Por Isidora Urzúa
¿Cómo están tus creaciones?
Por Isidora Urzúa
Hay fantasmas deslizándose por la calle alrededor de nosotros. Todos le pertenecen inexorablemente y la conciencia de eso parece no pesarle sobre la cabeza –los puede ver de reojo pero ya está acostumbrado y no se asombra por su presencia. Un grupo de colegialas nos avistan a lo lejos y nos siguen bien de cerca por más de media cuadra. Lo miran, cuchichean. Se ríen. Una de ellas se acerca más que las otras, inclina su nariz hacia él e inspira: la quedo mirando sorprendida y entonces salen todas corriendo. Él no se da cuenta de que lo olió una desconocida: hay fantasmas deslizándose por la calle alrededor de nosotros, los espejismos que Gonzalo Frías ha creado sobre sí mismo, y los que la gente crea en la dimensión del sueño cada vez que ve el 7mo Vicio.
Uno de los espectros que lo acompañan es un teórico musical, una eminencia en construcción y traducción de partituras de todos los estilos. De hecho es un gran compositor, es un pianista, guitarrista, baterista, violinista y director de orquesta, todo acumulado en la misma esencia ectoplasmática. Gonzalo dice que el 7mo Vicio no tiene un libreto, sino más bien palabras claves que lo guían al momento de grabar el programa. Justo cuando explica eso, su fantasma musical brilla con más fuerza que los otros: “son notas musicales a las cuáles quiero volver a llegar”, y es así que cada medianoche él y sus espíritus nos cantan al oído las entonaciones abstractas pero tan detalladas que hacen su creación.
El músico es el espectro aparentemente predominante, pero esa es una creencia vaga que se obtiene de una observación preliminar y superficial. Basta con fijar la vista, entrecerrar los ojos, intercambiar un par de frases, un par de risotadas y una taza de café con él, para darse cuenta de que el espíritu de Gonzalo se subdivide en más de una abstracción, y que cada una de ellas es tan importante como la otra. Existen –por ejemplo –el ser simple y el ser perfeccionista, dos entidades que batallan por supremacía: “No me gusta tener un pelo que ordenar, lavar, peinar, estar preocupado de algo así” –le acomoda ser pelado- “No te puedes no exigir nada que no sea del nivel de excelencia. Después tal vez no había nada a esa altura (de la sección Rosebud)” –planea meticulosamente cada instancia del programa.
Él trabaja –en conjunto con todos sus seres –día a día en la creación del 7mo Vicio. Ve películas, escucha canciones, lee libros y todo –cada idea, hilo conductor, genialidad ajena o gatillante interno –lo imprime en un (o dos o tres) cuadernos: “Hay muchos más Séptimos guardados en un cuaderno. Yo podría sacar mil hijos bastardos de ahí”. Gonzalo arma puzzles, corta escenas, agrega subtítulos, música, luego lo agarra todo, lo mezcla y remezcla con sus propias ideas y concepciones sobre la vida, la nada, el universo, y remata sacando este contenido al aire, expropiándose de su creación a través de la pantalla e imprimiéndolo en la pupila de a quiénes él llama “septimoviciosos”.
Historia Real: Gonzalo, una señora, una niña, otra señora y yo, estábamos en un café del barrio Bellavista. Él se tomó una bebida, yo me tomé un café (no, fue al revés). La señora estaba al otro lado de la caja y la niña tenía unos ojos grandes y el pelo liso tomado en una cola de caballo. Ninguna de las dos tenía nada que ver en nuestra conversación. Salvo cuando él las saludó con la cortesía de quién sonríe a sus vecinos. La otra señora era clienta, y tampoco influye en nada más que en este párrafo.
“Corrupción Sustentable”, pronuncia esas dos palabras y sonríe, y sus ojos parecen desaparecer, “cedes un poco y robas un poco para que el mundo gire entorno a lo que tú quieres que gire. Si no estaríamos tirándonos de cinco pisos todos los días, desilusionados de todo. Es un alivio para mí decir lo que quiero decir y mostrar lo que yo quiero mostrar en mis términos. Salirme con la mía”.
“Lucky Bastard”, pienso en mis adentros interiores subjetivos y me arrepiento casi al tiro de haber momentáneamente envidiado su libertad de acción. “Por eso amo a Via X, nunca me han prohibido nada”.
