Traducciones: Carta abierta a Robert Smith

Querido Robert Smith (Carta abierta)

Por Amanda Palmer

Esta es una fotos de un pedazo de papel que decoré en 1988. Ha estado viviendo en una caja de zapatos y ha sobrevivido cinco mudanzas:



Escribí esto en la primavera, unos días después del Fetsival Coachella. Lo dejo en mi carpeta de borradores porque… No sé por qué. Sólo lo hice. La otra noche estaba twiteando sobre lo mucho que amo The Cure, y Wil Wheaton y Zoe Keating chillaron y me incentivaron, por lo que saqué al papel de su miseria y finalmente lo estoy enviando. También debo añadir que @robertsmithdoll y yo somos amigos desde que yo fui su backup en la pelea por webcast contra @billycorgandoll. Ustedes pueden ver el resumen en partyontheinternet.com por ahora)

Querido Robert Smith,

Lo más raro de escribirte esta carta es la constante tentación que siento a usar las palabras que he leído unas mil veces de mis  propios fans, escritas en toda variedad de papeles internacionales y en hojas arrancadas de cuadernos de colegio con anillado: “Sé que estás ocupado. Debes recibir muchas cartas como ésta. Debes escuchar esto todo el tiempo…”.

Y si es que nunca lees esto (es jodidamente largo), está bien. Estoy escribiéndolo tanto para mí como para ti.

Y también lo estoy escribiendo para mis propios fans, porque pienso que pueden relacionarse con lo que voy a decir y creo que puede ayudarlos a entenderme.

****

(Cuña de audio: Para aquellos de ustedes que REALMENTE van a leer esta jodida y larga carta, les sugiero que pongan un disco favorito para un buen ambiente. Puede ayudar. Les sugiero un disco de The Cure. O algo triste. Esperaré. Ok. Ahora lean).

****

Entonces. Te vi tocar anoche en el Festival Coachella afuera de Los Ángeles.

Yo toqué el día anterior en un escenario distinto, y acabo de terminar un muy largo, extenuante y bastante jodidamente maravilloso tour mundial promoviendo mi nuevo álbum que salió en el otoño (y se llama Who Killed Amanda Palmer y creo que de verdad te gustaría). Coachella fue básicamente la última parada antes de tomarme mi primer y verdadero receso de girar por mucho, mucho, muuuuuuuuuuucho tiempo. He viajado eterna y brutalmente con The Dresden Dolls – y ahora sola-  por la mayor parte de ocho años.

Y me he perdido un poco.

Anoche, tú me ayudaste a encontrarme.

Necesito explicarlo. Y necesito agradecerte y también… Te debo una disculpa.

Anoche, antes de que subieras al escenario, estaba exhausta pero feliz. Usualmente, odio los festivales. He estado girando por demasiado tiempo para pensar que realmente puedo disfrutar ir a uno. Pero esta vez fue diferente. Cuando vi el line-up de Coachella y vi que estaba incluido The Cure y Leonard Cohen y My Bloody Valentine, decidí convertir mi fin de semana en unas vacaciones en vez de irme a casa en Boston.

Entonces toqué el sábado (mi set, por cierto, fue magnífico y surfeé en el público hasta Wagner) y para el domingo, estaba sintiendo el peso del año desde que lancé mi álbum levantándose de mis hombros. Encontré amigos aquí y allá en el desorden del festival y de hecho como que empecé a pasarlo bien. No había pensado mucho sobre cómo sería la experiencia de ver a The Cure. Sólo lo había planeado meses atrás en mi manera de adulto responsable: “Mmm….necesito reservar un vuelo a Coachella, debo chequear el line-up del festival, hmm, Leonard Cohen y The Cure tocarán, su música cambió mi vida una vez, hace mucho tiempo… rápida noche a mi ser-adulto: debo ir a verlos, puede ser una experiencia nostálgica y maravillosa; dejar tiempo en la agenda para esa posibilidad”.

Ya no me emociono. No como solía hacerlo. No estaba siquiera pensando sobre qué esperar de ti.

Sólo supe que debería estar ahí.

My Bloody Valentine tocó justo antes que ustedes y no sabía qué esperar de ellos tampoco. Estaba sola y el sol se acababa de poner, el frío estaba llegando desde el desierto y las palmeras estaban iluminadas y hermosas. Había botado a la gente con que estaba y estaba disfrutando el sentimiento de la soledad y el anonimato, dos tragos en mi sistema, exhausta de mis propios shows, buscando un lugar cómodo no tan lejos del escenario principal para poder saborear lo que sea que My Bloody Valentine entregara.

Odio esto: pero ya apenas disfruto ver bandas tocar en festivales o en cualquier lugar, la verdad. Estoy como consumida. Después de tantos años de estar en gira, probablemente podrás empatizar con ello. Comienza a ponerse borroso. Bandas tocando empiezan a parecerse a las hormigas construyendo una loma. Cool…. Pero no muy práctico. La magia empieza a acabarse después de que te das cuenta de que están TRABAJANDO, día tras día.

