Por Sandra Gutiérrez

Supongo que llega el punto en la vida de todo artista, en el que es inevitable poner un pedazo de alma en cada álbum. Todos los artistas dicen que lo hacen en el lanzamiento de cada uno de sus trabajos y, sin embargo, hay pocas veces donde esto puede notarse verdaderamente. Son discos como estos los que se convierten en parte de la banda sonora de tu vida, porque te das cuenta de que la gente que se sube a escenarios para tocar frente a miles de personas, sí tienen algo dentro (aparte de bilis y resabios de alcohol y drogas), y sobre todo que a pesar de lo linda, fabricada y brillante que pueda parecer su vida, esta gente sí ha sufrido alguna vez. Reitero: es muy distinto decirlo, cosa que hace la mayoría de los artistas, a realmente hacérselo sentir a quienes escuchan. Y esto es justamente lo que John Mayer logra con su último disco “Battle Studies”, editado el 17 de noviembre pasado.
La columna vertebral del cuarto trabajo de Mayer está compuesta por el desamor, el dolor, la confusión y ese asqueroso limbo que el fin de las relaciones deja como postre. Con esto, nos podemos dar cuenta que no importa con cuanta chica linda se haya metido Mayer, él sí ha sido pisoteado y no tiene ningún problema en expresarlo en canciones como “Heartbreak Warfare” (¿Cómo es que la única manera que tienes de saber qué tan alto me tienes es dejándome caer?) o “All We Ever Do Is Say Goodbye” (¿Por qué quieres romperme el corazón de nuevo?, ¿por qué voy a dejar que lo intentes?). Ambas son canciones sentidas, de alguien que ve el inminente fin del amor y el propio desgaste frente a la situación; una manera desgarradora para empezar un disco que, si bien no supera a su antecesor, “Continuum” (2006), sí se destaca por la rotunda honestidad de las letras.
El tercer track trae la primera sorpresa del disco. “Half of my Heart” es una canción que se remite a la época más pop de John Mayer plasmada en sus primeros dos trabajos, y al mismo tiempo coquetea con un estilo country que se materializa al 100% cuando escuchamos la dulce voz de Taylor Swift hacia el final de la canción. Sin embargo, la colaboración de la nueva reina adolescente del country es omitible ya que son sólo dos los coros que canta para nunca más aparecer. La experimentación, anunciada por Mayer meses antes del lanzamiento de “Battle Studies”, continúa con canciones como “Assasin”, “Crossroads” (cover de Robert Johnson) y “Do You Know Me”, que se alejan de la fórmula ganadora que hizo de “Continuum” un éxito y le da un toque de un pop mucho más maduro que, para bien o para mal, deja un sabor a la carrera solista de Phil Collins.

Sin duda, la fortaleza de este disco está en las letras, que narran los diversos estados por los que se pasa para sobrevivir al desamor. Canciones como “Perfectly Lonely” o el primer corte del disco, “Who Says”, dan cuenta de esa fresca e inmediata libertad que da la ruptura y que luego da pie para un enfrentamiento más resignado de la realidad, que está plasmado en “War of My Life”. Bien lo dijo Mayer en una entrevista: “Battle Studies” puede servir como un manual post ruptura de la mano de alguien que sí ha sufrido como cualquiera de nosotros los mortales. La vulnerabilidad patente que hay a través de todo el disco, hace que la empatía al escucharlo sea inevitable y que el sentimiento de identificación te golpee como una cachetada en la cara. Si te pilla mal parado “Battle Studies” puede ser un disco desgarrador y eso, como único factor, hace que sea un álbum que vale la pena escuchar.
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