Comic: Los Borgia

Cómic: Los Borgia

Por Andrés Cea

Sentado frente a su computador, con el gestor de descarga lleno de links para la semana, se dispone a lo que vendría a ser el momento más importante del día: el momento sin vida. Después de horas y horas de un trabajo monótono y aburrido, qué mejor que sentarse frente al pc a leer historias dibujadas llenas de fantasía, llenas de drama y llenas de vida. Una vida que no es la suya y que por lo mismo adora.

Echado en su cama, una bandeja con un pedazo de pan y mantequilla a un costado (fin de mes) y la última lata de cerveza vacía, señal de que todo está listo y dispuesto para sumergirse en el mundo de las historietas.

Primero, lo esencial: la elección del comic. A mi todavía no me deja de sorprender lo sensual de la escena. Es como si este loco se estuviera preparando para tener relaciones con la pantalla, y lo que hace acá es elegir de forma selectiva la pareja que está apunto de satisfacerlo. Si le vieran la cara cuando lo hace, casi se le puede oír jadear. Abre su disco duro externo, con 200 gigas de .pdf y .cbr para empezar a hojear en el notebook que descansa en sus piernas. Alan Moore, Will Eisner, Moebius en los dibujos, algún pop adolescentoide de la DC Comics, alguna rareza hoy día tal vez… y la sonrisa coqueta aumenta como si de verdad estuviera intentando seducir a alguno de los archivos… “mmm Gilgamesh, el inmortal”… verbaliza en voz alta… “no, mejor otro día, no estoy para clásicos argentinos hoy”… y continúa su paseo… Mampato, Quino, el mundo Star Wars tan criticado siempre por los intelectualoides… y su respiración se detiene un segundo eterno cuando pasa por frente la carpeta que dice “Jodorowsky”. Un doble click, y se encuentra con lo que será la elección perfecta para esta noche: un menage a trois. “Jodorowsky, Manara y yo” vuelve a verbalizar en lo que parece ya casi un trastorno psiquiátrico.

Comienza y disfruta mucho, por largos minutos de la maravillosa portada de Manara: “Los Borgia: sangre para el papa”. La verdad es que sin ser yo un fanático de los comics, podría haberme pasado varios minutos admirando esa portada. Una verdadera obra de arte, con un estilo de pintura que no sabe bien como clasificarlo, su ignorancia en lo que a historia del arte se refiere le impide reconocerlo.

Lo llama “Manaresco” y en su ignorancia da con algo cierto: este dibujante logra reconocerse a distancia. La ambigüedad sexual de algunos personajes, orientados hacia el futuro y un papa orientado hacia el pasado, cayendo en la tentación sexual de la rubia protagonista (con una rayita coqueta que se asoma por ahí). Una obra de arte en si misma, que lo hace pensar en detenerse en la portada a disfrutar de su soledad… pero sus ansias de lector pudieron más que la calentura, y avanza una página en la pantalla para sumergirse en una historia que lo descoloca en un comienzo… “curioso”, verbaliza en voz alta en algo que ya se hacía costumbre.

Curioso, dice, porque mi amigo es un poco ignorante, y no sabe que lo que le parece curioso acá es típico en el guionista chileno. En esta obra el Jodo hace algo que tiende a hacer muy bien en sus libros: mezclar la historia universal con tortuosas redes familiares… redes lubricadas claramente por las perversiones sexuales. La saga de los Borgia comienza situándote en la historia, donde te presenta a una familia hacia el final de la edad media e inicios del renacimiento. Una familia que condensa los vicios propios de la sociedad europea, de antaño y actual. Tanto dato docto, tanto pensar intelectual comienza a aburrirle un poco y aplica lectura rápida porque quiere llegar luego a las imágenes de la protagonista que sale en la portada, “si hay algo que logra hacer bien Manara es excitar”, piensa sin verbalizarlo esta vez. “Voy a buscar más cosas de este italiano califa”, insiste en voz alta.

