Crítica: Ciertos ruidos

Por Carolina Zúñiga

El amor en los tiempos del cólera

Carolina Zúñiga

0131o01601_3Tengo que hacer una confesión: siempre he estado enamorada de Caco Labbé, autor de esas notables novelas “Libro de plumas” y “Navidad y Matanza”, y ahora editor de Planeta. Siempre he estado enamorada, desde que él era estudiante de Letras en la Pontificia Universidad Católica. Sí, en esos tiempos cuando yo iba a buscar a mi primo y lo veía ahí, caminando por el patio, con un libro bajo el brazo… lo recuerdo con su carita de escritor joven, de buen lector. Recuerdo esas cosas y me conmuevo y pienso por qué nunca me acerqué. Pero claro, en ese tiempo aún no había pasado lo de Roberto, mi error, mi garrafal y sobre juzgado error, y aún no comenzaba a leer. Yo lo veía y me preguntaba: ¿de qué podría hablarle? Porque en ese tiempo ya se sabía que Caco sería importante, muy importante. Pero bueno, dejé de verlo y tiempo después supe de sus novelas y de su labor como editor. Y por eso he pensado en él durante toda la lectura de “Cierto ruidos”, que ha sido como una estocada en el corazón.
Pero no me adelantaré.
Mejor vamos a la crítica.
Termino de leer “Ciertos ruidos” y me pregunto a qué tribu urbana habría pertenecido yo. Obvio que la gente me diría que podría ser una pokemona, aunque yo creo que me siento más cerca de las pelolais. Y comienzo así la crítica no porque tenga el ego grande, gigante, sino porque después de leer “Ciertos ruidos” me dieron ganas de ser niña de nuevo, hacer estupideces, vestirme a la moda de alguna tribu y que luego alguien me legitimara en un libro de casi 500 páginas, con un lenguaje profundo, cuidado e ininteligible (¿ven que uno aprende palabras nuevas?). O sea claro, igual cuando la autora se pone ondera y usa citas pop, además de los diccionarios de cada tribu, uno entiende algunas cosas. No seamos tan injustas. Además, la persona que escribió “Ciertos ruidos”, la jovencita Andrea Ocampo, es mujer, y bueno, yo sé que a Robertito no le habría gustado lo que diré, pero sí, ¡como es mujer hay que defenderla y cuidarla del machismo imperante en las letras nacionales! Eso dice la Paty y yo la apoyo completamente.
1239847101024_fAdemás, es importante decir una cosa a favor de este librito que tan bonito se ve, con esos colores, fotos y todos esos detalles que lo hacen ser digno de las tribus urbanas: ninguno de los medios masivos de comunicación se ha detenido a analizar el contenido verdadero de “Ciertos ruidos” y eso me molesta mucho, mucho. Porque todos hablan del libro sobre los pokemones, o invitan a su autora a preguntarle puras tonteras, como también me pasó a mí muchas veces cuando conducía Mekano. Y eso aburre, ¿captan? Porque ninguno de los suplementos culturales, ni los llamados “periodistas culturales” se dieron el tiempo de analizar el libro o de hacer una crítica del texto. Ni la Paty, ni el Juanma, ni nadie se detuvo en el libro y me molesta muchísimo, porque es un libro que ha sido subvalorado en ese sentido. Porque aunque el libro salió cuando a nadie le interesan los pokemones y está escrito en un lenguaje para los niñitos que estudian letras, filosofía y todas esas tonteras, igual merece ser criticado por mis pares.
Así que eso.
Que quede claro eso.
1237785996963_fY ahora, bueno, ahora ya no sé qué decir. O sea igual está súper claro: como el tema son las tribus urbanas, como estaban de moda, como el libro fue hecho, lo intuyo, para venderse, todo resulta al revés. “Ciertos ruidos” debió ser un libro ágil, pop y urgente, sobre todo urgente, porque nosotros queríamos leer sobre las tribus pero antes, cuando estaban ahí, de moda, y no ahora, cuando a ninguna de nosotras nos interesa. Ya no existen y listo. Ni la escritura ni la publicación atendieron a eso: la urgencia. Porque igual está bien que la Andrea se haya documentado y haya escrito un texto como de trabajo universitario, pero faltó ese concepto, y disculpen que sea tan reiterativa, pero lo vuelvo a decir: urgencia.

314125_2Igual está choro que la Andrea haya decidido escribir sobre estos niños, porque si no lo hacía ella, ¿quién lo iba a hacer? Así que igual bien, si al final los niños algo dicen, aunque por supuesto que todo el sentido filosófico que le da la Andrea se nota que está fuera de tono con los niños. Tratar de hacer una lectura política a partir de estas tribus es como hacer una lectura política a partir del fútbol: eso. Pero igual está bien. Digo, la culpa no es de esta niña, joven, jovencísima, y que tiene muchos conocimientos, la culpa no es de ella. La culpa es de otros, como me decía Roberto en los sueños, la culpa es de los otros, aunque yo creo que tiene nombre y apellido: Caquito Labbe. Si, y por eso sentí cada frase compleja de la Andrea como una estocada en el corazón. Porque sé que la culpa es de él, no de esta niña, que ama la filosofía y que podría ser una brillante académica. La culpa no es de ella, es de Caquito, que hace rato que está haciendo las cosas mal. Porque Caquito debió pensar en otra persona para contar esta historia. No en una estudiante de filosofía, lectora de mi Diamela querida y tan, pero tan mal leída. Caquito necesitaba un autor pop, ágil, periodista, probablemente, porque obviamente que esta historia no daba para más que eso: un librito de crónicas y listo. Se habría vendido por montones, habría salido rápido y listo.
Por eso la culpa no es de la Andrea, mujer, joven, jovencísima. La culpa es de Caquito Labbé, porque nadie puede decirle a una persona que tiene menos de 25 años y una biografía más larga que la de todos los autores que he leído (donde pone hasta las lecturas poéticas hasta en las que ha participado), que escriba una historia como la de estos niños. Una historia que no es política, no, ésta es una historia de amor, una historia de amor en los tiempos del cólera. Y por eso tengo el corazón destrozado.

Fotos: tomadas de acá, de acá y de acá.

Lo último que quiero decir es un aviso de utilidad pública: me aburrí de que esta revista se actualice de forma tan lenta, por lo que le exigí a su director que me dejara hacer una critica semanal. Sí, así como lo leen: una crítica semanal igual que la Paty, que Camilito, que Juan Manuel (Vial por si acaso, no el rico de Silva Barandica que, esperamos todas, comience a criticar luego en medios masivos y se aleje de esos pedantes de amigos que tiene). Ahora, la gracia será que lo haré con las reglas que deben cumplir camilito, la paty y compañía: me puse un tope de caracteres, para que no dé la lata ni me extienda mucho. Y, claro, será semanal. Porque esa es la gracia y la dificultad de ser un crítico de medios masivos: luchar contra el espacio y el tiempo, porque claro, sino es súper fácil: critico un libro cada un mes y escribo un texto eterno que nadie lee y que nadie entiende, como le pasa a algunos amigos del director de esta revistita. Así que eso: nos vemos cada viernes, a esta hora y en este mismo canal.

Carolina Zúñiga

carolita.z@60watts.net

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