Pero de verdad, de verdad me habría encantado My Bloody Valentine en la escuela.

Ellos han sido una fuerza sónica misteriosa y cargada de sexo entregada a mí en una cinta de 90 minutos por uno de mis primeros amores, un chico que se llamaba Stu. Gasté esa cinta hasta el cansancio…”Loveless” en un lado, “Isn’t Anything” en el otro. Nunca había escuchado música como esa antes y no he escuchado nada así desde entonces -  Ellos crearon algo completamente único y perfecto. Fue mi soundtrack del verano después del décimo grado, junto con Velvet Underground (VU) y la cinta de They Might Be Giants (Flood). Era la música que vivía en mi cabeza por esa semana de excursión en bote a la isla de Nantucket que los padres prohibieron, donde Stu estaba trabajando por el verano como cocinero, y donde tuve mi primer escape de mi pequeña vida suburbana de pueblo, teniendo el tiempo de sexo donde entiendes por primera vez qué es de lo que todo el mundo habla… el tipo de sexo real, amoroso, profundo, con placer de futones iluminados con la luz de la tarde y llenos de arena de la playa. My Bloody Valentine tocó todo ese fin de semana y todo ese año, haciéndome sentir especial, llenando mis oídos diariamente con sus letras tan imposibles de entender. Nunca supe cómo se veían cualquiera de los miembros (ya que las cintas no tenían carátulas) y no sabía nada sobre la historia de la banda (ya que no había internet). Nunca, en un millón de años, pensé que los vería en vivo.

Su set me alucinó (qué gracia más perfectamente controlada, qué sonido de amor más apasionado) y mi corazón empezó a abrirse un poco mientras sentía la realidad de mi largo tour empezando a acabarse y las reflexiones y refracciones de lo que he hecho – y lo que estaba haciendo con la música, con mi vida, con mis fans -  inundó mi cerebro. Exactamente en ese momento, me atonté con la combinación de ruido de guitarra pura y con el darme cuenta de que todas mis fantasías adolescentes se habían hecho realidad (¿realmente estaba tocando en un festival con algunas de mis bandas favoritas de la época escolar? ¿My Bloody Valentine, The Cure, Leonard Cohen? Me pellízquenme…. Sí, lo estaba… Oh Dios mío, lo estaba haciendo, realmente lo estaba haciendo, por la mierda!) Una fan me encontró en todo el ruido, me tocó el hombro y sujetó su teléfono, en el que había escrito en un mensaje de texto: “Te amo tanto que ni siquiera puedo hablar. ¿Te sacarías una foto conmigo?”

Abrazé a esa chica durante una vida entera. Probablemente no tenía idea por qué yo lloraba tan intensamente.

Mientras estaba cerca de mí, y vimos a esos dioses del ruido tocando serenamente a una multitud extasiada, me dejé llevar y me permití perderme. Con mis manos al aire y los ojos cerrados traté de poner la música dentro de mí. Hacia el final del repertorio, construyeron y sostuvieron una pared sónica resplandeciente por veinte minutos, la banda apenas moviéndose sobre el escenario, sólo punteando con gracia y sutileza miniaturas milimétricas de cuerdas de guitarra que flotaban entre los pedales, amplificadores, cables y micrófonos, para ser transformados en estrepitosas torres de decibeles y pilas de años luz psicodélicos, sonido áspero irradiando por millas hacia la agrietada y plana noche del desierto. Juro por Dios que sólo me había tomado dos Gin&Tonic a esas alturas. No había tomado ningún tipo de ÁCIDO o CUALQUIER otra cosa.

Terminó My Bloody Valentine y caminé como un zombie, con lágrimas aún cayendo sobre mi cara, a través de la multitud, sintiéndome aturdida. Volví al VIP, me hundí en otro gin con tónica. Luego salí para tu presentación. Trepé a través de la multitud y obtuve un lugar decente en el frente izquierdo, a unos 100 pies del escenario. Y esperé.

Me abracé. Divertido, no esperaba sentirme así. Estaba nerviosa. Tenía miedo, o algo así.

Te esperé.

Tú…

Fuiste todo mi mundo durante muchos años de espantoso nido adolescente. Desde las primeras cintas que copié de la ultra cool colección de mi hermanastro, me tuviste. El resto de su colección (The Cocteau Twins, The Clash, The Replacements) bueno… me gustaban lo suficiente, pero no me hablaban. No como tú lo hacías. Había algo honesto, tan dolorosamente honesto y real, en tus palabras y en tu entrega. Necesitaba desesperadamente alguien en quién creer. Alguien que me dijera la verdad. Y hasta donde podía ver, nadie me la estaba diciendo. Los profesores y la familia a mi alrededor eran estúpidos, inútiles personas de barro suburbano, que se permitían ser alimentados por una frescura cultural. Tenía catorce, era una pequeña idiota dogmática, quería sentir y gritar, necesitaba aliados, camaradas, apoyo, y estaba enojada por no poder encontrar ninguno.

