Crítica: Postales de invierno

Por Diego Zúñiga

Una comedia profundamente triste

Por Diego Zúñiga

postalesDesde hace un buen tiempo que detesto casi todas las reseñas o críticas que hablan en primera persona. Siento que no debe importar el yo en las reseñas, que lo que debe resaltar es el texto o autor sobre el que uno habla. Desaparecer. Esa es la palabra que me parece mejor asociada al reseñista/crítico.
Claro, hay excepciones notables de autores conocidos y no tan conocidos que escriben desde el yo, a quienes leo con gusto y admiración. Pero son excepciones y nada más.
Digo todo esto, en primera persona, para contar cómo llegué a Postales de invierno, de Ann Beattie. Sí, es cierto que estoy pecando desde la primera persona, pero me parece importante relatarlo porque creo que habla del poder de la novela en sí. Una novela de amor tristemente bella, o mejor dicho tristemente graciosa, en palabras de Rodrigo Fresán.
Sí, se los advierto: acá aparecerá Fresán muchas veces, porque Fresán escribió el prólogo, porque Fresán siempre están delante de nosotros, lectores, y porque, finalmente, él es una de las claves de cómo se llega a la primera novela de Ann Beattie.

Soundtrack indie/folk
La historia es así: era tarde, cerca de la madrugada en realidad. Ya no tenía ganas de seguir escribiendo. Punto muerto. Comencé a ver videos en Youtube. Casi siempre cuando ocurre eso busco nuevos videos sobre Elliott Smith. Es la tristeza de saber que nunca lo podré ver en vivo. Pura afectación invernal. El tema es que después de esa búsqueda sigue google. Releer los artículos notables que escribió Fresán sobre Smith, buscar algún detalle que se me pudo haber pasado. Y luego más google con el argentino y el norteamericano. Hay una entrevista, dicen, sí, una entrevista que le hizo Fresán a Elliott Smith. Quién sabe dónde podrá conseguirse. Yo siempre la busco cuando es de madrugada y no sé qué hacer. Y claro, entre esa búsqueda llegué a un prólogo. Al prólogo de Postales de invierno, escrito por Fresán.
Y ahí comenzó todo.

elliot460Es un cameo. Un cameo de Elliott Smith y Bon Iver que hay en el prólogo. Una frase que aparece en un pie de página. Así de pequeño el detalle, así de breve el instante cuando todo cuadra y yo entiendo que Postales de invierno es la novela que siempre quise leer. Una novela de amor generacional. Los setenta. La resaca de los sesenta, de Woodstock, de la locura y el delirio. Personajes encerrados en una ciudad invernal, nevada, triste pero nunca afectada.
La cita a Elliott Smith estaba relacionada con la importancia de la música en la novela de Ann Beattie. Fresán contaba que la novela termina siendo un precedente para todo el cine indie norteamericano (Wes Anderson y cía) y también para la música triste de cantautores como Elliott Smith, Bryan Adams y Bon Iver.
Eso bastó para que yo entendiera que debía leer la novela con urgencia.
Y un detalle más: en alguna parte del prólogo o de la página de donde logré leer el prólogo aparecía que existía un Myspace de la novela con temas de Lennon, Dylan, Cohen, Elvis, y los Beatles, entre otros.
Sí, imposible resistirse a una novela escrita hace tantos años y que tenga un Myspace.
Pura onda, puro estilo.

El humor y la tristeza

girl-car-window_580x435Luego de ese prólogo epifánico vi que en la página de Libros de Asteroide se podía descargar el primer capítulo. Un primer capítulo notable donde quedan claro 2 cosas que se repitirán a lo largo de la novela: 1)La importancia de los personajes que ya en esas pocas páginas se delinean completamente. Personajes entrañables. Y 2)La música y los referentes culturales como ejes centrales de la historia de estos jóvenes norteamericanos.

Aunque esto debe quedar claro desde el comienzo: acó no hay historia, pero sí personajes con historia. Por eso es difícil tratar de contar el argumento de una novela que se asemeja muchísimo a Seinfeld. Sí, esa sitcom que no se trata de nada, pero que trata de todo. Y la similitud no es gratuita: así como todos aman y recuerdan a George Constanza, Kramer y Jerry Seinfeld, al terminar de leer Postales de invierno todos aman y recuerdan a Charles, Laura y Sam. Hay algo de todas las sitcom que se hicieron en los últimos años. Basta pensar en The Office y esa sensación de risa y tristeza que surge en cada momento.

Confesión: la última vez que vi un capítulo de The Office me dio más pena que risa. Y con Postales de invierno pasa eso: uno se ríe con los personajes, con sus pequeños dramas, pero finalmente la sensación que queda es de tristeza, de inmensa tristeza.

OUT046952Ann Beattie apuesta por la creación de estos personajes, por sus historias, por sus fracasos, sus tristezas y su cotidianeidad. Acá no hay nada extraordinario, acá hay jóvenes que pasean por una ciudad nevada, deprimidos, cansados, perdidos muchas veces. Charles está enamorado de Laura, fue su amante pero ella decidió volver con su marido. Sam, el mejor amigo de Charles, acaba de ser despedido de un trabajo de mierda y su perra murió hace poco tiempo. Clara, la madre de Charles es hipocondríaca y depresiva y está emparejada con Tod, un hombre que piensa que si hubiera tenido hijos propios lo hubiesen querido más que sus hijastros Charles y Susan.
Ann Beattie es capaz de mostrar la desazón de un grupo de jóvenes que no alcanzaron a ir a Woodstock, que no vibraron con aquella época mítica y que sólo se dedican a comer, beber y pasear en auto, mientras se lamentan por no estar con la mujer que aman y en una ciudad sin nombre no deja de nevar, no deja de hacer frío. Y mientras todo esto ocurre, ellos, Sam y Charles, esperan que salga el último disco de Bob Dylan que nunca nombran, pero que no puede ser otro que el notable Blood on the tracks. Sí, ese mismo disco que habla de amor y desamor, de separaciones y reencuentros, igual que Postales de invierno, es el disco que los protagonistas están esperando que aparezca, que les cambie la vida, que les diga algo que los haga reaccionar.
Y acá volvemos a Fresán: todo ese fanatismo por citar escritores, músicos y cineastas que se logra ver en sus libros, bueno, provienen, creo, en gran parte por esta novela que funciona así, a través de citas pop pero con una gracia: acá no hay impostación ni onda, acá lo que hay es una fotografía de unos jóvenes que vivieron en una época determinada y que consumían cultura en el tiempo real. Acá los personajes encienden la radio y escuchan lo que proviene de ella. La cultura es algo que les pasa, y por eso la novela de Ann Beattie parece tan natural, tan simple, como si esta historia le pudiera pasar a uno, como si estos personajes fueran los amigos de tus amigos.
Pero ya no hablo más.
Los dejo acá con el prólogo de Fresán que, por supuesto, dice mejor que yo todo lo que he intentado decir.
Y también les dejo el primer capítulo. Después de leerlo es difícil no querer buscar la novela.
Y acá está la banda sonora de esta novela que sí, por favor, alguien debería adaptar ahora, ya.

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2 comentarios

  1. Posteado el 31/08/2009 a las 12:22 pm | #

    y la escribió en tres semanas

  2. Posteado el 27/09/2009 a las 3:45 pm | #

    Me recuerda a la Anne Tyler de Si llega a amanecer.

    Saludos,

    CGO

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