Columna: Michael Jackson

Por Isidora Urzúa

Sepultar el pasado hoy

Por Isidora Urzúa

3668777383_a5cb89086dNo recuerdo con exactitud por qué me gustaba tanto Michael Jackson cuando era guagua. Sólo me acuerdo que cuando vino a Chile en 1993 tuve mi primera experiencia de golpe con la vida: hay cosas que no se pueden tener y “todas las cosas a su tiempo”, consuelos vagos que mi mamá me tenía que repetir cada vez que le hacía un escándalo porque no me quería llevar.
Obviamente no fui al concierto de Michael Jackson, tenía seis años. Mis papás me consolaron con un concierto grabado en VHS que terminó saliéndoles más caro, porque imitando uno de sus pasos de baile me quebré la mano izquierda. Así de fanática era. Soy.
¿Qué más puedo decir? Tengo una sombra de tristeza en el cuerpo. No porque se haya muerto tan sorpresivamente, ni porque ya no podamos tenerlo como artista –años atrás lo perdimos entre azotes y fanatismo. Es más bien debido a la añoranza de tiempos mejores, en las que él –por un lado –cantaba sus mejores canciones y bailaba las más memorables coreografías, y yo –por el otro –crecía irremediablemente. La pena, una vez más, es por la conciencia de haber vivido en el mismo planeta con un artista extraordinario, al cuál vimos reducido a cenizas, pixeles amorfos de una gloria abandonada en el pasado.

3676771071_95b1ee8375Creo que lo que más nos duele de la repentina muerte de Michael Jackson, es también la sensación de estar sepultando una etapa de nuestras vidas. Infancia, pubertad o adolescencia –tú eliges –la banda sonora de tiempos felices, de tiempos de baile. Porque me imagino que son pocos los que lo escuchaban en sus momentos de tristeza. La mayoría lo disfrutábamos con el cuerpo, con movimiento, con esa siempre exacta fusión entre el pop y todo lo demás, que conjugado con su particular registro hacían de cada canción un éxito, de cada estribillo un paso. Ahora que está muerto, tal vez deberíamos pensar en la adultez, ¿Y ahora qué?
Porque claramente el rey se llevó la corona a la tumba. Después de Michael Jackson no existe un contrapeso, tendrán que pasar un par de años antes de que algún manufacturado adolescente surja desde las telarañas cibernéticas (porque lo quieran o no las discográficas, desde aquí nace el futuro), y entonces decidamos si es que podremos atribuirles cierto material emocional, o si es que nuestros hermanos chicos o nuestros hijos querrán bailarlos y recordarlos como nosotros lo recordaremos a él.
2982300084_0c07271ec2El consuelo que los fanáticos tenemos es justamente el de la gloria. El hecho de que la infamia será dejada en el basurero, las cirugías, la pedofilia, la bancarrota. Todo será relegado al mismo lugar donde la obesidad adictiva de Elvis Presley brilla a veces, sin lograr opacar la leyenda. Ahora Michael Jackson renacerá en las cenizas mismas para reclamar el trono que siempre detentó por ser el más creativo de su generación, la fuente de inspiración misma de artistas de toda la gama musical, desde John Meyer hasta Chris Cornell, el referente musical, el mago del baile y de los conciertos en vivo, los solos de guitarra, los video clips, las coreografías que por la eternidad siempre bailarán las nuevas generaciones.
Él muere, nace la leyenda. Miles de fanáticos se agruparon ante las puertas de la clínica, y caminarán para despedirlo por última vez, ante el encore definitivo en su funeral. Los récords de venta, de Grammys, las innovaciones artísticas, las colaboraciones, la genialidad, ahora volverán a ser valoradas con la grandeza que se merecieron, y le permitiremos, como humanidad, el descanso y la paz que desde los 4 años se le negaron en pro del entretenimiento, del arte, del dinero y de los escándalos.
Y rindiéndole estos honores, las lágrimas internacionales que muchos como yo –millones como tú –derramamos ante su partida, limpiarán su nombre ante la historia y alimentarán las raíces del mito, pues cada vez que recordemos nuestra infancia con “Thriller” y nuestra adolescencia con “Black & White”, estaremos hablando del hombre al que le quitaron los primeros años de su vida para dedicarlos a la sobrevivencia del resto, y le daremos energéticamente esa recompensa que nunca obtuvo en su vida personal. El cariño que sólo los fans le pudieron dar, y que ahora -entre pandemia y medio oriente –renace para dar una esperanza a los dioses que aún tienen fe en nosotros. Ahora revaloramos el pasado y lo hacemos presente, y con la muerte de Michael Jackson algunos también lloramos al ver agonizar los mejores años, aquellos donde las cosas aún no estaban escritas, ni para él, ni para nosotros.

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