Por Diego Zúñiga
Se juntan con el padre en hoteles de carretera. Así los llama ella: hoteles de carretera. Y se juntan y comen y conversan. El padre y la hija. A.M. Homes y su padre biológico, a quien acaba de conocer, cuando ya tiene más de 30 años, ha publicado sus primeros libros y se ha enterado de que él tiene otra familia, hace mucho años, una familia feliz, bien compuesta, con una casa grande, cuidada.
A.M Homes se entera de que su padre no la reconoció porque ella es la hija de esa mujer que fue su amante, hace tantos años, cuando todos eran jóvenes, torpes e insensatos. Y ahora recién se están conociendo, están compartiendo momentos de padre/hija, y se juntan en hoteles de carretera a conversar, escondidos del mundo, hasta que A.M Homes detiene la narración y se cuestiona todo. ¿Por qué juntarse en hoteles de carretera? ¿Por qué esconderse como si fueran amantes?
Luego reflexiona sobre eso. Luego se imagina a su padre diciéndole que pidió una pieza e invitándola a entrar, y luego pidiéndole que se desnude, que quiera verla así, que quiere reconocerla. Y luego follando. A.M. Homes imagina a su padre follándosela y confundiéndola con su madre, con esa joven amante que fue su madre.
Es un momento de honestidad brutal, de esos que a uno como lector lo desconciertan porque la literatura se transforma en otra cosa; en una confesión, en un instante donde uno como lector más parece estar escuchando a alguien que leyendo un libro. Y eso pasa muy pocas veces. Lo recuerdo en “Mis rincones oscuros”, de Ellroy; lo recuerdo en “Mi madre, in memoriam”, de Ford; lo recuerdo en “La hija de la amante”, de Homes; lo recuerdo ahora cuando termino de leer “Missing, una investigación”, de Alberto Fuguet, su último y más íntimo libro.
Momentos como el que aparece en el libro de A.M. Homes abundan en “Missing”, sobre todo cuando Fuguet decide darle la voz a su tío perdido y éste cuenta gran parte de su historia, esa que desconocía Fuguet hasta que se encuentra con él, tras años de búsqueda. En ese momento, luego de que Fuguet explicara por qué nace el libro, luego de que transcribiera la crónica que escribió para Etiqueta Negra contando los primeros acercamientos a esta búsqueda, uno se encuentra con la voz del tío desnuda, transcrita como si fuera un poema, un poema narrativo largo, en el que se cuentan historias y más historias hasta llegar a ese momento, por ejemplo, cuando Carlos Fuguet tiene una primera experiencia homosexual. Y se cuenta así, de golpe, sin pudor, tal como lo hacía A.M. Homes en “La hija de la amante”, sólo que acá, quizás, hay un detalle que marca todo: no es Fuguet relatando un momento de su vida, sino que la de otro. Y ese detalle será fundamental a lo largo del libro, porque Fuguet reflexionará y se cuestionará el hecho de contar esta historia, de darla a conocer al resto de las personas.
Será un debate que se resolverá en esto: Fuguet publicará “Missing”, probablemente su libro más notable por diversas razones, entre ellas, por alejarse de una voz adolescente que ya no tenía sentido, una voz de niño de barrio alto, con problemas existenciales, que se había agotado, probablemente, en “Por favor, rebobinar”. O quizás antes. Y Fuguet, creo, espero, intuyo, se dio cuenta de eso en un momento en el que comenzó a leer otras cosas. O a escribir sobre libros que, hasta ese momento, nunca había hablado con mucha notoriedad. Libros de no ficción, “El último lector”, de Piglia, “Mis rincones oscuros”, de Ellroy, “La hija de la amante,” de A.M Homes y, de paso, se adentró en una serie de proyectos que fueron haciendo un camino que, sin duda, no podía terminar en ninguna otra parte que en “Missing”.
El libro de críticas de Héctor Soto, la autobiografía de Andrés Caicedo, su libro “Apuntes autistas” y también su labor en “Autobiografía por encargo”, de Cristian Huneeus fueron los signos que hablaban de que venía un libro importante. No había que ser muy inteligente para vislumbrarlo, por eso también sorprende, en parte, la recepción que ha tenido “Missing”: hablan de que por fin Fuguet maduró y casi todos se muestran sorprendidos frente a un libro como éste.
¿Por qué?
En el fondo habla de lectores flojos, ni siquiera lectores poco inteligentes, no, lectores flojos o prejuiciosos que no se dieron cuenta de este proceso, y “Missing” les reventó en la cara, convirtiéndose, probablemente, en el mejor libro del año. Porque acá hay historia, acá hay drama, hay reflexión y hay un personaje, no, dos personajes que se van encontrando y perdiendo: Alberto Fuguet y Carlos Fuguet. Pero sobre todo Alberto, porque finalmente si bien el libro habla del tío de Fuguet, en todo momento de lo que se está hablando acá es del autor, es de sus dramas, de sus obsesiones, de sus traumas, de su familia, de su relación con el padre (y por eso uno de los momentos más notables es cuando Fuguet habla de él en tercera persona y cuenta de la vez que viajó a Estados Unidos, él adolescente, y se quedó en la casa de su abuelo paterno).
Carlos Fuguet es una excusa para que Fuguet salde una deuda con su historia familiar, probablemente el gran tema de su literatura. Y lo hace. Sí, “Missing” es ese libro que probablemente todo escritor, alguna vez, quiere escribir: ese donde se saldan las deudas pendientes con tu propia historia, con esos fantasmas que aparecen y desaparecen en tus textos, ese libro en el que más que plantear preguntas lo que haces es hallar respuestas.
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