Crítica: Quemar un Pueblo

Por Daniel Hidalgo

Raros

Por Daniel Hidalgo

El circo como espectáculo de fenómenos ha dado un par de buenas obras en las últimas dos décadas: pienso en el primer disco de Mr. Bungle, en la injustamente cancelada serie Carnivale de HBO, o en la cinta El gran pez de Tim Burton basada en la novela de Daniel Wallace, e incluso en aquel emblemático videoclip de Fito Páez que MTV pasaba hasta la saciedad en los noventas, Circo Beat, y cuya escena que más recuerdo es la de la mujer que tenía labios cantores en lugar de pezones. Quemar un pueblo (Alfaguara, 2009), la más reciente entrega de Patricio Jara –y tercera en lo que va del año– se une a esta vasta tradición, la de un espectáculo itinerante que, de pueblo en pueblo, sorprende a sus pobladores a punta de excentricidad y anomalía.

La novela nos narra la odisea sudaca que un grupo de seres, marginados de los esquemas socio-culturales por sus malformaciones físicas, emprende en la segunda mitad del siglo diecinueve con el fin de poder trabajar en lo único que podrían hacer bien: entretener a la gente basándose en sus aberrantes defectos. Entre ellos encontramos a Lucio Carbonera, un señor corales trafica y el microempresario del circo; a los siameses unidos por el cuerpo y diferenciados sólo por las cabezas, Dámaso y Gastón Ildefonso; a Alcides, el joven-anfibio; y a Oliverio, un hombre cuya cantidad de pelo lo asemeja a un perro o a un lobo.

quemar-un-pueblo-pjaraCuatro ejes toma la historia de Jara, separadas por los capítulos Asunción, Lima, Arica y Cristo de la Roca, que a su vez es la gira que realiza el espectáculo. La primera nos rinde cuentas sobre la experiencia de ser un fenómeno, al mismo tiempo que nos declara que la única escapatoria es la de asumirse como uno y dedicarse a cultivar, por medio de la entretención, su figura de rareza. Luego viene un capítulo sobre la producción de cerveza y la entrada de esta industria artesanal a nuestro continente por medio de emigrantes holandeses. Sigue la historia de la esclavitud de negros en un pueblo sumido en el autoritarismo más patético. Finalmente, el circo, los negros, los raros y la cerveza llegan a Cristo de la Roca, un pueblo condenado de esos que la tradición latinoamericana nos tiene acostumbrados, y que nos enfrentará a una tragedia de carácter revolucionario, cuyo clímax asemeja las catástrofes garcíamarqueanas e incluso a la película Magnolia de P.T. Anderson, sin huracanes ni ranas, sino de osos que salen del mar.

Las páginas de Quemar un pueblo huelen a Tod Browning, y claramente a David Lynch, pero también a ratos a esos monstruos infantiles e infalibles creados por Lewis Carroll, a ese absurdo cotidiano que por medio de la figura anómala, y cercana a la locura, nos hace cuestionar como sociedad ¿Quiénes son los raros, realmente? Eso está muy claro en la novela de Jara, y es su mayor fuerte, el profundo cuestionamiento sobre los prejuicios fascistoides que acostumbramos a sostener culturalmente, un eterno pueblo sudamericano, provinciano y tercermundista, que castiga la diferencia o la valida sólo cuando le es productiva: los negros son esclavos, los fenómenos son atracciones de circo. Insisto en el tema de Carroll, obras como esta nos enfrentan a ese espejo que la pequeña Alicia, aún sin la privatización o sabotaje cultural de Disney, tuvo que enfrentar.

file_2009828111534Patricio Jara agrega su circo, plagado de pequeños grandes personajes, a la galería de mutantes de la literatura chilena, al lado de Alsino de Prado, al Imbunche donosiano de El obsceno pájaro de la noche, al Pata de Perro de Droguet, a un Chile que se debate entre lo mítico y lo monstruoso, entre la exclusión y la violencia. Una literatura sobre la diferencia, sobre la vida y sobre las jerarquías. Pero además dado a su contenido subversivo, la novela tiene cierto coqueteo con la insigne Hijo de ladrón de Manuel Rojas. Otra tradición local: la literatura incendiaria. No es azaroso que el libro de Enrique Lihn que estudia la literatura chilena se llame El circo en llamas, entonces.

Dos combos. Uno, la novela de Jara tiene un lenguaje impecable, una velocidad que no se vio en la narrativa chilena publicada en todo lo que va del año, una escritura que neutraliza la huella temporal pero que funciona a favor de una historia que se construye de imágenes puestas en secuencia y en concordancia con la búsqueda a ratos abúlica de sentido que emprenden los protagonistas de la novela. Pero por otra parte, combo dos, nos enfrentamos a una novela profundamente punk. Escrita con desechos, desde el borde, ensamblada, subversiva y potente como una canción de The Adicts. El pueblo es Chile. El circo, nuestra cultura. Ya sumisos en la tradición del espectáculo, las normativas del marketing, de los programas de farándula controlados por un ex Patria y Libertad, de los video juegos que valen dos o tres sueldos mínimos, del periodo de elecciones, de la Concertación y sus eternos andamiajes y trabas de lengua. Esta novela es punk porque un combo en la quijada siempre es punk. Quemar un pueblo es quemar un país. Que arda Chile. Felices fiestas patrias atrasadas.

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7 comentarios

  1. Gonzalo
    Posteado el 26/09/2009 a las 9:44 pm | #

    buena la crítica, con esto dan ganas de leer.:)

  2. jimmy
    Posteado el 27/09/2009 a las 5:48 pm | #

    Me dieron ganas de leerlo. Yo leí “El Exceso”, el otro libro de este escritor y es la zorra… ¿no lo regalan?

  3. Rodrigo
    Posteado el 28/09/2009 a las 9:19 am | #

    Mijitas ricas las de la foto ah.

  4. daniela
    Posteado el 05/10/2009 a las 5:23 pm | #

    LO MEJOR ES EL OSO QUE DEJA LA CAGÁ EN EL PUEBLO!!!

  5. Posteado el 06/10/2009 a las 4:14 pm | #

    Ya había leído el primer capítulo de Quemar un pueblo en la página de Pato Jara, y la idea de la exposición de freaks en la base de la trama me pareció notable… pero, ¿Osos saliendo del mar? es que tengo que leerlo ahora!

    Notable la comparación a las películas, por cierto, está bien que los estilos del arte dejen de ser delimitados como sectoriales y que cada obra se nutra y se la reconozca como el producto de la multiplicidad de influencias adquiridas en otras ramas del arte, que se la reconozca como un todo.

    buena crítica, incita a leer!

  6. Rob Carrasco
    Posteado el 09/10/2009 a las 6:00 pm | #

    MMmmm… interesante, habrá que leer, entonces.

  7. carolina
    Posteado el 09/10/2009 a las 8:51 pm | #

    Este escritor vive cerca de mi casa, siempre lo veo con su guagua en un coche. No tenia idea que era escritor.

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