Por Lissette Fossa
La vida de un loco
Por Lissette Fossa
Desde el primer día de su existencia, Akutawaga estaría marcado por un destino colmado de alucinaciones e incertidumbres. El año 1892 su madre dio a luz a este niño débil físicamente y que crecería taciturno ante la psicosis de su madre e indiferencia de su padre. Ella muere cuatro años después. El niño es adoptado por su tío y su infancia está marcada por las recriminaciones de su familia, que lo consideraba tan loco como su progenitora. Es irónico que su lucha por demostrar su cordura lo haya llevado a la misma locura.
Su literatura divaga entre la confirmación de su propia demencia y una racionalidad casi escalofriante para notar los cambios trascendentales que vivía Japón en ese momento, ante un progreso armamentista que antecedió lo que sería la invasión nipona en Asia. Mientras Japón se fortalecía cada vez más con una economía potente y una fuerza militar gigantesca, Akutagawa parecía apagarse lentamente, a pesar de que su literatura destacó desde sus inicios.
Muchos creen que Akutagawa es un escritor “occidentalizado”. En él podemos ver la influencia del realismo y de varios escritores europeos. Incluso entre sus palabras, uno puede sentir los sabores de autores como Borges y Baudelaire. Sin embargo, dejarse llevar por esta idea es un error: Akutagawa no es más que un hombre sufrientemente sensible que ha notado el sin-sentido de su época, que ha sentido el pesar existencialista respirándolo en cada momento y su manera de asumir la condena de ser humano es escribir desde ese sentimiento, desde la soledad y el vértigo que le produce el mundo. Un hombre demasiado cuerdo para ser feliz y demasiado loco para que lo tomaran en serio
A pesar de la influencia de otros autores en su obra, la sutileza en los detalles , los gestos y las actitudes sociales que sus personajes ostentan no pueden ser más asiáticos. Aunque el autor no se casa ni con el nacionalismo japonés ni con el extranjerismo, sin duda camina por una ruta llena de ideas sobre la vida, la muerte, el honor y las relaciones, que son parte de su cultura. En mi opinión, decir que es un escrito japonés “occidentalizado” es simplificar la genialidad de un gran artista, que va más allá de los límites de los países, que escribe desde la pasión por la existencia, la vida y la muerte.
Esa pasión, que lo obliga a sentir el dolor y la indiferencia en sus entrañas, es lo que termina por matarlo. Me atrevo a decir que con los años el escritor va escribiendo relatos más autobiográficos, llenos de una poesía siniestra. Su sentimiento de nihilismo ante la vida está plasmado, sobre todo, en Vida de un Loco, una recopilación de relatos marcados por la depresión y la desintegración de la realidad, la misma que comenzaba a atormentar a Akutagawa en sus constantes alucinaciones y pesadillas. La idea del suicidio ronda en sus personajes. La locura no es más que una manera de vivir, sólo una pasión desbocada y placentera. A sus treinta años escribe:
“Para que no le importara cuándo moriría, su deseo era vivir una vida intensa. Pero en realidad su vida era una constante deferencia a sus padres adoptivos y a su tía. Esa sumisión formaba tanto la luz como la sombra de su ser. Estudió el maniquí del escaparate de la sastrería, curioso por ver hasta qué punto él se le parecía. Al menos, conscientemente… Su otro yo ya había resuelto la cuestión. En un cuento.”
La Vida de un Loco tiene una serie de relatos cortos, a veces poemas, que muestran el diario vivir de un hombre atormentado por la esquizofrenia y una rutina que le aburre. El personaje, un talentoso escritor, se funde con el autor. Akutagawa ya no quiere vivir. De a poco, va mostrando que la tristeza que llenaba su vida en su juventud lo ha abandonado. El dolor era mucho mejor que la nada. La depresión lo hacía sentir más vivo que la indiferencia. El sentimiento de vacío es tan absoluto que se hace insoportable, y el lector es atrapado por la locura del protagonista, quien se centra en detalles morbosos, disfruta con sus tribulaciones y es atraído durante horas por las formas de lo cotidiano: una botella, la lluvia, el pasto, el barro.