No se ve decepcionado cuando ya en la segunda página aparecen las esperadas imágenes de mujeres semidesnudas, pero se sorprende a si mismo no tomándolas en cuenta por haberse adentrado rápidamente en la lógica de la historia que lee. La impotente visión de la espada de Dios atravesando el Vaticano ensangrentado, no deja indiferente a nadie. Y si hay algo que logra esta saga es captar la atención.

La lectura es rápida, fácil, pero a ratos le obliga a detenerse ya sea para admirar algún dibujo, para entender algún diálogo que por lo sórdido deja la sensación de haber leído mal, o bien para excitarse durante unos segundos con algún magistral desnudo de Manara (¡bien el italiano!). Personalmente, me gustaría destacar una escena que mi amigo pasa rápidamente: ver al papa tomando leche de los pechos de una mujer, para luego recibir transfusiones de jóvenes que mueren en el procedimiento me dejó un poco inquieto. Hay quienes, como mi amigo, dirían que son esas salidas de la historia lo que hace que pierda fuerza el comic, por lo poco creíble, lo exagerado de la escena. Sin embargo, personalmente, creo que sin este tipo de interpretaciones no sería Jodorowsky.

“Muy bien escrito, muy bien jugado”, piensa y en su mente se fascina por lo bien elegido de las escenas. No pasa con este guión que existen cuadros de más o de menos. Las escenas elegidas no sobran, sino que te entregan la información precisa para encantarse con la historia… espantarse, más bien dicho en este caso.

No alcanza a estar cerrando la sangre del papa (con un final cachondísimo), cuando ya ansía abrir la segunda parte, “El poder y el incesto”. Una portada casi mejor que la anterior, que le hace pensar en una Mona Lisa erótica… se sonríe por unos segundos por su extraña asociación, y continúa ansioso por saber qué pasa luego de esta locura vertiginosa que acaba de leer.

En esta segunda historia asume un protagonismo exquisito Lucrecia Borgia, la única hija de Rodrigo y la mujer que alumbra ambas portadas. Podríamos hablar mucho de esta segunda obra, pero creo que se resume en una viñeta donde Lucrecia declama con la mirada más sensual de toda la saga: “el destino de Roma está entre mis piernas”. Esto de tener Internet le permite suplir la ignorancia, y lee algo entremedio sobre esta Lucrecia, notando que efectivamente, con 3 matrimonios estratégicos, le da a Roma una posición única dentro de Europa.

El comic le impresiona por su velocidad, por lo bien escrito y por lo excelentemente bien trabajado los dibujos. El estilo manaresco no podía ser mejor para una historia renacentista. Nuevamente el vértigo de la lectura y la noche se va volviendo madrugada y las ojeras van conquistando cada vez más territorio. Pero ¿cómo no leer “El veneno y la hoguera”? Si la acaban de subir en septiembre a la red en castellano, tanto esfuerzo en los traductores no puede ser menospreciado así. Y nuevamente la portada que fascina:

Y al empezar, cae en lo mismo: un buen inicio… pero deja en deuda este tercer tomo, o tal vez sea la hora. No da la talla, falta más Lucrecia, sobran los franceses y a ratos hasta cae en cuadros que están de más, algo que en los dos primeros ni soñaba en ocurrir. “¿Qué le pasó a este?” piensa, pero le gustó tanto la lógica de la saga en general, que se lo perdona. ¿Lo peor de esta saga? Que está incompleta, y con un final muy abierto deja con ansias de continuar la lectura… una lástima, porque a estas alturas mi amigo ya se enamoró del Jodo y lo perdonó por sus películas saturadas de simbología (el comic aguanta los símbolos más que el cine) Seguiría leyendo, pero las 2:15 a.m. del reloj se imponen. Y regresan a su mente su vida solitaria, su aburrido trabajo y la triste realidad de no poder quedarse a vivir dentro de estas fantasías creadas por otros para hombres aburridos como él. La Casta de los Metabarones, en un trío con Jimenez que se anticipa tanto o más excitante que el de recién, quedará para otro día…

Los Borgia en Pro-Comic

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