Crítica: William Gaddis

Por Cristobal Carrasco

Un placer aparte

Por Cristóbal Carrasco

gaddisÁgape se paga, la novela póstuma del escritor William Gaddis, supone el inicio de la reedición en español de la obra de este autor norteamericano muerto en 1998, a través de la editorial Sexto Piso, que consta de otras cuatro obras (publicadas en vida por Gaddis), dos de ellas publicadas ya en español, pero que han pasado lamentablemente de cualquier reedición.
El plan de salvataje de este escritor es interesante, pues la publicación de cualquier obra de Gaddis debe ser entendida como una empresa sumamente riesgosa. Gaddis, en primer lugar, pertenece a aquella clase de escritores norteamericanos que se esconden como pueden de la prensa y del mercado literario. Una de la citas de Gaddis que da Rodrigo Fresán en el prologo de Ágape se paga, confirma esta afirmación: “un escritor debe ser leído y no visto”. Al mismo tiempo, los libros de Gaddis son en muchos sentidos un trabajo difícil, casi una misión imposible por sus citas sin comillas, la constante referencia a personajes, el extraño uso de puntos y comas y un largo etcétera. Gracias a dios y al Internet que los fanáticos de Gaddis han creado un sitio para explicitar todas las fuentes y referencias en su obra.
agape-se-pagaSin embargo, y pese a todas las trabas expuestas, Ágape se paga puede ser comprendida, en muchos sentidos como un libro sencillo. La historia es, en principio, simple: Jack Gibbs, un hombre agonizante en ¿Un hospital? ¿Su propia casa? construye una diatriba salvaje contra la automatización del arte y su consecuente proletarización, como una forma de salvar a la también agonizante élite de los cambios bruscos que ha sufrido el siglo XX, ejemplificando toda su idea con el nacimiento de la pianola. Como explica Rodrigo Fresán en su prólogo, la obsesión de Gaddis por la pianola es antigua. De hecho, en 1951 escribió un cuento sobre la pianola que ha sido recientemente traducido en la revista Letras Libres. El interés de Gaddis fue acrecentándose, recopilando todo el material posible sobre la pianola, y desarrollando en vida un ensayo que fue derivando en esta novela póstuma. De este modo, la pianola se explica como obsesión y también como excusa para hablar de todo lo que un hombre moribundo puede querer expresar.
Por lo mismo, Ágape se paga es un libro que puedes comprender en las primeras páginas y que si quieres, puedes dejar de inmediato. No hay nada complicado ni original en el sermón que Jack Gibbs nos da en las ochenta páginas en que transcurre su monólogo. Ya lo dice Joseph Tabbi en su excelente postfacio: Walter Benjamin escribió mejor que él sobre la automatización del arte, y en términos de crítica literaria, parece ser mucho mejor Los Falsificadores, de Hugh Kenner. Al mismo tiempo, la historia transcurre aparentemente sin sobresaltos, no vas a saltar nunca de emoción al leerlo. En el fondo, la novela de William Gaddis no es una historia, sino un momento preciso pero prolongado, en el que Jack Gibbs se debate frente la muerte, a su soledad, y a sus propias objeciones.
gaddis01En ese sentido, la virtud de Ágape se paga consiste en el peculiar placer que nos otorga Gaddis. Consiste, básicamente, en someternos a la desdicha de un personaje en sus últimos instantes, destinado a hacer de sus últimas palabras una queja, pero al mismo tiempo, mostrarnos un hombre que disfruta y es feliz en el ejercicio de esa reflexividad, de su conocimiento excluyente y de su sentimiento reaccionario y que, en el final de la novela, permite vislumbrar su propia incertidumbre sobre sus cavilaciones. En el vértigo de su muerte, Gaddis construye a la perfección un personaje dotado de una fuerza brutal pero consciente, de una irascibilidad desesperada y de un amor infinito hacia un mundo que se aleja para siempre. El placer, entonces, de Jack Gibbs, consiste en publicitar su propio lenguaje privado, mientras que nuestro placer (el de los lectores) radica en vivir ese momento, acercarnos a ese lenguaje lo más que podamos y advertir los sutiles cambios de ánimo que vive Gibbs en los momentos de su penumbra.
Por esas razones, Sexto Piso acierta, y pese al riesgo ya mencionado, es probable que quien tome a Gaddis quede encantado. Pese al esfuerzo, pese al tiempo gastado.

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  1. By Agape se paga de William Gaddis « Hueders on 28/10/2009 at 4:33 pm

    [...] Octubre 28, 2009 · Dejar un comentario Comentario de Cristóbal Carrasco en 60 Watts [...]

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