, no es la excepción. La película dura dos horas y algo y la trama, básicamente, va más o menos así: un grupo de personas (entre ellos un escritor, una pareja de novios y una familia de vacaciones) son llevadas a un pequeño y desolado pueblo llamado Desesperación por un sheriff poseído por un antiguo espíritu maligno. Típico de King.
Innegablemente, Desesperación tiene buen ritmo, un tono adecuado y un clima bien logrado; el punto de debate radica en el poderoso espíritu “alternativo” en que todo está envuelto: poca plata, clichés, aire kitch. La cinta claramente funciona, pero para algunos resulta imperdonable este revestimiento de segundo orden que aplica Garris y, sin concesiones, la califican de bodrio, argumentando el daño a una obra literaria impecable. Por mi parte, valoro su fluida narración y aplaudo aquella esencia “B” tan propia de la estética cinematográfica de King. Por lo demás, las historias que son objeto de este tipo de telefilmes de bajo presupuesto por lo general son las más problemáticas, tanto por las temáticas fantásticas colmadas de monstruos como por los desenlaces mitológicos poco ortodoxos para el cine comercial. Por lo tanto, al menos tendría que valorarse el coraje de hacer un guión decente y filmarla.
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2 comentarios
vi langoliers y desesperacion, muy bizarras y chantas ambas, pero entretenidas…
La tortmenta del siglo es… no tiene palabras. La vi cuando era chica, debo haber tenido 14 o menos. Fue motivo de infinitas pesadillas y desconfianza en extraños. La amé.
Esa es lejos la mejor de la tv que hay de King.