Más que nada, necesitaba una banda favorita. ¿No la necesitamos todos? Yo necesitaba una casa que fuera Mía, una polera que pudiera usar y que sirviera de recuerdo constante para el resto de los chicos de octavo –a quienes, en mis formas de nariz impertinente, consideraba irreparablemente perdidos y sacudidos en su personal círculo de fogoso infierno urbano (a.k.a El Mall) –que de hecho yo pertenecía a un lugar. Así que abandoné a The Stray Cats (lo siento, Brian Setzer) y decidí hacerme devota de The Cure. Esos primeros años de estar enamorada de ti fueron como una etapa de luna de miel en nuestra relación. Mi corazón saltaba si daba vueltas por la sección de The Cure en la tienda de discos usados en Harvard Square y veía un vinilo con un arte que no me era familiar (lamentablemente, casi siempre eran importaciones japonesas de 30 dólares que no me podía permitir y que eran muy grandes para efectivamente robarme). Tus pósters eran las piedras angulares de la decoración de mi habitación: un gran póster tamaño real en cada pared de mi recargada habitación, el santuario principal sobre la difunta chimenea en devoción al póster del Boys Don’t Cry, rodeado de coloridas luces navideñas. Brillaban alrededor de tu silueta y tu guitarra, y yo te miraba fijamente la espalda durante la noche. Te alejabas de mí, escondiendo las lágrimas en tus ojos, en una verdadera postura de hombre sensitivo con los pies en la tierra. Estaba segura de estar adorando el altar de la iglesia correcta.

(El póster sigue –gracias mamá –en mi vieja habitación, le tomé una foto un par de días atrás cuando estaba allá cenando):

Compré todos los discos, me sabía cada letra de cada canción, leía y re leía a JD Salinger y a Albert Camus cuando me enteré que hacías referencias a ellos en tus letras.

Compré cada pedazo de parafernalia que pude encontrar –botones, parches, 7’’ –entrevistas en vinilo y poleras (tenía una colección de ocho, dos de las cuales aún tengo y atesoro y ocasionalmente ocupo para dormir cuando necesito comodidad).

Hice dibujos de tu cara y de tu pelo (era muy, muy difícil hacer tu pelo correctamente, amigo) en todas mis carpetas escolares y en unos pedazos de cartón que le agregaba a mi creciente collage en mi pared. Repinté las carátulas de tus discos en varias superficies. Pasé horas en clases perfeccionando el font de la banda, tal como salía en Head on the Door, trabajando duro para que las letras me salieran bien. Una vez dominada esta habilidad la ocupé (con una variedad de marcadores y pinturas) en chaquetas, sombreros, jeans rotos, al interior de mi clóset, y (ocasionalmente, cuando me aburría) en mis brazos. Hice un dibujo para mi fanzine fotocopiado de The Cure en una batalla galáctica contra mi Némesis, la más odiosa de las bandas, que representaba todo lo errado y falso: New Kids son the Block. Tú ganaste.

Traté de escribir canciones como tú. Las cosas que cantabas, lo forma en que no temías en descascararte y purgar, furioso y llorando sobre los brutales sentimientos que TODOS TENÍAMOS pero no estábamos expresando, por eso te amaba. Todo el resto de la música se sentía insuficiente. Tú eras Real.

Te escuchaba y pensaba: ESO. Quiero hacer ESO. Lo que sea que está haciendo. Lo que sea que hace que me logra hacer sentir… ESO es lo que quiero hacerle a la gente algún día.

Ni siquiera sabía a qué te referías la mitad del tiempo, pero sabía que estabas alcanzando un lugar profundo, lejano, más real que cualquier otro disco en mi colección. En tus letras, empujando lejos a las personas de la superficialidad, de no ser auténticos. Pero decían que tu música era sombría, depresiva, demasiado dramática. Yo nunca lo vi así. Sólo la escuchaba honesta. He aprendido de mirar a cientos de bandas a través de los años: no es suficiente sólo supurar dolor o quejarse en el micrófono. Muchas bandas tratan de hacer eso y fallan miserablemente. Tú lo hiciste bien. Tú fuiste astuto. Usabas las palabras suficientes, sólo las palabras correctas, siempre el paquete perfecto… suficiente melodía para arrastrarme y sostenerme y manejar las estacas de verdad espinosa que atravesaban mi corazón.

Y al final del día, escribías una maldita melodía pop cada vez que te daban ganas. Y eso me inspiró muchísimo como escritora… el hecho de que tú pudieras agonizar tan apasionadamente en una canción, y después darte la media vuelta para cantar y bailar con el corazón liviano en otra. Seguí tu ejemplo y asumí que todo se puede aprovechar cuando se trata de componer. Tú lo hiciste correcto.

Quería saber cosas sobre ti. Lo necesitaba.

No había Wikipedia, no había Google.

Así que leía cualquier información que encontrara y donde pudiera en la era pre-internet, no sé exactamente… principalmente entrevistas en revistas, creo, las fotos que las acompañaban se iban directamente a empastar mi pared. MTV y 120 minutes eventualmente dejaban caer alguna información, que yo absorbía como esponja. Aprendí lo suficiente para saber que algún día tendría que ahorrar dinero para un pasaje a Crawley, Sussex, en el Reino Unido, donde podría de alguna forma toparme contigo y tú (según la historia en mi cabeza esto parecía muy real en la época) serías instantáneamente mi amigo. Sabía vagamente que eras casado (felizmente, según todos, y posiblemente también con hijos) pero esto de alguna manera era fácilmente obviado. Claramente, al minuto que conocieras a esta inteligente, hermosa y cruda herida abierta llamada Amanda, probablemente dejarías a tu esposa y me pedirías que nos casáramos. Yo diría que sí. Los pasajes a Inglaterra eran caros. Estaba frustrada. Cuando mis padres me informaron que iríamos en un viaje familiar a Londres durante la primavera en la que cumplí quince años, estaba emocionada PRINCIPALMENTE porque asumí que este viaje sería el que nos acercaría. De hecho, lo más cerca de encontrarte que estuve fue la versión de la carátula rosada del “Three Imaginary Boys” en el HMV de Oxford Street. Mi hermana Alyson tomó una foto de ese momento (¡noten los jeans!):

No estaba pensando como, o si es que, alguna de estas cosas volverían a mí cuando hice los planes para verte. Mientras estaba ahí, cargada con los otros cuerpos en el festival, sintiéndome libre, sintiéndome lista para cualquier cosa, sintiéndome agradecida, más que nada, de haberme tomado el tiempo para estar parada ahí, en ese desierto, en ese momento, para ver a mi antigua banda favorita tocar, el engranaje comenzó a funcionar. Esto era lo que yo quería, era el sentimiento para el que me había anotado. Para la nostalgia. Por eso había comprado un pasaje extra, para quedarme aquí por el día. Me di cuenta que tenía sentido, dado que lo más cerca de una experiencia religiosa fue asistir a un concierto de The Cure en 1991.

Oh Dios, ese concierto… ese concierto que esperé por meses y meses y meses y meses y meses. Debido a un infarto masivo de sincronización, mi madre, que sólo tenía a los Rolling Stones y a los Beatles y a Fleetwood Mac y Hendel en su colección de discos, tenía un ex novio de adolescencia que era chofer de un camión en giras. Ella no sabía nada de las giras de rock, pero él nos había dado entradas para los Beach Boys un par de años antes. Ese fue mi primer concierto real, tenía 12. Fue aburrido. En realidad no me importaban los Beach Boys. Pero un par de años después él telefoneó de nuevo y contó que estaba manejando para The Cure, y ella reconoció el nombre… sin duda de verlo plastificado en todas las paredes de la habitación de su hija, en sus carpetas escolares, y (ocasionalmente) en los brazos. Me acuerdo de la magnitud del grito, de cientos de decibeles que escaparon de mi boca cuando me contaron que no sólo podría IR AL CONCIERTO, pero POSIBLEMENTE IR AL BACKSTAGE.

Corrí, haciendo sonidos como de banshee, al teléfono y llamé a Holly, mi mejor y única amiga y compañera devota de The Cure (aunque no, estaba segura, tan devota como yo…ya que ella estaba convencida de que se casaría con Johnny Depp de 21 jump street, que no era tan lindo como tú, totalmente). Iríamos juntas. Soñé noche tras noche cómo te fascinabas conmigo en un pasillo anónimo tras bambalinas, reconociendo que yo era tu verdadero amor, y posiblemente besándome. Sabía que era un posibilidad porque supe por cartas que Eve Stoddard, que había estado en un concierto de Jane’s Addiction en EXACTAMENTE la misma calle, se coló al backstage, se encontró con Parry Ferrel de la nada y Él la había besado a ELLA. Obviamente, era rock and roll y todo era posible. Confabulé y pasé incontables horas pensando en las cosas que te diría cuando por fin te conociera. Apenas dormí la noche previa al concierto.

Izquierda: Pequeña Amanda gótica. Derecha: Holly y yo.

Era el Disintigration Tour, abriste con “Plainsong”.

****

(Clave de audio, para los que están escuchando, por favor paren de leer y pongan “Plainsong” del Desintigration en sus parlantes. Si no la tienen bájenla aquí. ¿Y saben qué? Mejor consigan todo el Disintegration si no lo tienen, y déjenlo correr, para quiénes siguen leyendo esta carta. ¿Por qué mierda no? Me agradecerán, es uno de los mejores discos del mundo. Lo siento, Robert, volvamos a tu carta).

