Por Carolina Zúñiga
Un dolor en el corazón
Por Carolina Zúñiga
Si no fuera por el Juanma Vial, me sentiría un poco sola. Terminé hace un rato de leer Gente que baila sola y estoy triste. Me duele la literatura chilena cuando leo las críticas que le hicieron al segundo libro de cuentos de Marcelo Lillo. Si no fuera por Juanma, me sentiría más triste, pero él dijo todo lo que había que decir: un libro irregular, que debería bajar del pedestal a Marcelo Lillo (al que subieron los críticos, inexplicablemente creo yo, luego de su primer libro), a pesar de que recibió varias críticas positivas que terminaban con frases pomposas. ¡Con frases horrorosas!: “…un sello bastante más propio, en el cual el manejo de los silencios, de las insinuaciones, adquiere una potencia dramática que en varias ocasiones raya en lo notable”.
¿Notable? ¿Ah? ¿Aló, Moscú?
O esta otra joyita: “Gente que baila sola, a pesar de aquellas interrogantes, lo consolida como una narrador poderoso, con oficio y capaz de transmitir críticamente un mundo personal”.
Algo anda mal, y por eso me da tristeza, y por eso hoy no tengo humor y me puse seria. No me puse seria por los duros comentarios que pusieron en duda mi existencia, en la crítica pasada. Ni tampoco me puse seria para demostrar que puedo ser una crítica seria. No, me puse seria porque me puse a leer a los verdaderos críticos con atención, me leí todas las críticas de La Calle Passy, me leí todo lo de la Paty Espinosa y lo de Pedrito Gandolfo, incluso me puse a releer a Iñaki Echevarría, y después de eso sentí mucha pena, sobre todo cuando algunos hablaban de Marcelo Lillo, y decían las frases que acabo de citar. Porque más allá de que Paty y Pedrito Gandolfo hayan leído a Carver, supongo, espero, no puede ser que digan tales barbaridades. Justamente no deberían decirlas porque han leído a Carver, y a Richard Ford, y a John Cheever, a quienes tanto adoro, tanto quiero, y por eso me molesta, me duele, me da tristeza de que venga un tipo que se jacta de haberlos leído, que se jacta, en entrevistas, de ser un genio y que no le interesa la literatura chilena, y que genere esos comentarios en nuestros críticos. Siento como si nos metieran el dedo en la boca. Gato por liebre.
Por supuesto que Lillo no es un mal escritor, eso está muy claro, y profundamente creo que El fumador y otros relatos es un buen libro de cuentos, muchísimo mejor que Gente que baila sola. Pero me asombra la ingenuidad de mis pares. Viene un tipo que ha leído, medianamente bien a los norteamericanos, y todos caen rendidos a sus pies. Ingenuidad. Eso es; y nosotros, los grandes críticos literarios de este país, ¡no podemos ser ingenuos ni ingenuas! Porque la ingenuidad está a un paso, sí, a un paso de la ignorancia.
Marcelo Lillo, el genio, escribe sobre parejas que se separan de un momento a otro, escribe sobre reencuentros entre padres e hijos, y cuando hace esto no le sale tan mal como cuando intenta dar un giro y pasarse de listo. Por ejemplo, en los cuentos “Noches de reyezuelos” (la voz de unos jóvenes marginales que cometen una “maldad”), o en “Los pobres no pueden esperar” (una voz “travestida”, muy donosiana, como dijo la Paty, pero que en realidad no tiene ni la fuerza ni la intensidad de Donoso), Marcelo Lillo busca alejarse del registro carveriano y arriesgarse con otra voz, pero, claramente, termina por escribir cuentos deficientes, donde se nota la falta de una prosa más arriesgada, más cuidada. Falta poesía, como diría mi querido Ale Zambra, y eso que a Carver, por más que fuera un minimalista que evitaba descripciones “poéticas”, nunca le faltó poesía. Y esto me hace dudar de cuál es el verdadero Lillo: ¿El que se parece mucho a mi querido Carver, o el que no se parece?
Tengo pena por esto, porque sólo Juanma se atrevió a decir que acá no había relatos notables, sino que intentos de historias que emocionaran, pero que nunca logran hacerlo totalmente. Acá todos los relatos ya comienzan mal, comienzan con personajes tristes y no hay matices, no hay momentos felices que luego se quiebren para generar dolor. Porque Marcelo Lillo no entiende que para generar dolor y desconcierto no basta con que exista una pareja “estable” y se separe de un momento a otro. No entiende eso, como tampoco entiende que no tenemos por qué conmovernos por el solo hecho de mencionar a un Detenido Desaparecido en un cuento. No es tan simple. Y te lo digo yo, Marcelo, que he sufrido muchas penas de amor, muchas pérdidas. Y por eso me enojé tanto con el cuento “Vía Crucis”, cuando cuentas la separación de una pareja, y al final, plop, ¡resulta que la pareja eran hermanos! ¡Y ni siquiera se trata de incesto! ¿Había que reírse? O sea, ¡en vez de risa me dieron ganas de llorar! Porque me sentí una tonta, me sentí engañada, pero no de forma positiva como pasa con los cuentos que apelan al Knock Out, no, acá me sentí embaucada, porque al final, sí, al final no queda nada. Ni buenos momentos. Ni grandes personajes ni nada.
Por lo menos en El fumador y otros relatos quedaba algo, la sensación de que Marcelo Lillo quería transmitir algo, una imagen, una historia. Y lo hacía bien, retratando con mucha eficacia a la clase media. Pero acá nada. Acá sólo queda la impresión de que fueron los cuentos que le sobraron de su primer libro, que no alcanzaron a entrar, quién sabe por qué, y que él quería publicar.
