Crítica: Samanta Schweblin

Por Cristóbal Carrasco

Lo fantástico, lo silencioso

Cristóbal Carrasco

samanta_schweblinEn la crónica Una gira supuestamente divertida con escritores argentinos que nunca volveré a hacer, escrita por Patricio Pron para Etiqueta Negra, la escritora Samanta Schweblin siempre se muestra callada y apartada del resto de los escritores –entre ellos, además de Pron, Diego Grillo Trubba y Juan Terranova– que conformaban la gira promocional en España de la antología La joven Guardia, una recopilación de escritores argentinos lanzada por Norma. Patricio Pron la describe de la siguiente manera: “en los días siguientes, no iba a escucharle decir mucho, ni en público ni en privado: Schweblin se deslizaba en silencio como el hilo dental por la boca descuidada de la nueva literatura argentina.” En la crónica, mientras todos se pasean, comen, comentan y sacan cuentas alegres sobre la gira, Schweblin calla y escucha (o quizás ni siquiera escucha) lo que dicen los demás.

De acuerdo al artículo de Pron, la gira fue vergonzosa no sólo por el comportamiento de sus compañeros o el silencio de Samanta Schweblin, sino por un ánimo común, una esperanza remota de lograr un sitio dentro de la literatura latinoamericana. La búsqueda de ese reconocimiento –a través de acuerdos con agentes, más publicaciones, presencia en mesas redondas– parecía ser el único objetivo de la gira. El cuestionamiento de Pron –no sólo respecto de los otros escritores que lo acompañaban, sino también de él mismo– es respondido en cada frase que compone su artículo: todos los escritores forman parte de ese mundo, todos luchan por ganarse ese mínimo espacio de referencia y reconocimiento y eso es, en gran medida, la forma de hacer literatura hoy en día.

pajarosgPero Samanta Schweblin calla. Y no sólo durante esa gira. En la presentación de su último libro de relatos Pájaros en la boca (Emecé, 2009), Samanta escuchó a los escritores Guillermo Martínez y Liliana Heker explicar sus cuentos, hacer relaciones entre ellos, discutir sobre sus fuentes, sobre los temas que abordan cada uno de ellos. Y al final, sin explicarnos nada, Samanta contó un relato, un relato que hablaba de su abuelo y de ella, cuando era muy pequeña. No dijo nada más salvo agradecer.
¿Y por qué calla Samanta Schweblin? Desde que el año 2002 lanzó su primer conjunto de relatos en el libro El núcleo del disturbio, una buena parte de la crítica argentina no ha parado de elogiarla. El lanzamiento su nuevo libro, que estuvo precedido por la obtención del premio Casa de las Américas el año 2008, no sólo supuso la confirmación de esos elogios, sino también una exigencia más elevada, mucho más seria. Sobre Schweblin no sólo recae ahora la obligación de hacer buenos cuentos, sino que también la de hacer una novela, de hacer las novelas suficientes para que se convierta en una escritora de “verdad”. El conflicto, digamos, entre la pretensión de los críticos y editores y la verdadera vocación de Schweblin es quizás, una buena razón para callar.

samanthaY no es que Samanta Schweblin no tenga nadar que decir. Es bastante probable que los cuentos que conforman Pájaros en la boca no sean particularmente originales o interesantes, pero hay algo que yace en cada uno de ellos que merece siempre la pena recordarlos. En la mayoría de los cuentos de Samanta Schweblin hay una búsqueda por la precisión en su prosa que no sólo es correcta, sino que es necesaria para la diversidad de personajes que cohabitan en su libro. Desde el relato en primera persona de un niño en Papá Noel duerme en casa, hassta la narración de una mujer fantasiosa en El hombre sirena, o la excelente historia de Bajo Tierra, contada por un viajero que escucha a un anciano relatar la historia de su pueblo, los narradores funcionan como testigos comunes embrujados por las historias que los circundan. Son esos conflictos los que Schweblin maneja con una destreza envidiable, y son esos los puntos los que hacen a Schweblin una gran narradora de cuentos.
Pero hay algo más. Las historias de Pájaros en la boca se articulan constantemente –y en este punto es imposible no notar las influencias de Raymond Carver, Dino Buzzati o Julio Cortázar– sobre la base situaciones extraordinarias que en algunos casos no pretenden ser explicadas por el narrador, y en otros parecen ser ajenos a los protagonistas. Relatos como En la estepa o Cabezas contra el asfalto, son los mismos personajes quienes consienten en la extrañeza de su propia historia, y por lo tanto la connotación de fantástico se vuelve mucho más difusa, pues es parte del silencio que cada uno de esos personajes guarda. Sin embargo, cuentos como La medida de las cosas –que sitúa a los dueños de una juguetería frente un adulto amante de los juguetes– o Breve conversación con Coronelio, parecen usar la fórmula contraria: en la narración, el silencio es mucho menor y lo fantástico –más bien, la conciencia de lo fantástico– cobra más fuerza. El ingenio de Schweblin, entonces, no está sólo en callar, sino que en saber hablar cuando es importante hacerlo. Y esa destreza –que no es sino un ejercicio de sensatez– no se advierte sólo en sus presentaciones, en las entrevistas o en las giras promocionales, sino que la mayoría de los cuentos de Pájaros en la boca. .

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4 comentarios

  1. Israel Polanco
    Posteado el 21/08/2010 a las 3:41 pm | #

    La paz de Dios sea contigo
    Me gustaria saber como resume tu estilo

  2. Diego
    Posteado el 01/09/2010 a las 4:43 am | #

    ¿No será que no habla porque no tiene nada que decir? Los cuentos prueban que loque tiene para decir ni es interesante ni es novedoso. A mi me parece una escritora del montón y de su generación prefiero a Sonia Budassi y a Celia Dosio.

  3. Miguel Santoro
    Posteado el 08/09/2010 a las 1:30 am | #

    Yo leí sus dos libros de cuentos y, sencillamente, estoy esperando más. Me parecieron extraordinarios. Carece de todo lo que me molesta en la literatura argentina actual (pedantería, narcisismo disfrazado de autobiografia, banalidad llevada al paroxismo) y le sobra las mejores virtudes que históricamente han tenido los buenos cuentistas wrgentinos: ironía, precisión, capacidad para articular una historia que interese desde el principio al fin. El juicio de Diego sólo tiene una explicación. No la leyó.

    Miguel Santoro

  4. Sergio
    Posteado el 14/12/2011 a las 7:45 am | #

    A mí samanta Schweblin me parece una escritora fuera de lo común; capaz de hacer estilisticamente muy fácil lo complicado y con una imaginación fuera de lo corriente. No comparto que se la exija que diga lo que no desea ni, por cierto, que se se pida que escriba una novela como condición indispensable para que sea considerada escritora. Como si los cuentos o relatos cortos fueran un género menor de la ficción o como si (mucho más descabellado) una novela, por el hecho de escribirla y publicarla, le convirtiese a uno directamente en un virtuoso de las letras

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