****

Cuando las luces se apagaron y la multitud gruñó y esos pocos sonidos comenzaron a llenar el aire, sentí mi corazón escaparse. Te iba a ver.

De verdad verte. En tu carne. Escucharte cantar, ver tu voz hacer sonidos, en vivo, por mí, para mí. Para nosotros.

Mis sentidos se agudizaron. Contuve el aliento.

Cuando esa música chocó en su lugar (y qué perfecta elección, esa, el perfecto set para abrir, el álbum perfecto para abrir…. y Dios, sólo una canción perfecta: la gran alegre celebración en gran acorde mayor, con letras tan claroscuras, exuberante y vasto y profundas y agridulces como el amor mismo), cuando ese gran sintetizador golpeó su gran, irregular y hermosa ola de formas en mi oreja y se engranó con el estrépito de timbales y luz enceguecedora… en ese momento, mi corazón explotó. Y ahora sé algo que entonces no sabía.

Nunca he olvidado ese momento.

Lágrimas corrieron por mi cara y pensé ESTO, ESTO ESTO –es un sentimiento que quería embotellar y comer y nunca olvidar y repetir una y otra vez durante toda mi vida. Cada hora que pasé ansiando, cada garabato en cada cuaderno, cada letra que había silenciosamente memorizado y cuestionado, todo el amor que sentía por ti, por todo, estaba atrapado en ese momento. No perteneciendo, no sintiéndome bien, no sintiéndome humana, no sintiéndome lo suficientemente bien, todos esos sentimientos fueron aplastados por la música, por esos sonidos mágicos, por el sonido de tu voz. Aquí, yo pertenecía. Aquí, la vida era perfecta. No sé si mi boca gritó, pero mi corazón lo hizo. En pura alegría. No recuerdo mucho más sobre el set. Estaba extasiada.

Me trae a casa un souvenir de aquella noche, un sobre vacío que el amigo chofer de mi mamá me dio con la firma de todos los miembros de la banda. Todavía lo tengo, cuidadosamente escondido entre tus posters en la casa de mis padres. Solía sacarlo cada cierto tiempo, lo miraba y pensaba: él tocó esto.

Tenía 16. Anoche, tenía 32. Me reconoció gente en Coachellla, un par de personas detrás de mí gritando mi nombre… habían visto mi presentación, eran mis fans. Estaban felices de estar atrás mío. Yo estaba feliz de que estuvieran detrás de mí. Estábamos entusiasmados, The Cure estaba por salir al escenario.

Miré a mí alrededor para ver quién estaba cerca de mí. Estaba sola.

Armé una conversación con el tipo que estaba al lado mío, que parecía agradable. Resultó ser un devoto fan de The Cure que se llamaba Dereck, había ido a unos 12 ó 13 shows. Comenzamos a hablar, pero a los pocos minutos la multitud comenzó a pulsar y a murmurar: la banda estaba por salir. Exploté en gritos. Se me había olvidado esta sensación. Mi entusiasmo estaba equiparado por la gente a mi alrededor, pero también me sentí demasiado conciente. Estaba sobre-excitada. Cuando empezaste a tocar, muchos de mis recuerdos de adolescente y de amantes comenzaron a flotar de vuelta. Tu cara, tu pelo, tus labios rojos, el sonido de tu voz fue como un portal. ¿Para esto había venido? Talvez.

Apareciste contaminando y nutriendo mis primeros amores y relaciones, y estabas ahí como un hilo, como un espectro, como una banda sonora.

Estuvo Peter, un moreno de 18 años que tenía un Cadillac convertible y trabajó en el equipo de una producción veraniega de “El Mago de Oz”, que Holly y yo decidimos integrar cuando teníamos 14. Después de prometerle devoción inmortal Y darle mi primera (reconocida desastrosa) mamada en el bosque cerca de Granny Pond y él mierda nunca me llamó de vuelta después de dejarme en mi casa, sufrí por siglos. Pasé llorosas semanas intentando decidir cuál era la reacción apropiada para este brutal tipo de rechazo y desilusión, y finalmente decidí enviarle por correo una copia escrita a mano de la letra de “The same Deep Water as You”. En aquél entonces parecía perfecto.

(Lo sé ahora; no valía la pena).

Lo que decía la carta era:

“Despídete con un beso

Escapando antes de que duerma

No ves que lo estoy intentando

Nadar en las mismas aguas profundas que tú es difícil

La corriente perdió menos que nosotros

Respiraste el más extraño giro en tus labios

Y estaremos juntos…”

Lo que a carta quería decir era:

“¿Por qué me llevaste al bosque y me dejaste darte mi primera (reconocida desastrosa) mamada, y después pretendiste que no existía, saco de mierda?

