Por Martín Zariello
Michael Jackson o la estrategia del vacío
Por Martín Zariello
“A cada generación le gusta reconocerse y encontrar su identidad en una gran figura mitológica o legendaria que reinterpreta en función de los problemas del momento: Edipo como emblema universal, Prometeo, Fausto o Sísifo como espejos de la condición moderna. Hoy Narciso es, a los ojos de un importante número de investigadores, en especial americanos, el símbolo de nuestro tiempo”. Si la vieja tesis enunciada por Gilles Lipovetsky en su notable La era del vacío fuera cierta, Michael Jackson (con su eterna sucesión de cirugías estéticas) podría ser considerada el paradigma perfecto de la era de Narciso, aquel que de tanto mirarse en el reflejo del agua murió ahogado. El efecto ominoso que producía en la sociedad el rostro multiforme de Jackson siempre mantuvo aparejado un halo de hipocresía: fue el proclamado “Rey del Pop” un espejo hiperbólico y violento de la obsesión posmo por el aspecto. Si nos atenemos a su decrepitud final (tanto física como mental) la moraleja de su fábula (en la que un individuo encandilado por la fisonomía termina convertido en un “monstruo”, un “freak” bizarro más propio del entretenimiento televisivo que de los escenarios) es de una linealidad bestial y apta para todos los medios que en este mismo instante hincan sus dientes sobre el cadáver para conocer los detalles más escabrosos de sus últimos días.
Cambiando el enfoque y sin pretensiones de reflexión cultural, nos encontramos con un caso típico en la Industria del Entretenimiento pero multiplicado por mil: un comienzo que rebasa el significado de la palabra “exitoso” (tal vez Jackson personifique el término “estrella” como ningún otro), la imposibilidad de superación (tanto comercial como artística) y un curso descendente en el que no faltaron ni los fracasos comerciales de sus últimos álbumes ni las acusaciones más agravantes hacia su persona (pedofilia). La característica majestuosidad de sus shows y video-clips (por su habitual desorbitación tendiente al mal gusto), el puño en alto como pose gestual de superioridad ante la multitud (favoreciendo la rendición de pleitesía y la asimilación con los grandes líderes totalitarios), el aullido agudo con el que matizaba sus canciones y su eterno paso “Moonwalk”, en el que parecía hacer retroceder el globo terráqueo con su sensacional baile, son testimonios simbólicos que representan toda una era marcada por la frivolidad y la perspectiva banal del Universo. Pero, ¿qué había detrás de ese entramado complejo de espectacularidades? Un personaje de gran bajeza, vacío, en soledad, emancipado del mundo. Aún siendo un dato coyuntural, no puede ser casualidad que su visita a la Argentina se haya dado en pleno menemismo.
Musicalmente, su carrera discográfica ingresa en un claro declive a mediados de los años 80’. El nivel superlativo de Trhiller (ejemplar soberbio de swing) no puede reparar el enorme daño histórico de sus discos posteriores, repletos de pasos en falso, declaraciones políticamente correctas, sonidos inofensivos, repeticiones y baladas insufribles. Por otro lado, la conclusión sobre la vigencia de su legado no puede ser más negativa. Jackson es quizás el máximo responsable del pop falto de sustancia y prefabricado de los últimos veinte años. Aunque sea, de seguro es la inspiración primordial de todo aquel espécimen musical con ínfulas pop que pone más énfasis en lo accesorio que en el contenido (a no ser que se estén inspirando en David Bowie y no nos hayamos dado cuenta): las coreografías rimbombantes, los video-clips, los shows mega producidos, etc. La dictadura del efecto en la que la obra de arte (porque esta noción también es propia del cine y de las artes plásticas) más que la “inminencia de una revelación” debe provocar un resultado monetario. Una concepción mercadotécnica sobre la música sublimada en los insípidos grupos para adolescentes de los años 90’ o en el laboratorio miserable de Operación Triunfo. Una proyección del “arte” puesta al servicio de la Industria. Eso, entre otras cosas menos elegantes, fue Michael Jackson.
También te puede interesar:
