Por Pablo Rosenzvaig
Hay cosas que suelen sacarnos de lo cotidiano, como ese bostezo de otro cuando creíamos estar diciendo algo importante o el organillero que justo llegó a la ventana en un día de caña profesional.Son ese tipo de cosas que no podemos elegir y nos rendimos a ellas porque no podemos ser dueños ni de los bostezos ni de los organilleros.
Hay canciones que alguna vez nos hicieron sentirnos un poco dueños de ellas sólo porque podíamos apretar play, pausa o stop pero que nos terminan bostezando en la cara o desafinando en nuestra ventana el día que queríamos más silencio.
Son ese tipo de canciones que queríamos elegir para cuando estuviéramos tristes o cuando queríamos viajar por la ruta y que, creyéndonos dueños de ellas, terminaron siguiéndonos como rémoras a todos lados.
Algunas de ellas las escuchamos tantas veces y siguieron siendo tan inabarcables que se las tuvimos que mostrar a otros para que nos pudieran asegurar que no es que estuviéramos psicóticos, sino que realmente había algo ahí, que aunque no tuviera explicación, condensaba demasiadas cosas que no podíamos explicar.
Después de eso, las volvimos a escuchar y si no eres un melómano obsesivo, tal vez recién te diste cuenta de que eso que escuchabas no era una versión original. Era alguien que, siendo más importante que tú, se vio en la obligación de tener que homenajear algo que estaba más allá de él también.
Y ahí comienza la memoria que ya deja de ser la tuya y se convierte en una especie de inconsciente colectivo, de esos en donde te quedaste dormido y terminaste en una verdadera terminal, teniendo que esperar a que el colectivero fuera a mear y hablara con sus cuatro hijos y comentara con sus 20 amigos terminales todas las anécdotas del día.
Strange fruit es para mí, una de esas canciones.

Había escuchado la versión de Billie Holiday 1000 veces y sólo con esa, ya para mí era suficiente. Cuando supe que Jeff Buckley, que ya era para mí una fruta extraña, tenía esa versión, fue una de las primeras sensaciones que tuve de ese 2012 del que ya existe hasta película. Me sucedió algo parecido a estar leyendo un libro que no quieres que termine y empiezas a buscar excusas para que tu mano no pase a la página siguiente.
Que Buckley y Nina Simone cantaran esa canción me obligó a tener que volver a ella, de esa manera en donde ya sabes que cagaste, porque esos tres juntos sólo podrán traerte tempestades.
No quería escuchar la de Buckley y menos la de Nina Simone. No quería saber, al estilo de esa gente que responde que las cosas son así porque son así o porque siempre han sido así.
Siempre supe un poco la historia de la canción, pero de esa forma del que no quiere saber demasiado y sólo para salirme un rato de eso me puse a buscar en internet y fue 1000 veces peor.

Resulta que Lewis Allan, que es el nombre que aún sale como autor del poema que da origen a Strange fruit, no sólo es el seudónimo de dos niños muertos (llamados Lewis y Allan) sino que también el seudónimo de Abel Meeropol .
Resulta que Abel Meeropol no sólo era judío y comunista sino que había adoptado a los hijos de los Rosenberg. Chivos expiatorios si es que los hay. Le faltaba ser negro y leproso probablemente para tenerla más difícil y él es el que se acerca a Billie Holiday con un poema compuesto a partir de una foto de dos negros colgados de un árbol a los que los metaforiza como frutas extrañas.
Ahí recordé que alguna vez leí un artículo llamado De los Rosenberg a los Mumia (por Mumia Abu-Jamal) de Robert Meeropol y me di cuenta de que ése era uno de esos hijos adoptados por el autor de Strange fruit cuando mataron a los Rosenberg.
Y entiendo ahora cada vez más cuando Billie en su autobiografía decía que esta canción separaba a los cretinos de los idiotas.
Y entiendo, mejor aún, la razón de por qué en Alabama una vez la persiguieron hasta salir del estado, sólo por intentar cantarla.
Y ahora que pienso lo mucho que me costó encontrar esa canción en un vinilo original me empiezo a dar cuenta de las millones de razones por las que eso sucedió.
Nina, Billie y Jeff han hecho de esta canción lo que mil we are the world no harán nunca, que es dejar el alma sin retribución alguna.
Acá no hay paz porque el dolor es eterno y tal vez sea por eso que esta es una de esas canciones también eternas en donde esa vida que cuelga en el árbol es una garganta que sólo puede cantar ahogándose. Esa es una de las razones por las cuales detesto por ejemplo la versión de Tricky, tan pasada de lista y tan anfetaminada que no me calza con la foto de ese árbol y de esa fruta extraña que cuelga de él.
