Reseña Teatro: Asamblea

¿A qué asamblea vas?

Por Constanza Carter

Entras y te sientas. Pero para hacerlo, tienes que sacar de la silla un “mini-escritorio” de madera, con un lápiz, papel y una ampolleta que tú decides cuándo prender. O no prender. Estás en la azotea del Teatro Lastarria 90 y escuchas un texto, que no siempre es el mismo; cambia según la función. La verdad, es que la obra se hace con las condiciones particulares de ese día, de esa hora y de ese público. En esa asamblea particular, única, pero un poco prediseñada, vas a escuchar y hablar—si quieres—del tiempo. De la multitemporalidad.

Eso es lo que propone “Asamblea”, pero la discusión depende del día en que vayas, qué compañeros tengas en la reunión y de quiénes encuentren en la calle Lastarria las actrices. Sí. Dentro de la asamblea, se elige una de las preguntas hechas por el público, y las actrices salen con cámaras a buscar respuestas a la calle.

Durante todo el tiempo que dura la asamblea, el texto—y las acciones que éste implica—está menos determinado que en la mayoría de las obras. Está estructurado, pero hay muchos espacios para la improvisación, ya que el texto se completa con las condiciones particulares del día, la hora y el público de la función. Resulta bastante bien, pero también tiene puntos en contra: la espontaneidad hace parecer que la prometedora discusión pierda el peso a ratos, gracias a rellenos que suenan a lugares demasiado comunes y visitados. Es mejor ir advertido en cuanto a eso.

 Hay varias obras que tratan de romper la relación convencional que hay entre el público y los actores; pero generalmente quedan en intentos. Creo que “Asamblea” da un paso más: si el público no participa, la obra no funciona. O saldríamos todos un poco decepcionados por lo vacía que quedaría. Además, creo que da otro paso: durante la función se fomenta amablemente que se rompa esa relación. Hay algunos, que cuando se les pide participación, se sienten amenazados, invadidos o algo incómodos. Pero acá se incita simpáticamente a participar, haciéndonos sentir como si estuviéramos en una reunión con amigos o conocidos. Se toma té y se comen dulces 1/2 hora. Se puede fumar, y como lo dicen los personajes al principio, puedes hablar, contestar el celular, dormir, o no hacer ninguna de esas cosas. Lo que me sigue llamando la atención es que aún no viene del público el interés de participar. Al menos, en la asamblea a la que yo fui, con todas las posibilidades que teníamos—que no eran sólo hablar—, la participación del público fue escasa. 

Para que reflexiones sobre la multitemporalidad y otras perspectivas del tiempo, puedes ir a la azotea de Lastarria 90, los viernes, sábado y domingo a las 21.00 hasta el 6 de diciembre. Los viernes son populares, a $2.000. La entrada general cuesta $4.000 y la de estudiantes y tercera edad $2.000. Si quieres más información puedes encontrarla en Asamblea Performance.

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