Un verano después, estaba Ira, el adorable chico alto con el mohicano rosado y la barba que picaba, y su accidentada chaqueta que admiré durante el verano en Harvard Square, al que quise desesperadamente capturar. Cuando finalmente fuimos a su casa en los bosques de Concord (su madre lejos en algún lugar) entramos a su habitación a oscuras, y él conectó sus luces de navidad alrededor del póster de su banda favorita, una versión ligeramente más pequeña de mi santuario… eras tú. Tú, con tu espalda hacia nosotros, escondiendo las lágrimas de tus ojos. Seguiste de espalda mientras nos besamos apasionadamente y nos dimos sexo oral mutuamente (mi técnica de mamada había mejorado remarcablemente a este punto) y yo estaba totalmente extasiada porque ¿QUÉ TAN BUENO ES ESTO? HAY UN PUTO POSTER DEL BOYS DON’T CRY EN ESTA PARED, RODEADO DE LUCES NAVIDEÑAS. Éramos almas gemelas. Ira me llamó de vuelta (pero no por mucho tiempo –este también termino en una triste agonía).

Mi primer amor real, con el que estuve por un tiempo largo… él también te amaba. En parte fue cómo nos conocimos. Él tenía una más profunda, más larga, más adulta relación con tu música, pero sucedió sin que nos dijéramos que nuestro amor por The Cure nos hacía amarnos más. Tú nos conectaste. Él me llamó de vuelta por años (y de verdad, amó y apreció mis ahora definitivamente pulidas técnicas orales). Me sigue llamando, 15 años después, aunque no estamos juntos.

Mi primer novio en la Universidad, Matt, era un gran fan. Nos conocimos después de que me vio tocar en mi primer show universitario, apareció tocando la puerta de mi dormitorio con una vela encendida sobre un Twinkie. Murió poco tiempo después.

Uno de mis mejores amigos y convivientes por esos años, Chuck, que era la persona más gorda e inteligente que conocía, se ganó mi cariño por siempre una noche y ni siquiera lo supo. Estábamos en una pieza común de nuestra casa, un lugar llamado Eclectic, viendo el episodio de South Park donde apareces como invitado especial. Cuando Cartman grita “Disintegration es el mejor álbum de la Historia” al final del capítulo mientras te desvanecías en el horizonte, Chuck comenzó a golpear violentamente un cojín del sofá y gritando “Sí! Sí! Mierda, Sí!” al tope de sus pulmones. Decidí entonces amarlo por siempre. Murió pocos años después.

No tenía muchos amigos, no entonces. No amigos normales de mi edad. Quería. En la secundaria y en la Universidad tuve un montón de novios pasajeros e interesantes romances, pero raramente amigos de verdad, de los que perduran.

Por un tiempo, estuve descarriada.

Lo admito. Intenté ser gótica.

Asumí que si a los góticos les gustaba The Cure, tendrían que ser Mi Gente. Quería juntarme con gente que sintiera profundamente, que adorar el altar de emociones y verdad radical, como yo. Se vestían de negro. Así que yo empecé a vestirme de negro, asumiendo que estaría flameando la apropiada bandera visual freak para permitirle a la gente saber que estaba alineada. No resultó en realidad. Frecuenté clubs góticos. Fue un largo, lento y doloroso proceso, pero finalmente entendí que no porque esta gente estuviera bailando tu música (o a los Smith o Depeche Mode) quería decir que me entendían de la misma manera que tú lo hacías. Pasé mucho tiempo vagando desorientada en los clubs góticos de Boston, Nueva York, y por toda Alemania… sentada en una oscura mesa en una esquina, tomando cerveza y fumando, esperando una canción que me gustara para bailarla, sola. Me gustaba bailar. Cerraba mis ojos y me olvidaba. Me abandonaba. Pero nunca conocí a alguien que me gustara o que yo le gustara. De hecho, casi nadie me hablaba, nunca.

Obviamente esto no estaba funcionando. ¿Qué le pasaba a esta mala y antipática gente gótica de mierda? ¿No se suponía que estábamos unidos por nuestro amor a la emoción, al amor, al dolor, a la alegría en lo brutalmente honesto? ¿Acaso no entendían? ¿No habíamos venido aquí para comulgar, para encontrarnos mutuamente? Obviamente no. Me sentí traicionada y cagada.

Había un pequeño club en Bavaria (donde viví en 1996) al que asistía religiosamente cada martes en la noche. Me vestía de negro, bailaba, y rezaba esperando que algún gótico alemán me hablara y fuese mi amigo. Había un chico ahí con pelo como el tuyo, así que lo consideré un aliado. Una noche, finalmente me levanté y le hablé a una de las chicas que estaba con él. Más tarde esa noche me agarró la cabeza y me sacó un pedazo de pelo y me lo refregó por la cara. “No hables con mi novia, o te mataré”, me dijo. Sus amigos se disculparon y me dijeron que estaba ebrio. Me dolió la cabeza por mucho tiempo.

Dejé el gótico.