Le debemos a Billie la obligación que tuvo de cantarla a riesgo de su vida. Le debemos a Nina las vidas que perdió por interpretar algo de esa forma y también su consecuencia para con Billie de haber cantado por ejemplo cosas como éstas en el año 63:
Alabama’s gotten me so upset
Tennessee made me lose my rest
And everybody knows about Mississippi Goddam
Alabama’s gotten me so upset
Tennessee made me lose my rest
And everybody knows about Mississippi Goddam
Can’t you see it
Can’t you feel it
It’s all in the air
I can’t stand the pressure much longer
Somebody say a prayer
Y le debemos al gigante de Jeff haber inventado una nueva fruta que dejó de colgar de un árbol y prefirió ahogarse junto con él.
Se harán versiones y versiones a lo largo de los años de esta canción. Existen las de Tricky, Anthony and the Johnsons, Twilight singers, Archie Shepp, Siouxsie y muchas más, pero me atrevo a decir que ninguna podrá superar a esas tres.
Esta segunda columna no podía dejar de decir eso.
Hasta la próxima.
Con ustedes la letra en bilingue y los links de algunas de las versiones:
Nina Simone
Billie Holiday
Jeff Buckley
Strange fruit
Southern trees bear a strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black body swinging in the southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.
Pastoral scene of the gallant south,
The bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolia, sweet and fresh,
Then the sudden smell of burning flesh.
Here is a fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for a tree to drop,
Here is a strange and bitter crop.
Extraña Fruta
Los árboles del sur dan una extraña fruta,
Sangre en las hojas y sangre en la raíz madura,
Un cuerpo negro balanceándose en la brisa sureña,
Extraña fruta que cuelga de los álamos en las peñas.
Una escena pastoril en el sur galante,
Los ojos hinchados y las torcidas bocas vibrantes,
Perfume de magnolia, suave y fresca,
Y el repentino olor a carne humana que se quema.
Aquí está la fruta para que la picoteen los cuervos,
Para que la recobre la lluvia y la seque el viento,
Para que el sol la pudra y un árbol la deseche,
Aquí está la extraña y amarga fruta para que alguien la coseche.
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8 comentarios
Muy buen artículo. Justo hoy hablaba de esas canciones donde todos los ídolos hacen un cover. En fin.
Me he emocionado leyendo esta columna. De alguna manera los que están ahí referidos fueron capaces de estar por sobre las corazas idiotas de la gente en un punto tan sutil y efímero que fue demasiado evidente.
Aunque Nina Simone es mi segunda favorita de la historia, después de la Fitzgerald, siempre me ha gustado más la versión de Jeff Buckley. Eso sí, no conocía la versión de Archie Shepp y me golpeó bien fuerte en la nuca.
¿Cuándo la columna sobre Michael Franti?
Saludos.
lo lei cuando estaba en el horno, y cuando pablo me conto de esto, quede completamente sorprendido de la historia, del trasfondo del tema, gracias por darte el tiempo pablo de compartir esto y llevar y contemporanizar esto, y no olvidar en el presente el sentido politico de las artes,
Una belleza recorrer los pixeles que conforman tus palabras para terminar en esas versiones. Las tres tienen sus fortalezas y no me atrevería a decir cual es mejor, no son pretenciosas, son intimas, tan ellas que se siente humildes y, a la vez, tan distantes de nosotros. Gracias por la historia
Saludos.
La música negra y judía de ppios y mediados del siglo XX nunca deja de soprender. No sólo por sus coqueteos con el blues, sino por la influencia que tuvo, de manera subterránea, en el rock. Sobretodo con historias tan sorprendentes como ésta, la que, aparte, es real y tiene a variso dejando testimonio como lo era la historia (esa con gran h) en un principio, a través de poemas, canciones y la tradición oral.
Raro que un documento de este tipo permanezca de esta forma a través de los años en la cultura popular. Puede que sea la fuerza de la imagen, lo que gatille este recuerdo en el tiempo y en tantas voces distintas.
A su lado, y acaso más amable, si es que existe esa palabra en realidades como éstas, la de los excluidos al otro lado del espejo, sin derecho a la vida, en el otro extremo del apartheid, estaría Summertime, de Gershwin-otro judío. En su ópera Porgy and Bess (la primera ópera negra) , da una imagen de ese mundo, con strange fruit, resuenan ésta canción y otras tantas de ese malestar, con thelonius monk y charlie parker sumándose a la parvada, donde incluso ese wonderful world de armstrong aparece más como un ideal que otra cosa.
Lambchop citaba al kkk en su how i quit smoking, junto a temas militantes.
gracias pablo por compartir estas versiones de buckley, simone y billie holliday,y la historia de strange fruit,
saludos
un gusto leer columnas con caracter y compromiso.
espero con ansias la de nuestro amigo brazuca!
esa sal de fruta es morena.