Ryunosuke Akutagawa acaba con su vida en 1927, a los 35 años, con una sobredosis de pastillas. Deja una carta escalofriante por la insensibilidad que tiene ante su propia muerte: “Una vez que me decidí por el suicidio (no lo considero un pecado, como los occidentales), busqué la manera menos dolorosa de llevarlo a cabo. Por ende descarté ahorcarme, pegarme un tiro, saltar al vacío y otras modalidades de suicidio por razones estéticas y prácticas”. Luego agrega: “Parece que esta fuerza animal, se ha escurrido gradualmente de mi sistema, a juzgar por el hecho de que tengo tan poco apetito por la comida y las mujeres. El mundo en el que vivo es el de los nervios enfermos, lúcido como el hielo. Esta muerte voluntaria debe darnos paz, si no felicidad”. Sus últimas palabras cargan con una tranquilidad que no aparecen en sus cuentos, y que sólo es explicable por la cercanía de un descanso mortal.

7 comentarios
Que
Feliz
coincidencia.
“La mano que empuñaba la pluma había empezado a temblar. Babeaba. Su cabeza sólo tenía alguna claridad después de una dosis de ocho milígramos de Veronal. Y entonces, sólo por media hora o una hora. En esa semioscuridad día a día vivía. El filo mellado, una espada muy delgada como bastón”
(R.A- Vida de un loco/ Derrota)
muy bueno el escrito se nota claro y entendible que uno se imagina que tipo de libro puede ser y que persona un genio loco pudo haber escrito eses libro.
te felicito mi amor!
Me recuerda a la autora neozelandesa P’tokee Kinaqe, un poco desconocida en Chile, y su texto me la recuerda en realidad por una tontería: el ordenamiento de los párrafos. Aunque traducir su obra como “La vida de un loco”, me parece un evidente signo de preferencia por el final del autor, cosa que deja en claro otras opciones menos favorables al respecto de los autores que amamos: la obra marxista de Cortázar por sobre la obra patafísica; el testamento de Bolaño por sobre su fe en un futuro mejor; la última locura de Kurt Cobain, In Utero, por sobre la traición del editor e integrante de Slayer, Bruce Dickinson, en el archiconocido álbum ícono de los noventas… Nevermind.
Pregunta:
Si el único signo de locura conocido es la mentira, ¿están todos los escritores locos?
Ahí la dejo, a ver si alguien se anima…
muchas gracias, gran crónica de uno de los grandes. otro texto que dibuja a un loco frenético es su clásico el biombo del infierno, una pieza indispensable y un poco, a mi juicio, opacada por el texto citado y por rashomon que inmortalizó kurosawa.
definitivamente uno de los grandes del japón y de mis consentidos.
los elegidos, los auténticos genios dejan el mundo rápido al parecer.
Alguna vez perderemos ese temor ilógico, irracional a la locura. Ese
cuidado atento a resaltar las líneas que marcan la cordura de lo insano.
Alguna vez perderemos el cuidado y nos dejaremos deslizar libremente por
fuera de las etiquetas que denotan las palabras mal habladas. Y quizás
naufraguemos por esas sensaciones incontrolables y la locura nos arrastre a
mundos locos, con locas experiencia, locos aledaños, locos escaños
ascendentes hacia estantes carentes de sostén y libros sueltos,
desparramados y frases incoherentes sin sentido y nos animemos a
imprimirle el único sentido cierto e irreductible, el nuestro y si no
pega con el resto de la sociedad, organicemos una fiesta de disfraces asi
no tenemos que andar dando explicaciones de quiénes somos sobre todo con
pocos documentos que denoten identidad alguna.Una fiesta donde podamos no
ser nadie y que a nadie le importe y si a alguien le importa…que me importa!
En la casa de quién la hacemos? en la de Akutasagua ya no, pero me voy a
sumergir en sus textos y que mejor fiesta!!!
alguien sabe que significan las pelucas que fabrica la vieja y a quien reprecenta la vieja
¿ cual es el verdadero significado de arrancarle el cabello a los muertos y hacer pelucas?