Mirando a la multitud en Coachella, me dí cuenta: no había ni una sola persona vestida de negro. Incluso aquellos que eran obviamente fanáticos y que se sabían todas las canciones; estaban vistiendo blanco, dorado, rosado, azul. ¿Qué mierda significa eso? ¿Cuándo pasó ESTO? Me di cuenta, lentamente, que te hiciste enorme cuando yo no estaba mirando. En 1989, todos los que te escuchaban vestían de negro. Tiene que haber cambiado. Me incline y le grité por sobre la música a mi nuevo mejor amigo Derek (que estaba vestido con una camisa blanca y azul) “¿Dónde están los Góticos? Esta gente está vestida de Rosado”.

“Los góticos están en la primera fila probablemente”, me gritó de vuelta. “Ya no quedan tantos”.

Empezamos a hablar más. No podía creer que este tipo fuera fanático de The Cure, se veía completamente a-gótico. Le pregunté sobre la falta de teclados en el repertorio. De verdad extrañaba las líneas de teclado… parecían tan esenciales. A veces la carencia la tomaba una guitarra, pero principalmente, esas maravillosas, temblorosas líneas de teclado simplemente FALTABAN. “¿Dónde están los teclados?”, grité.

Derek me explico que “han estado de gira sin teclados por un tiempo”. Luego procedió a gritarme la entera historia de la siempre cambiante alineación de la banda a lo largo de los últimos diez años. Yo no tenía idea. De nada.

Las canciones que estabas cantando, eran hermosísimas.

Algunas me las sabía de memoria. Pero otras, había otras que no las conocía PARA NADA.

Me encontré  a mí misma enganchada en nuevas letras, inclinada, dispuesta a escuchar lo que estabas diciendo.

Dios, te veías y sonabas hermoso.

Dereck me pasó un caño que otra persona le pasó a él.

“¿De qué álbum es esta canción?”, grité.

“Esta es de 4:13 Dream”, gritó de vuelta.

“¿Ese está por salir?”, pregunté gritando.

“No”, gritó, “salió hace más o menos seis meses atrás”.

Y fue entonces cuando me di cuenta, sin dudas. Me pegó y me dolió.

Te había abandonado.

Era una mala fan.

Junto a mucha de la música que solía escuchar, vagué hasta salirme de la Iglesia de los Fanáticos de mis veinte años, y para cuando estaba a la mitad de esa década los Dresden Dolls estaban enfocados en las giras. Estaba pasando la mayor parte de mi vida conciente en el teléfono o en el computador, tratando de hacerme un sentido de está extraña vida de mierda que tanto quería y estaba tan agradecida de tener –pero al mismo tiempo, destruyó algo que amaba: la habilidad de pasar el rato y absorber música, vivir en ella.

Ya no era fan. No podía serlo. Estaba muy ocupada trabajando.

El mágico misterio de la aguja golpeando el vinilo y el sonido apareciendo de repente, y la admiración que sentía al enfrentarme a lo exótico, seres artísticos en una pantalla o un escenario, fueron reemplazados por un bus, un camarín hediondo, cables que no funcionan, el brillo interno de las grabaciones y el pro-tools, de agendar e instalar, rodar, enfrentar y mover y sacudir.

Al final de la noche, después que los fans se iban de nuestros shows y nos subíamos a bus, siempre pedía que apagaran la radio por favor.

La música dejó de ser un ritual de alegría y sentimientos y conexión, y se transformó en ruido, en una distracción más. Pilas de CDs siempre oscurecían mis casas y me sentía en deuda con cada banda que me confiaba un demo, un CD y (después) un link de myspace, con cara de necesidad, y sabía, sabía sabía sabía que le debía a estas personas tiempo para escuchar su música, porque ellos le estaban dando tiempo a la mía. Además de eso, había otros ruidos a mí alrededor. Ruido de Gira, ruido de prensa, ruido de vida, ruido de abogados y managers y agentes hablando por teléfono.

Cuando el ruido acababa, ya no quería rellenarlo con música. Quería llenarlo con silencio. O radio hablada.

No podía ir a shows en vivo y no ver gente trabajando. Era tan raro que veía todo lo que me gustaba. Y de alguna manera me rendí, decidiendo que me había agotado. Dejé de escucharte después de Wish. Compré los discos (ahora me lo podía permitir, estaba creciendo y creciendo, tirando dinero en las tiendas de discos y dejando pilas de música nueva, que entonces coleccionaba, empolvándose en un estante de mi cocina al lado de otra pila de CDs que la gente me confiaba en conferencias de música. CDs que se transformaron en productos tan efímeros y sin valor como spam), pero no me podía concentrar. Apenas podía nombrar una sola canción que hubieras escrito en los últimos siete años.

Después de verte anoche, sentí que había hecho algo terriblemente equivocado.

Tú…

Tú ayudaste a mi salvación, me abriste, me ayudaste a salir de la oscuridad y me diste las herramientas para transmitirme, y yo te abandoné.