Me siento triste y sola. Sobre todo cuando pienso que mi querido Roberto dijo que entre Chéjov y Carver estaba el mejor cuentista del siglo XX. Me duele porque pienso que los leí tanto a los dos, y ahora aparece este Lillo que se quiere pasar de listo. Y eso hace que me duela el corazón.
Posdata: Aún no sabemos bien cuándo actualizará Carolina sus críticas, ya que sigue estando indecisa. Dijo que nos envió esta crítica hoy porque Alejandro Zambra criticaba, en LUN, los miércoles, y que esta es una forma de homenajearlo. Sin embargo no nos quiso asegurar que lo hará todos los miércoles, aunque descartó los viernes y sábado ya que esos días sí existían críticas en LUN y La Tercera. Así que apenas tengamos noticias avisaremos.
Posdata 2: Queremos recordar que el ganador del libro “Diagonales”, de Maori Pére fue el señor Víctor Hugo Cárdenas, con quien nos pondremos en contacto para entregarle su ejemplar.
Posdata 3: Y ahora, a pesar de que Carolina no haya sido entusiasta, nosotros sí lo somos y hemos decidido regalar un ejemplar de Gente que baila sola, para que algún lector pueda saber quién tiene la razón: Si Carolina Zúñiga y Juan Manuel Vial, o Patricia Espinosa y Pedro Gandolfo.
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12 comentarios
Pero ¿cómo podemos saber quién tiene la razón si todavía no tenemos, y obviamente no hemos leído, el libro que regalan?
Bueno, para saberlo sería bueno que se rajen con una copia.
Prefiero a los originales, a Raymond Carver y a John Cheever. Además este señor es grosero para darse autobombo y proclamarse el mejor de todos atacando a autores que no le han hecho nada y cree porque lo publicaron en España que todos deben hacer cola para felicitarlo. Además, eso de la pistola, alguien con las bolas bien puestas no lo anuncia, lo hace. Y si no lo va a hacer nunca, se queda callado. Ataca tanto que a la hora de los combos seguro que sale corriendo. Gracias.
invéntame pronto otro juego
paso.
Majadería.
Yo quiero el libro!!!! (tengo un librero que sufre un desnivel y sería bueno…) NO, en serio, me gustaría ojearlo, además sería como una paga por la columna…
p.d: estoy de acuerdo con wcaceres. Es posible que los sujetos que escriben sean potenciales suicidas o alcholicos solitarios, pero resulta patético que utilicen esos datos como estrategia comercial, que intenten reauratizar su figura sabiendo cómo el mercado la utilizará.
No entiendo a quienes esgrimen a Carver como conjuro a Marcelo Lillo, como si Carver fuera piedra y Lillo tijera. Me hacen recordar un sueño en el que remontaba el Mapocho en una lancha en clave Apocalypse Now. A la altura de Balmaceda un ejército de irregulares, compuesto por críticos literarios y escritores en cierne, hacía fila para lamer las botas de un Bolaño calvo y gordo como el coronel Kuntz.
Leí el primer compendio de cuentos de Lillo y, salvo un par, me parecieron más sobrevalorados que malos. Como diría una vieja amiga “los he leído peores”, y ella, que asistió a un taller de Marco Antonio de la Parra, si que habla con conocimiento de causa. Es la misma crítica la culpable de que la atención se enfoque más en la Colt que guarda bajo la almohada que en la magnitud real de sus relatos.
La señorita Zúñiga debería enfocarse en sus propias apreciaciones antes de mirar para el lado en busca de legitimidad. Si ya es molesto leer una crítica en la que se compara al autor con su séquito de influencias, cuanto más lo es una en la que el propio crítico se compara con sus pares, y más encima sale achicopalado.
Todo esto lo digo en el amor del Señor y por favor rájense con el libro.
Moya, mal lector de crítica, no entiende que el crítico debe rastrear la génesis de la obra, no entiende que esto no es la cámara de vacío de Niels Bohr, que hay un ambiente, lecturas, antecedentes que condicionan las obras.
Mal lector Moya, peor posteador. Carola Zúñiga (o su puppet master) hacen un sano ejercicio al refrescar las opiniones críticas, aunque lo haga a la chacota bufona, está bien.
Mal lector Moya, amargo, no sirve. No hay libro para él.
Moya, paradigma de lo peor de la especie, limítese a enviar un mensaje de texto complaciente si quiere llevarse el libro.
Yo le doy el libro a Moya, fijo. Aunque he de decir que eso de ojo por ojo, pico por pico, me recuerda a los lados oscuros de nuestros propios cerebros… El luminoso anda por ahí, pero se habría apreciado una mediación en vez de un arrebato por el boxeador estrella. Igual nomás y se lo daría a Moya.
me pregunto si el libro será tan malo como esta crítica. si quieren despedazar el libro adelante, pero que lo haga alguien que no tenga problemas del corazón que se pasa diciendo cada dos párrafos que siente tristeza. publiquen críticas decentes.
UFFFFFFF…..CREO QUE NO HAY NADA MAS DIFICIL Y AL FINAL INUTIL QUE LA CRITICA,LIMITESE AL MERO COMENTARIO SRTA. .APELANDO A SU SENTIMENTALISMO, COMO DECIA MI ABUELITA, LOS CUENTOS EN ESTE CASO PERTENECEN AL CORAZON QUE ESTE DISPUESTO A RECIBIRLOS, INDUDABLE QUE HAY MEJORES RELATOS EN SU LIBRO ANTERIOR NADIE ES PERFECTO PERO EN GENTE QUE BAILA SOLA HAY UN PAR NOTABLES,COMO TEATRERO ESTOY PENSANDO SERIAMENTE EN LLEVAR ALGUNOS A LA ESCENA. ESPERO QUE NO SEA UD. QUIEN ME HAGA LA CRITICA TEATRAL.