Entrevista: Richard Russo

Un hombre suburbial

Por Antonio Díaz Oliva

Si esto fuera una novela de Richard Russo, tendríamos que decidir entre dos destinos: (1) quedarnos en el pueblo donde nacimos y crecimos, o (2) irnos y no volver nunca. Por lo menos hasta ser una persona total y completamente diferente de la que alguna vez vivió en esta pequeña locación norteamericana.

Aquella disyuntiva es –tal vez– la principal característica de este narrador nacido en 1949 (Johnstown, Nueva York). Uno de los tantos escritores que alimenta esa larga tradición de novelistas y cuentistas suburbiales compuesta por Raymond Carver, John Cheever, John Updike, Richard Ford, Tobias Wolff, Rusell Banks… y podríamos seguir así eternamente.

Entre los títulos de Russo se cuentan la notable Alto riesgo, Ni un pelo de tonto, los relatos La hija de la puta y la Pulitzer 2002 Empire Falls. Eso más su última novela publicada hace poco en el mercado hispanoamericano: Puente de los Suspiros. La trama es simple y –advertencia– hasta suena trillada: estamos en Thomaston (sí, otro pueblo estadounidense perdido en el mapa). Ahí vive Louis Charles Lynch. Y Louis crece, se enamora, se casa y llega a ser padre. Todo en Thomaston. Lo que significa que Louis nunca sale de su pueblo y, menos, de Estados Unidos. A diferencia de él, Robert “Bobby” Noonan sí lo hace. Bobby es amigo de Louis desde la infancia. Y actualmente vive en Venecia, Italia, donde lleva una carrera como pintor famoso.

Justamente una invitación de Bobby para que Louis lo visite, es la excusa para que cada uno, por su lado, se cuestione las decisiones que ha tomado a lo largo de sus vidas. De ahí que Louis se pregunte en un momento: “¿No es extraño que nuestras vidas de adultos estén tan frecuentadas por el pasado?”. Y más adelante llegue a la siguiente conclusión: “Puede que lo más notable de mi vida sea que la he pasado toda en el mismo pueblo pequeño del norte del estado de Nueva York, algo inaudito en estos tiempos”.

Esos son algunos de los temas que Russo abarca a medida que corren las páginas de Puente de los suspiros. Eso más las imágenes: gentes solitarias, industrias a medio caer que contaminan el paisaje y restoranes-cafeterías a un lado de la carretera.
Y nada de raro ese último detalle. ¿La razón? Antes que escribir desde su cómoda casa, Richard Russo prefiere ir a lugares públicos para inspirarse. De hecho en los agradecimientos de Puente de los Suspiros el autor nombra los cafés donde suele escribir: Camden Deli, El Fitzpatrick’s Café, el Zoot and Boyton-McKay. Así que ya sabe usted, querido lector de esta cerda revista literaria, si alguna vez desea conocer a Míster Russo, sólo es cosa de acercarse a alguno de esos locales y ver al hombre pasado de los 60 años, de sonrisa grande y pelo canoso, que escribe, toma café de grano y mira a su alrededor en silencio.

Aquel es el mismo escritor quien –además– por estos días terminó de trabajar en su última labor como guionista: una película a partir de cuatro cuentos de Richard Yates. Y la obra de Yates –o más bien la resurrección de la obra de Yates a propósito de la adaptación de Vía revolucionaria a manos de Sam Mendes– es también el tema que abre esta entrevista.

“Vi la película de Vía Revolucionaria con gran interés porque amo el trabajo de Yates y recientemente escribí un guión a partir de algunos de sus relatos. Sam Mendes había dicho en entrevistas que deseaba filmar una película acerca del matrimonio de los Wheeler y no acerca de los años 50. Ese es el camino que yo hubiese seguido también, porque Yates, viviendo en los 50, no estaba interesado en retratar esa época y no tenía la distancia (como sí lo tiene Mad men) para considerarlos. Desafortunadamente, y a pesar de las actuaciones maravillosas, me parece que Mendes hizo lo que justamente dijo que no haría”.

¿Y qué sería eso?
Por ejemplo: maravillosamente filmada, la escena más memorable de la película es esa en Gran Central Station, ese mar de hombres yendo al trabajo y Frank Wheeler entre ellos, andando sobre las escaleras. Una escena que grafica muy bien los 50. La novela que Yates escribió era más intima, menos opulenta que la película, e incluso menos ambiciosa. De todas maneras, si todo eso significa que el libro está siendo leído por una nueva generación de lectores… bravo.

