Por Lissette Fossa
La Nube, Europa y Hombre
Por Lissette Fossa
Si de la literatura oriental se sabe poco por estos parajes, menos se sabe de poesía coreana. Como una ignorante más al respecto, me enfrenté a la obra de un poeta coreano llamado Chunsu Kim (1922-2004), uno de los más destacados del siglo pasado. En español hay algunas traducciones de sus obras, entre ellas “Poseído por Dostoievski”, “Razón de las sinrazones” y “Poemas”, una antología con versos de la mayoría de sus publicaciones.
Cuando uno descubre buena literatura, es como despertar de un letargo, del sueño de la cotidianidad. Kim es un poeta que no sólo apela a lo irracional, a imágenes que permanecen en la retina y que luego se lleva nuestro inconsciente (haciendo referencia a los haikus y sus “fotografías” ante la vida), a la lógica de los sueños como único referente e inspiración, sino que a la vez, fusiona este mundo onírico e irracional con conciencia social y su impotencia ante las injusticia de la guerra y la pobreza.
Chunsu Kim vivió dramáticamente la invasión japonesa en Corea antes y durante la Segunda Guerra Mundial, hasta el punto de ser detenido y encarcelado por criticar la colonización japonesa en su país. Cuando sus carceleros notaron que por las torturas y maltratos no sobreviviría, fue dejado en libertad. Se refugió en un templo budista y a pesar de todos los pronósticos, vivió para contarlo. Después de ser espectador de la Guerra de Corea, hecho que marca su obra poética, comienza a desarrollarse en el ámbito académico y literario, destacando como uno de los artistas coreanos más importantes del siglo XX. En 1994 se aparta de la universidad y la vida pública para dedicarse completamente a la poesía, hasta su muerte en el 2004.
En realidad, todos estos datos (que parecen más una historia de novela) nos sirven para darnos cuenta que Kim nos habla desde la experiencia. Desde aquel conocimiento, aquella sabiduría, que sólo lo dan los años. Y es un observador, un narrador a la vez, del dolor de una existencia que parece perder sentido a la hora de ver batallas, de ver niños muertos desangrándose en las calles, ciudades vacías, casas y recuerdos que desaparecen para siempre.
El autor definió su poesía y su vida, como un constante conflicto entre Freud y Marx. Según algunos, el padre del psicoanálisis habría ganado esta batalla en la cabeza de Kim, sin embargo a mí me parece que la respuesta no es más que una creación nueva, una síntesis que deja lo racional, sin alejarse de aquellos desvalidos que la sociedad no quiere ver, un estilo propio de Chunsu Kim que no tiene nada que envidiarle a Marx (que ciertamente, carecía de sentido poético, que pena Carlitos…) y Freud.
Kim, dentro de sus dilemas filosóficos con respecto a estos dos alemanes que guían su pensamiento, apela a imágenes y símbolos universales. Su búsqueda lo lleva a Europa, continente desde dónde saca, como quien saca arena de una playa desierta, fragmentos de la historia, ciudades de España y un poco de religión. Entre sus líneas encontramos a Madrid, Dostoievsky, Jesús y Unamuno. Por esta razón, el coreano dedica gran parte de su obra a “la nube y la rosa”, ambos típicos referentes de la poética asiática y europea. La nube ha servido a muchos autores chinos, coreanos y japoneses, como metáfora de lo efímero, de la espiritualidad y la divinidad, temas frecuentemente tocados por los literatos asiáticos, mientras que la rosa, en occidente, generalmente se ha relacionado al amor, a lo femenino y fertilidad. Kim pronto deja ambos símbolos de la poética para crear sus propios referentes, aquello que lo llama a cuestionarse sobre el mundo moderno; Un ejemplo es este poema inspirado en un cuadro de Chagall.
La nieve que cae en la aldea de Chagall
En la aldea de Chagall nieva en marzo.
Del varón que de pie espera la primavera,
Las venas, de nuevo visibles en sus sienes,
laten.
La nieve cae, alada,
Cubriendo los tejados y las chimeneas
De la aldea de Chagall
Y tocando las venas de nuevo visibles
En las trémulas sienes del hombre.
Si nieva en marzo en la aldea de Chagall
Los frutos invernales tan pequeños como caca de ratón,
Se tiñen de nuevo de color olivo
Y por la noche las amas de casa
Alimentan en el fogón
El fuego más hermoso del año.
Es casi gracioso cómo, mientras autores latinoamericanos y europeos se inspiran en la cultura oriental para encontrar un sentido de “totalidad”, de conexión con un todo y de una mirada más enfocada con la espiritualidad (más como un camino, que como meta…), autores cómo Kim adoptan la cultura moderna y se instalan desde el pensamiento europeo para mirar hacia la existencia individual, al existencialismo. Su mirada sigue siendo la de un asiático ante lo “occidental”, así como la nuestra sigue siendo un análisis demasiado “occidental” como para comprender la sutileza de su poesía. Pero esto también tiene su ventaja, porque la manera en que disfrutamos cada uno de los versos de Chunsu Kim es comparable a la manera en que degustamos de un manjar gastronómico asiático, con alguno que otro ingrediente europeo: Sutil, extraño, único, sabroso y diferente.
Sin duda es un artista que parece manejar con astucia los dilemas existenciales que le presenta el siglo XX, las imágenes terribles de la guerra y el hambre, con aquellas preguntas infantiles que guardamos en nuestra intimidad: con ello, tiene la capacidad de dedicarle palabras ya sea a las nubes, Dios, Madrid o un pedazo de pan.
Dios Mío
Querido Dios mío, tú
Eres una triste pena vieja.
Eres un pedazo grande de carne colgado en la carnicería.
Eres una olla de latón,
Sumergida en el corazón de la mujer eslava, ésa que el poeta Rilke encontró.
Querido Dios mío, que no puedes morir
Y a quien no pueden matar los clavos en las palmas de las manos:
Tú, además, eres la pureza infantil
Que se quita la ropa aún de día.
En marzo
Eres el viento de color verde otoño
Que se levanta entre las hojas del olmo joven.

4 comentarios
Excelente analisis y presentacion.Creo que es un gran descubrimiento de este poeta.
Quizas me puedes aclarar ..porque tanta obsesion de los escritores orientales con la Nieve.
Recomiendo leer a Leopoldo Maria Panero, quien es poeta, cuentista, no tiene nada que ver, pero tambien es excelente y estuvo en Chile.
Felicitaciones
Buen artículo. Para eso deberían servir todos los portales de libros; para compartir lecturas, divulgar esos pequeños descubrimientos que nos hacen recordar que una vida completa no es suficiente siquiera para alcanzar a leer a los mejores exponentes de cada lengua. El resto es un añadido.
Sólo me queda agregar que esos cuestionamientos poéticos o filosóficos no son infantiles, son cuestionamientos siempre abiertos, latentes e irresolutos, que a veces debemos callar por encontrarnos en medio de un paradigma de pensamiento que nos obliga a callarlos. Pero nunca dejan de estar allí.
Qué bonito artículo. El poema de la nieve está tremendo. Habrá que buscar más de este señor en la web.
Sí, poco se sabe de Oriente en general, pero es cierto que al leer traducciones de poemas orientales, como el caso de Chunsu Kim, me pude adentrar a una atmósfera meticulosa, lenta, descriptiva pero no exesivamente adornada…Potente.
Supongo que son intensiones particulares en poéticas Orientales.
Muy buenos poemas…
“Y por la noche las amas de casa/ alimentan en el fogón/ el fuego más hermoso del año.”