¿Por qué lo hice?

¿Supongo que… tenía? ¿Para convertirme en… esto?

Para ser un Tú para Otras personas? Tal vez. No lo sé.

Principalmente me siento idiota, hipócrita, porque espero demasiado de mis propios fans. Espero que se queden conmigo y me amen por siempre y para siempre. Espero que me sigan, que me sigan llamando y buscándome para comprometerse en la relación.

Pero las personas, los fans, amigos, se descarrilan, ¿no? Tienen hijos, trabajos, agendas, se olvidan de las canciones que aman, tal vez sienten un choque de felicidad nostálgica cuando las escuchan en la radio, pero nunca pensarían en ir a un concierto…

Se puede tropezar dos veces con la misma piedra. Nunca puedes retroceder. ¿Cierto?

Bueno. Volví y funcionó. Me hiciste retroceder. Un montón de cosas.

Mientras estaba de pie entre la multitud en Coachella, me encontré queriendo bailar. Bailar como solía hacerlo cuando iba a clubs góticos, rodeada de hielo seco y desinhibida por la cerveza. Me sentí auto-consciente al principio. Pero lo hice. Canté hasta hacer explotar mi cerebro y comencé a bailar. Y mientras más cantaba, la gente a mi alrededor empezaba también a cantar. Se sabían las letras, la mayoría. Sentí que había encontrado mi lugar, finalmente… no entre góticos, ni siquiera entre fanáticos de The Cure… sino que entre extraños, entre los náufragos y desechados de Coachella, que eran testigos estáticos de lo que estabas haciendo en ese momento.

Tomé las manos de los que estaban cerca de mí. Le di la mano a Derek. Nos gritamos las canciones de The Cure alegremente a la cara.

Por un minuto, fuimos mejores amigos.

Nunca jamás habría hecho algo así hace diez años atrás. Me hubiera cagado de miedo de hacerlo cuando tenía 23.

He cambiado. Supongo que ahora soy valiente.

¿Fue el Gin con Tónica? Probablemente ayudó. Pero más que nada, creo que ahora entendí algo que antes no.

Esta gente, que no necesitan usar los vestidos negros o góticos (todavía, al menos), esta gente que no tenía miedo de vestirse de rosado y cantar a más no poder junto a The Cure, fuertes e imperturbables canciones sobre ESTAR SOLOS y SENTIR MIEDO…

Somos simplemente… todos nosotros.

Ojala hubiera entendido esto cuando estaba en la secundaria. Publicitaba mi miseria a través de mi ropa. Poco sabía que muchos otros se sentían igual de miserables y asustados, pero no querían demostrarlo. Sólo asumí (como la mayoría de nosotros) que todos eran como yo en algún nivel, y que si no estaban marcando un punto con verse tristes y enojados, bueno… a la mierda con ellos, no entendían. Muchas reuniones de ex alumnos probaron que esa teoría estaba MUY equivocada.

He escuchado rumores de que odias que te digan gótico. Peter Murphy siente lo mismo.

Tal vez deberíamos empezar un club. Los A-Góticos.

Aquí hay algunas fotos de Coachella (principalmente de Derek) con mis nuevos amigos. Yo (ajam) soy la de polera negra. A la derecha –con mi guirnarlda –está Charlie Todd, que dirige una revista de un grupo de improvisación en Nueva York…. Coincidencia total, lo conocí entre la multitud.

Con un poco de suerte haremos un poco de arte.

Y con Dereck, mi alma gemela momentánea…

Así que esa es mi historia, Robert Smith.

Pretendo comprar tu nuevo disco y darle una buena, profunda escuchada.

Lamento haberte abandonado, quiero agradecerte oficialmente por cambiar mi vida… y quiero sentirme una fan de verdad otra vez.

Y si nunca nos encontramos, por favor ten en cuenta… De verdad amo lo que haces, lo que eres, y lo que me recordaste de mí misma la otra noche.

(A la inversa, si necesitas un tecladista… Lo haría gratis, siempre y cuando cenes conmigo un par de veces y podamos compartir al menos una botella de vino y de 3 a 5 historias cada uno).

Y finalmente, pero no menos importante, te deseo un muy, muy feliz cumpleaños.

Espero que cuando tenga 50 esté rockeando tan duro como tú, con una sonrisa tan grande y aún tratando de cambiar el mundo siendo real y verdadero para la gente… gótico y a-gótico.

Te amo.

Por favor nunca te detengas.

Yo tampoco lo haré.

Con profundo amor,

Amanda (Fucking) Palmer.

P.S Una última foto… creo que fue durante “Push”… Derek capturó mi éxtasis. Ese eres tú, o alguna sangrienta forma tuya, atrás. Una vez más, juro que aunque parece que estoy voladísima en éxtasis, no había drogas duras.

involved:

  • Share/Bookmark

También te puede interesar:

  1. Crítica: Florencia Smith ...