Columna: American Gods

American Gods

Por Marie Contreras

Hace dos veranos leí American Gods, un buen libro de Neil Gaiman, no lo más impresionante de su trayectoria, debo decirlo, pero un buen libro,que llegó a mis manos en forma de un cariñoso regalo. Tras la emoción que trajo el tenerlo, en esa edición perfecta de tapa dura y papel bond, me dediqué a leerlo con voracidad, cada una de sus 477  páginas, en el menor tiempo que pude lo terminé. Luego de eso, la tormenta. Mi vida entró en un estado de tempestad que me hizo olvidar gran parte de la novela junto a otros fragmentos de personales vivencias.

Un par de meses atrás, en una de esas entrañables tertulias fiesteras con los amigos, comenzamos a hablar de Gaiman, de su The Sandman, de la adorable Delirio, mi personaje favorito de toda la literatura universal, del pequeño papel que juega dentro del ya mencionado American Gods y que, veamos, yo no recordaba. No la recordaba a ella y me di cuenta de que en realidad recordaba muy poco del libro como historia y lo cargaba como un amorfo mantra en todo mi esqueleto desde que lo acabé. Lo guardaba en mi interior como si desde él hubiese podido desprender el código necesario para interpretar lo que está sucediendo, lo que ha sucedido y lo que sucederá, pero, como ya dije, no lo recordaba. Así que, saqué el libro del estante y volví a leerlo durante este verano y junto a ello vi como renacían recuerdos que había matado con unas manos que no son estas y comenzó a revivir, en paralelo, una historia que había aniquilado de mi cerebro; los dioses americanos, señores.

Escribir sobre American Gods de Neil Gaiman no es fácil. No es fácil enfrentarse a esta novela que parece un poco desarticulada a falta de claros enlaces considerando que la historia va haciéndose en torno a todos aquellos dioses (aquí esa palabra es clave y repetitiva, como ya se habrán dado cuenta) que arribaron a América en las memorias de los inmigrantes que de uno u otro modo llegaron a esta parte del mundo. Intentando, al igual que sus móviles sobrevivir en una tierra que no era la que los vio forjarse, alimentándose de lo que pudieran desprender los hombres con sus oraciones y ofrendas, en la fe y devoción que les siguieran teniendo, en los ritos y sacrificios hechos en su honor, en la capacidad de traspasar de generación en generación las historias que los contenían. Son muchas las referencias mitológicas que pueden encontrarse, desde la escandinava, pasando por la africana, así también del folclore norteamericano y uno que otro personaje pop como Elvis que encontraremos en este bando.

La novela está ambientada en el hoy y es por esto que los dioses deben confrontarse a los avances tecnológicos. Esos al que el ser humano parece rendir culto y sin los cuales, aparentemente, no puede vivir. Dotándolos de una extraordinaria fortaleza. Es así como la televisión, el teléfono, la Internet, las carreteras, las tarjetas de crédito, dioses de plástico y neón, se transforman en los mayores enemigos de la banda encabezada por el viejo y cansado Mr. Wednesday, reencarnación de Odín, quien contrata a Sombra, personaje principal, como guardaespaldas, que acaba de salir de la cárcel el mismo día en que se entera ha perdido a su mujer y mejor amigo en un accidente automovilístico.

Bajo la premisa que pronto vendrá la tormenta, y de que a él no se le paga por hacer preguntas, Sombra acompaña ingenuamente a Mr. Wednesday a través de una aventura que pretende formar una nueva alianza entre los olvidados dioses. Van intentando a lo largo de las páginas lo posible e imposible para tener lo que se parezca a una oportunidad de sobrevivir. Generándose en lugares reales, ficticios y paralelos batallas que los complicarán y, en muchos casos, aniquilarán. Notable es la subida al carrusel más grande del mundo que nos lleva a la tierra de Valaskjalf, ubicada dentro de la cabeza del mismo Odín,  donde se ha concertado una cita que reúne a todos estos seres para planear la forma de poder hacerse con la victoria.

Gaiman nos sumerge de manera divertida en la cotidianeidad de figuras que siempre se nos han propuesto demasiado rígidas, demasiado etéreas e impersonales. Las notas melodramáticas tiñen nuestro trayecto hacía el desenlace. Hacía la tormenta.

  • Share/Bookmark
No hay otras entradas relacionadas.

One Comenta

  1. Oscar
    Posteado el 27/12/2011 a las 6:15 pm | #

    Interesante. Nunca he leído a Gaiman. Le daré una revisada a “The Sandman”. Leí tu columna con rapidez e interés. Una redacción impecable y argumentos muy dinámicos. ¡Muy bien francesita!

One Trackback

  1. [...] This post was mentioned on Twitter by Isidora Urzúa and Martha Coz Saavedra, Marie. Marie said: RT @Icydoor: Columna sobre American Gods escrita por @alondrie http://bit.ly/9EkG65 [...]

Escribe un comentario

Your email is never published nor shared.

Usa HTML tags y atributos como: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>