Columna: Michael Jackson

Por Denisse Valdenegro

Michael Jackson también era decadente y depravado

Por Denisse Valdenegro

3674744581_af5bbc1fe61Allá por los ochenta, Michael Jackson recibió una carta de una mujer que aseguraba que uno de sus hijos era suyo. No sólo eso, la mujer continuó enviando epístolas y en una ocasión envió un paquete que incluía una fotografía suya, un arma y un mensaje; en este mensaje le decía a Jackson que debía suicidarse un día específico a una hora específica y que ella haría lo mismo desde donde se encontraba luego de matar al niño. La mujer estaba loca y terminó recluida en un psiquiátrico. De esta particular experiencia nació la canción “Billie Jean” (“but the kid is not my son”). La historia de Thriller cuenta que Quincy Jones, coproductor, pensando que se trataba de uno de las canciones más débiles del disco, quiso removerla o, al menos, quitar la intro de 29 segundos, pero Michael Jackson no lo dejó, porque era una canción que lo hacía querer bailar. Y fue un baile que hizo historia. De “Billie Jean” proviene uno de los movimientos por los que en estos momentos, en cualquier parte del mundo, se está recordando lo bueno de Jacko: el moonwalk, o “paso de la luna” como lo conocimos acá, cuando todo nos llegaba traducido. El moonwalk forma parte del solo de baile que presentaba Jackson en vivo en la sección instrumental de “Billie Jean”.
Todo empieza a partir de ahora, con asomos de responder una pregunta que nos hicimos hace algún tiempo: ¿Qué va a pasar cuando se muera Michael Jackson?

2718491133_290f16526cJuan Pablo (mi amigo que solía exhibir en su “avatar” de MSN una foto que mostraba, hipotéticamente, a Michael Jackson -a sus cuarenta y tantos, en ese entonces- sin operaciones), me contó por MSN que lloró. Yo no lloré y se lo dije. Con Juan Pablo tuvimos una etapa muy holgazana, en la que nos dedicamos exclusivamente a la farándula norteamericana, y sé que en ese momento, mientras chateábamos, ambos pensamos, al unísono, ver qué reacciones hubo en Estados Unidos en el momento exacto en que se supo la noticia; y cómo saberlo mejor que visitando nuestro blog de chismes favorito: Oh No They Didn’t . Pero tan impactante fue el asunto, que al abrir el blog no había nada; por entre noticias que erigían a Megan Fox como la más estúpida de las celebridades, me enteré que por la tarde (rondando las 17:30, en Chile) se cayó Livejournal; colapsó, se reventó. Porque el objeto de burlas por años, debido a sus excentricidades (como recalcaron eufemísticamente en las noticias), había muerto, y sólo ahora (el hoy después del 25 de junio de 2009), a partir de un cadáver, como suele suceder, ese Michael Jackson pederasta, blanquecino, con nariz desmontable, volvió a ser aquél cantante a quien hoy recordamos gracias a su sacra faceta de solista, epítome de los ochenta.
2982300080_cb2308c6a6Una de las cosas que me llamó la atención, fue algo bastante obvio, que sólo ahora noté: todo el mundo sabía quién era M.J. Yo estaba en el trabajo cuando un compañero dijo: “¡se murió Michael Jackson!”; luego una de las secretarias lo confirmó. Para mí eran noticias de Internet aún, noticias que por cierto no había visto con mis propios ojos, por lo tanto, no las creía. Más tarde me fui a trabajar a otra sección, cerca de un televisor cuando, de la nada, irrumpió un extra de prensa en TVN. ¿El titular?: “Murió Michael Jackson”. Las letras eran lo suficientemente grandes como para leerlas a la distancia, y en cosa de segundos, los funcionarios públicos se agolparon frente al televisor, manipulándolo, subiéndole el volumen, ajustando la pantalla para que todos pudieran ver, gritando, comentando. En la micro a casa: murmullos, llamadas por celular informando la noticia, otros recibiendo la noticia. Y el 26 de junio: portada mundial.
Así de importante fue.

3664225081_917b211db5_mComo no tengo Internet, tuve que informarme sobre los detalles por medio del noticiario de las nueve. Fueron muy cuidadosos, si bien hablaban de la muerte de un artista importante, del “Rey del Pop”, procuraron no olvidar su visita a Chile en la que dejó plantados a los niños con cáncer; un concierto cancelado debido a una resaca colosal; la escena en que sacudía a su guagua por un balcón; la noche en que jugó Nintendo hasta las tres de la mañana; mencionaron levemente sus juicios por pedofilia, entre otras. La noticia contó, inconscientemente, pienso, con esa fundamental división que mostró Michael Jackson en vida. Primero, un especial sobre el artista: la voz infantil que destacó en los Jackson Five, banda en la que compartió con sus hermanos, para más adelante convertirse en el músico brillante que compuso, junto a Quincy Jones, Thriller, el disco más vendido de la historia de la música; un músico brillante, cuya carrera decayó, coincidentemente, a medida que su piel se blanqueaba debido a las enfermedades dermatológicas que sufría (vitíligo y lupus). Y en segundo lugar, y casi en voz baja, lo que nadie quiere recordar, reconocer o resaltar, cuando alguien ha muerto recientemente: su imagen de ícono decadente, principal fuente de tabloides y sitios sobre farándula; ridículo, chocante, impúdico, detestable; ese abusador de menores, de voz suave y delicada.
Michael Jackson tuvo tantas caras, literalmente, que recordarlo es extraño sin terminar asimilando cada rostro a cada etapa de su vida. Esa es la escisión que se hace automáticamente al momento de mencionar al Rey del Pop. Pero, ¿quién terminó siendo el Rey del Pop? ¿Cuál de los dos se ganó el trono? ¿Cuál de las dos imágenes es la que llega primero al inconciente?
¿Cómo se recibe su muerte?
Nos preguntamos cómo se la habrá tomado Eddie Van Halen, quien lo acompañó con su guitarra en “Beat it”, por ejemplo; y luego, cómo lo habrá asimilado la familia Chandler, a quienes conocimos –mediáticamente- a través de un caso de pederastia que involucraba a su hijo de trece años, Jordan, y a Jackson.
¿Cómo?
Lamentablemente, Michael Jackson terminó siendo una parodia de sí mismo; un mal cover de la peor de sus canciones; un chiste morboso y demencial que nunca dejamos de mencionar cuando quisimos reírnos. Quiso ser Peter Pan, pero terminó convirtiéndose tanto en Jekyll como en Hyde, un ser dual: una exhibición de excesos ridiculizados, con buena banda sonora, por la prensa mundial, aquella que esquivamente recuerda sus juicios por crímenes sexuales contra menores y que difícilmente ahondará en esos temas que nos incomodan y para los que aún no existe un criterio formado. Desde hoy, en adelante, todo se ajustará a la lógica de “Dejar tranquilos a los muertos”.
Bien.
Al menos, con su muerte, aunque hayan alzado a una oscura leyenda, de algo estamos seguros:
                               The kids are alright.

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One Comenta

  1. Posteado el 21/03/2010 a las 7:20 pm | #

    ola a todo los quiero y mucho

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