Esta Corrupción Sustentable es un término que inventó Nicanor Parra y que Gonzalo ocupa de brújula en el mundo de Los Otros. Básicamente quiere decir “dar hasta que vuelas”, y es el mantra con el que opera el fantasma de la adaptación mediada a la realidad ajena de la cuál no puedo escapar y desde donde tengo que obtener el sustento. Él se mide así: entrega lo que esperan que de, y aprovecha ese espacio de satisfacción de Los Otros –tal vez del sistema, si quieres entenderlo así –para poder expandirse y crear lo que él quiere, de la forma que quiere.
“Tiene mucho de autoindulgencia, pero no es egolatría”, explica Gonzalo y se pone serio. Mantiene la capucha de su polerón cubriéndole perfectamente la cabeza (pelada), y a ratos cuando se mueve, parece que se le va a caer y yo siento la emoción que me imagino experimentan los musulmanes antes de descubrir lo que el velo en la cabeza de sus esposas mantiene escondido. La Revelación –la virginidad perfecta, la autenticidad de la espera: ‘solo tú puedes ver mi cabello’ –es una emoción constante ante el vaivén de sus movimientos; pero al fin de cuentas Gonzalo no me la muestra, sólo me cuenta cómo es. “El objetivo es seguir viviendo, lo mejor posible, más alegre posible, tratando de tener vías de escape como esto, que ahora se llama 7mo vicio. Y hacerlo sin fotos, sin entrevistas o muy poco. El misterio reside en quién esta viendo, no en quién está creando. Las luces se despiertan en ti. Si se explicaran perdería todo el misterio”.
Entonces es como si con cada programa te estuviera infectando de luciérnagas mentales, insectos polinizadores de neuronas que fecundan los arenales creativos de tu conciencia, dejando que florezca en tu cabeza lo que tú –espectador –consideres justo y necesario crear… o destruir.
Los espíritus se acoplan, se juntan, se hacen uno. Entran todos en la cabeza de Gonzalo y a veces salen, uno a uno, para hacer un desfile ante quién tenga ojos para mirar. Hay algunos que son felices, otros que son altamente melancólicos, la mayoría son inestables, pero todos tienen el mismo cordón de plata que se proyecta físicamente en el ombligo del 7mo Vicio y es ahí, en los pixeles de la pantalla, donde encuentran su manifestación física inequívoca: la media hora de música, documentales, cortometrajes, entrevistas y cine, ese espacio de tiempo humano en el que los espectros se hacen reales al llegar al ojo del espectador.
Así es como Gonzalo se transforma en el médium de sus propios fantasmas, y con el orgullo con el que pavimenta sus pasos, sin querer nos plantea un reto personal –tú a tú, él a ti –:“¿Cómo están tus creaciones?”.
(Por supuesto que hay mucho más que decir sobre Gonzalo. ¿O crees que se puede resumir todo? Pero, ¿crees que puedo imprimir la esencia de una persona tan fielmente en un par de párrafos? Si me lo permites, quisiera agregar que, para poder contarte todo lo que escuché y sentí mientras me tomaba un café con él, tendría que escribir una novela. Como –por ahora (talvez) –es imposible que me embarque en una empresa de tal magnitud, tuve que hacer una selección selecta escogida de lo que fue conocer a Gonzalo Frías. ¿Quieres saber algo más? Bueno, entrevístalo tú.)
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2 comentarios
Qué buena crónica !!
EN realidad no he visto mucho el 7 vicio, aunque recuerdo una frase que dijo una vez el entrevistado que me encantó “EL que esté libre de rarezas… ” … que tire la primera piedra. Esa es la gracia de la corrupción sustentable creo, y de “dar hasta que vueles”, dejar el mundo de las desilusiones terrenales para poder mostrar en el cuadrado vacío q es la televisión las rarezas y oscuridades que tenemos todos. Es un alivio comunitario ver esa parte de nosotros reflejada en la pantalla, grande Gonzalo Frías por eso !! jajajj…
me acuerdo que en ese mismo programa contó sobre su abuela que siempre estaba triste, hasta que le dio alzheimer y se olvidó que era triste, y la vio feliz por primera vez. Bonita imágen para entender las rarezas y las enfermedades, la ¿indeferencia? del destino….
esas son luciernagas mentales que quedaron polinizando los arenales de mi conciencia después de ver su programa.
Como entrevista un asco.