Antes de seguir, no puedo seguir esta entrevista sin preguntarle por el fallecido John Updike: ¿qué tanto le influyó en su trabajo como narrador?
John Updike es un escritor que admiro profundamente –especialmente por sus cuentos–, pero uno que no siempre amé. Parte de la razón de eso puede ser su sensibilidad de clase media-alta protestante. Y sin embargo siempre pienso en una escena de Roger’s Version en que el personaje principal está sentando con una mujer en un restorán. Aquella parte, a mi parecer, dice algo esencial acerca de Updike; que era que él parecía tener que estar en todos los lugares al mismo tiempo. Ninguna vista dentro de ese restorán podía satisfacerlo. No sólo quería verlo todo; Updike deseaba ver a través de todos los ángulos. No es inusual para un artista que su mayor fuerza sea también su debilidad más notoria; y la fuerza más grande de Updike era su mente fértil. Por eso en algunas de sus novelas, me hubiese gustado que el narrador se aligerase. Que escogiera, antes que narrará todo. Digamos que esa es mi ventaja: me enfocaré en esto, pero no en esto. Lo cual es, tal vez, el porqué soy más fanático de los cuentos que de las novelas de Updike.

¿Hubo algo en especial que dio pie a la escritura de Puente de los Suspiros?
Puente de los Suspiros es mi primera y última de mis novelas que tiene a la geografía como fuente. Por más de una década he estado escribiendo acerca de clases y el sueño americano, pero nunca los he puesto al centro y al frente, nunca verdaderamente he anunciado mis temáticas e intenciones. En este libro la geografía de Thomaston vino primero, antes que sus personajes. Sabía que la calle principal sería Division street, y que cruzarla significaría algo. Sabía que el río contaminado dividiría la parte de la gente pobre, que la gente cercana a la curtiduría infectada serían los nuevos inmigrantes y que varios se sentirían enfermos, casi muriéndose.
También sabía que habría lugares en el pueblo donde los más pobres se encontrarían con los más ricos y así tendrían la necesidad de aprender de ellos mismos, de conocerse (la escuela, la librería, YMCA). En resumen, ya tenía planificadas todas las locaciones antes de que los Lynch o de Noonan tuvieran que cruzar sus puentes individuales. Lo que no sabía al comienzo es que, de una manera, estaba navegando por el viaje de cuatro generaciones de mi familia al escribir Puente de los suspiros.
El mundo del arte es bastante ajeno a la realidad de los americanos de clase media que usted retrata. Sin embargo, es uno de los temas en esta novela, ya que Bobby es un famoso artista que reside en Venecia…
El tema del arte me ha interesado desde hace un tiempo. Aunque debo decir que generalmente no me gustan los libros acerca de escritores, ya que muchas veces son autorreferentes y escritos con una autocomplacencia (a pesar de algunos aspectos, ahí está el ejemplo de Roberto Bolaño). Por eso siempre estoy buscando gente que trabaje en otras formas de arte (pintores, fotógrafos, directores de cine, etc.), lo cual me permite hablar del arte sin usar escritores. Estaba particularmente interesado en tratar los principios artísticos que trascienden los límites. En Robert Noonan (Bobby) fue capaz de sugerir que los conflictos, miedos, intenciones, y procesos de los pintores son bastante similares a las de los escritores. También me ayudó que mi hija es pintora, al igual que varios amigos míos.

¿Le gusta ver series de TV? Hay muchos escritores que aseguran que la gran narrativa estadounidense actual cada vez está más cerca de la pantalla chica…
Algo de verdad hay ahí. Las mejores series de TV que me han cautivado –Sopranos, Carnivale, Lost, Mad Men– son excelentes ejemplos de historias de ficción de largo alcance. Los fanáticos esperan cada episodio de la misma manera que se esperaba en Estados Unidos los barcos de Londres con las últimas entregas de las novelas de Dickens.

Siguiendo en las series. Hace un tiempo se pudo ver la adaptación de Empire Falls para la TV. Y usted fue quien confeccionó el guión. ¿Cuál es el principal reto que tuvo al hacer esa labor?
Que no tenía una visión fresca. Escribir esa novela me había llevado cinco años y estaba exhausto. Y de repente tenía que cambiar todo y comenzar nuevamente. Muchos creen que la parte más difícil de hacer una adaptación es cortar, pero para mí eso es lo más fácil. Lo que es complicado es buscar una solución fresca a problemas narrativos que uno ha solucionado en una forma diferente. Y la gran tentación es hacer cosas de maneras en que ya se ha hecho. Uno se vuelve, en otras palabras, ciego.

Ha trabajado tanto en la escritura de guiones como novelas y cuentos, ¿en qué formato vendrá su próximo proyecto?
Recién entregué una novela llamada That Old Cape Magic (ya publicada en Estados Unidos y sin fecha en Hispanoamérica). También tengo planeada la escritura de un guión y, luego de eso, una nueva novela, además de unas memorias en las que he trabajado. Pero, claro, siempre hay otra taza de café negro esperando en la cafetería.

Puedes revisar la crítica a Puente de los suspiros acá

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