Columna: Lost

A Lost que queremos tanto

Por Pablo Villarroel

Es todo, se ha acabado este ritual de seis años. Pero finalmente y luego de haberla digerido, no una ni dos veces, nos debemos preguntar qué nos ha dejado Lost al final de este camino enrevesado, al parecer, pero tan recto en su meta. Pues es cierto que de sus páginas sobran letras y, quizás, hasta párrafos enteros que podríamos podar sin piedad y que sólo actúan como follaje superfluo, sobrante, mera maquinaria pirotécnica para engatusar las miradas de los que se dejan llevar por cosas brillantes. Es cierto, quizás cometió pecados pero, si me dan a elegir, no temo decir que la balanza se inclina mayormente hacia los aciertos. Pues aquel que crea que Lost iba sobre un puzzle, llamado Isla, al cual se le debía encontrar solución antes del final es porque sencillamente no entendió nada. El éxito de Lost recae en su manera de narrar, no el mundo ni ese mito a desnudar, sino en esa manera de narrar ese mundo que era cada personaje. El personaje era lo principal, ese contar hacia delante, hacia atrás, en paralelo o hasta desde una línea temporal X sólo apuntaba hacia el culto del personaje como un mundo, como un universo concreto e irrepetible en toda la eternidad y ese, ciertamente ese, fue el acierto de Lost. Los misterios sólo fueron un agregado en los que la fe y la certeza jugaban pero nunca fueron Lost en sí, era imposible y hasta codicioso creer que debía crearse una pseudo-ciencia, un supra-mito, que solucionase todo hasta el punto de volverlo manejable, tragable y finalmente muerto. Y más allá de lo narrativo, Lost hablaba sobre un grupo de personas que estaban pérdidas, no en una isla, sino en ellas mismas. Lost nos susurraba sobre cómo, quizás, existe un destino al cual hay que enfrentar y asumir de manera valiente y agradecida aun cuando nos traiga lamentos. Lost hablaba sobre ese viaje que es la redención y sobre cómo a veces nos debemos dejar llevar vendados por una selva para darnos cuenta que no estamos solos y así dar el siguiente paso. Recuerden las palabras de Jack: “Sálvese quien pueda no es la solución. Si no podemos vivir juntos, moriremos solos.” Y es por eso que, como último gesto, Vincent acompañó en su muerte a Jack. Él, menos que nadie, merecía morir sólo.

En resumidas cuentas Lost finalizó contando la historia de cómo Jack, el hombre que negaba la fe, descubrió que tenía un destino por cumplir, de cómo logró detener a Flocke y salvar la Isla sacrificando su propia vida y de cómo algunos escaparon de aquel lugar mientras Hugo se quedaba para aceptar su destino como guardián. Nada de transcendencias espirituales enmarcadas con dulces para que los niños se diviertan. Todos murieron banalmente, algunos en una lucha demasiado humana, otros luego de haber vivido una larga y rutinaria vida. ¿Por qué? Porque precisamente Lost no se trataba de la Isla, sino de lo que sucedía en cada uno de los personajes, de las personas, de las “almas”.  Tal como dijo Jacob, ellos no eran felices, estaban incompletos y perdidos. En la Isla ellos vivieron lo mejor de sus vidas, la redención, por la cual podrían dar sin temores el siguiente paso y ya no importa si ese paso es una propuesta religiosa o simplemente un símbolo.
“No funcionó.” Finalmente comprendimos que la Bomba de Hidrogeno no funcionó como esperaban. No impidió que abordasen el avión ni creó ningún universo paralelo basado en teorías cuánticas.  Simplemente la bomba de Hidrogeno fue lo que debía ser: El incidente que terminó haciendo que todo sucediese, que Desmond terminase confinado durante 3 años a apretar un botón cada 108 minutos, que un día se atrasase y que, gracias a ello, un avión cayese en la Isla.
¿Entonces que era el Flash-sideway? A estas alturas no sé ni siquiera si merece llevar aquel nombre pues ahora comprendemos que ni siquiera era un relato paralelo en el sentido que creíamos, sino que ocurría en un no-lugar y en ningún momento mas tampoco era el purgatorio arrancado de las páginas de La Divina Comedia. Los personajes no estaban pagando ninguna penitencia por sus errores, sino que vivían la vida que ellos mismos hubiesen querido como propias. Así podemos ver a un Sayid salvando a Nadia, a Kate siendo realmente inocente pero perseguida, a Jack como padre, a Sawyer como el chico bueno que no se dejo manchar por el pasado, a Desmond teniendo la aprobación de Widmore y a Hugo aceptando su fortuna como algo bueno. Cuando Christian Shephard – Pastor cristiano – le explica a Jack que “no hay realmente un aquí o ahora” está en lo cierto pues, como podemos ver en el siguiente video, Juliet antes de morir logra ver todo ya que, precisamente ese todo, no ocurre en un momento puntual dentro de una línea de tiempo, sino que está en un eterno ser e intenta decirle a Sawyer que todo ha funcionado, que lograron salvar sus almas, que no morirán solos y que, finalmente, todo lo de la Isla tenía un enorme sentido para ellos.

