Crítica: Rodrigo Rey Rosa

Por Diego Zúñiga

Insensatez

Por Diego Zúñiga

nh452_gEse instante resulta tenebroso: de pronto alguien comienza a contar una historia real y, de a poco, va convirtiéndose en una ficción. El cruce entre estas dos realidades se hace desde otro lado: acá nadie está escribiendo un cuento, acá alguien está anotando hechos reales y, de pronto, sin que nadie lo quiera, la historia parece una novela. Nuestra historia.
O, en este caso, la historia de Rodrigo Rey Rosa.
“Todo texto es ambiguo”. La frase aparece en “El material humano”, el último libro de Rey Rosa, y adquiere un sentido total cuando uno acaba la novela. Porque claro, el libro se presenta como una novela, pero el lector queda con la sensación de haber asistido a otro lugar: un lugar real que parece novela.
La historia: Rey Rosa quiere conocer los casos de intelectuales y artistas guatemaltecos que fueron objeto de investigación policíaca durante el siglo XX. Para eso va al “Archivo”, donde busca la información con la que quiere hacer un libro. Esa es la premisa. Lo que sigue es cómo la vida de Rey Rosa se comienza a entrecruzar con los informes que lee en el Archivo. Kafka ronda a lo largo de toda la historia. El horror de una Guatemala condenada a la violencia, a las masacres, los golpes de estado, son el escenario donde se mueve Rey Rosa, mientras lee fichas de detenidos y, sin saberlo, comienza a entrar a un lugar donde no es bienvenido.
Fichas:

-Aguilas Elias León. Nace en 1921. Moreno, delgado, cabello negro liso; dedo pulgar del pie derecho, fáltale la mitad. Fichado en 1948 por criticar al Supremo Gobierno de la Revolución. En 1955 por pretensiones de filocomunista, según lo acusan.
-Ingenieros Fernández Pablo. Nace en 1950. Carrocero. Fichado por maltratar la bandera patria.
-Chávez A. Luis. Nace en 1921. Vive con su familia. Fichado en 1940 por ejercer la vagancia. En 1954 por robo.
-Sarceño O. Juan. Nace en 1925. Jardinero. Vive con su hermana. Fichado en 1945 (Gobierno de la Revolución) Por bailar tango en la cervecería “El Gaucho”, donde es prohibido.

rey_rosa_c_luis_miguel_palomaresRey Rosa anota los días que pasa en el archivo, mientras cuenta, sin detenerse mucho, algunos detalles sobre su vida: los días que pasa con Pía, su hija, o B+, su actual pareja. Momentos con amigos, su familia. “El material humano” convertido en un diario de vida de aquellos días encerrado en el Archivo. Hasta que la historia comienza a enrarecerse. Todo lo kafkiano que podía ser el hecho de estar encerrado en un archivo, se acentúa cuando le prohiben a Rey Rosa volver al Archivo. No le dan motivos, sólo le explican que no puede regresar. Y acá es cuando la vida real comienza a parecer una novela. Y el escenario se vuelve, por momentos, aterrador:
“Ciudad de Guatemala.
Son las once de la noche. Cae una llovizna muy fina. Acabo de fumar un cigarrillo de marihuana y escucho música de Ravel, mientras reviso mi correo electrónico. Suena el teléfono. Levanto: “No vayás a alborotar el hormiguero”, dice alguien. Luego el clic, la línea muerta”.
Más adelante:
“Lunes.
Llamada silenciosa ayer por la noche, a eso de las dos. Pía estaba conmigo, lo que me inquieta aún más”.

 

interior_1043_1Es la violencia silenciosa que comienza a aparecer en “El material humano”. Es como casi todas las novelas de Rey Rosa pero, esta vez, no hay ficción, esta vez hay realidad. Y eso es lo que inquieta. Porque la ficción de Rey Rosa también es eso: historias normales donde la violencia y el horror comienza a aparecer de forma silenciosa. Escenarios diáfanos que, de un momento a otro, sin que los protagonistas se den cuenta, pasan a ser turbios.
En el fondo es eso: cómo la violencia se vuelve inherente a una persona, cómo no puede alejarse de ella aunque quiera. Porque claro, uno lee sus novelas y los personajes son así. En “El material humano” uno descubre que Rey Rosa es asi. Y, al igual que en sus novelas, esta violencia se mezcla con una cotidianidad que aporta matices a la historia: cuando aparece su hija, su novia, su familia y su vida como escritor uno comprende que todo está entremezclado y que el horror se encuentra a la vuelta de la esquina, que no se le puede esquivar; en definitiva, que se aprende a vivir con la violencia, que se adhiere a la cotidianeidad. Aunque los protagonistas nunca la olvidan.
Quizás sea Centroamérica. Termino de leer el libro y en Honduras hay un Golpe de Estado. Pienso en Sergio González Rodríguez y su “Huesos en el desierto”, un reportaje, una novela, un libro demoledor acerca de las muertas de Juárez. Pienso en uno de los escritores latinoamericanos más notables de la actualidad: Horacio Castellanos Moya, de El Salvador, y su novela “Insensatez”, que se parece mucho, en el argumento, a “El material humano”: un hombre que tiene que corregir un informe de tortura de más de 1000 páginas. El único resultado que saca es volverse loco, mientras lee los pasajes acerca de indígenas torturados y comienza a ser amenazado. Igual que Rey Rosa, aunque con un detalle que los separa. La ficción. La vida real.

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