“Desmond es mi constante.” Desde  que apareció este personaje demostró tener un propósito claro. Luego de la destrucción de la estación El Cisne sufrió, en cierta medida y de manera casual, el experimento de los saltos de conciencias que Daniel hacia con sus ratas.  El electromagnetismo, finalmente esa Luz mística siendo domada por los hombres, lo convirtió en un ser cuya consciencia podía no estar anclada en un presente, cosa que temió en un principio y que trató de negar evitando o, mejor dicho, retrasando la muerte de Charlie. Parece que siempre que un capitulo se centra en este personaje es para que asuma valientemente que existe un destino el cual no se puede alterar pero, en cambio, si ayudar. En otras palabras, Desmond, más que la constante es el médium que, aceptando el fatalismo, puede unir los lazos con una sonrisa. Si no se han dado cuenta cada vez que Desmond toma lucidez de esta realidad sonríe mientras acepta todo.

“…Todos nos vamos al infierno.” Frase dicha por Hugo en el Ab Aeterno aludiendo a que si no se detiene a Flocke, y por ende la destrucción de la Isla, se irían al infierno. Si la tomamos literalmente  podríamos decir que debían proteger la Luz pues ella misma era el puente para que, una vez muertos y en esa iglesia, diesen el siguiente paso. Sí, digo que la luz de la Isla es la misma que se ve en la iglesia.  Si recordamos, según la mujer que crió a Jacob y su hermano, la luz era el corazón de la Isla, la manifestación de la vida, muerte y resurrección que lleva cada hombre dentro de sí pero que por codicia siempre quiere más. Así Flocke toma el rostro de un Prometeo que quiere tomar control de algo divino y no teme pasárselo a los humanos. Primera división en pares: “Hombre de ciencia, hombre de fe” (2×01) Esta dicotomía se hizo presente en Jack y Locke desde el principio de la serie. Jack pensaba que no existía un destino, que el hecho de estar en aquel lugar era mera casualidad y que, por ende, la experiencia en la isla no tenía una transcendencia ni sentido. Locke, por el contrario, creía que tenía un destino, que todo había sucedido por algo y para algo. Siglos atrás se ve la misma dicotomía entre Jacob y su hermano, uno –tal como en el relato bíblico- era cercano a las cosas espirituales mientras al otro la materialidad lo movía hacia la curiosidad, a tratar de entender y manejar. Cosa similar sucedió entre la iniciativa Dharma y los Otros y que posiblemente fue, más allá de todas las disputas, la causante de la famosa Purga pues ellos son el fiel representante de esa curiosidad contraria a la fe. Finalmente ellos estaban tratando de domar a la Luz, de hacerla manejable. En otras palabras, ellos hacían todo lo que trataba de evitar Jacob como guardián y, por el contrario, se asemejan demasiado a aquel Flocke hacedor de pozos y ruedas.

“Nos vemos en otra vida, hermano.” Desmond una vez que ha asumido su vida y muerte alcanza la consciencia de su estado. Ya no le debe más a la existencia, nada más lo retiene en ese limbo intentando obtener lo que no pudo en vida. Pero no todos pueden decir lo mismo. No todos estaban preparados para despertar de ese letargo y, tal como Ana Lucia, muchos se debían quedar abajo mientras intentaban reconciliarse con ellos mismos. Y es en esa forma en que Ben espera a Locke para disculparse con él, por haber sido egoísta y envidioso. Locke lo perdona, mas Ben dice que aún le queda cosas que solucionar y que se quedará otro tanto. Pero aún así, hay que decir, que no es el purgatorio, no están cumpliendo penitencia, sino que están ahí para asumirse a sí mismos. Y es también la razón por la cual Jack y Christian sólo alcanzan la redención al decirse mutuamente lo que nunca se dijeron en vida: Te quiero. La pregunta que queda flotando es ¿Cuál es la razón para omitir Eko y Walt; dos personajes que demostraron tener una conexión especial con la isla?

Comprendiendo estas cosas podemos tomar el verdadero asunto a los encuentros que, finalmente, no fueron un encuentro con los seres queridos luego de eternidades, sino que fue el encuentro con ellos mismos como personas que tuvieron una vida. Al final lo que quiere decir Lost, con cada una de esas lagrimas, es que ellos aceptaron la vida con sus altos y bajos, la tomaron toda y con tanta valentía que si todo volviese a suceder la volverían a aceptar con los brazos abiertos. Eso es creer en un destino, más allá de la idea de que todo este determinado o no. Muchos creerán, desilusionados, que Lost se enredó en el camino, que los guionistas hicieron tantas vueltas que no lograron desenredar el hilo y quizás estén en lo cierto. Quizás muchas cosas de esta serie no llegaron a puerto porque no se encontraron soluciones coherentes o quizás, y realmente lo creo, no tenían importancia, no eran transcendentes, para la historia que querían contar. Los misterios y La Isla eran mero contexto. Pareciese que la serie supo escindir a sus fanáticos para que se abanderasen con las mismas consignas que tuvieron todos sus personajes. Pareciese que nos mostraron misterios para que decidiésemos si éramos hombres de ciencia o fe. Si es así, ha sido un gran juego de los guionistas darnos en la cara con la idea de que no todo tiene explicación, de que vivimos una vida enormemente desanclada del sentido  y que hay cosas a las cuales sencillamente debemos asentir mientras las dejamos ir. ¿Cómo estoy tan seguro? Charlie me lo dijo al principio.

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