Columna: Sudáfrica 2010

Por mi padre

Por Cristóbal Carrasco

No quiero hablar de mi padre, quiero hablar de fútbol.
Pero no es cierto. Digo, hace tres horas mi padre y yo repetíamos los mismos gestos, sentados de la misma manera, mirando ambos el partido de Alemania contra Australia. Ambos coincidimos en que el tercer gol de Müller, aunque tocando el palo, había sido un buen gol. Ambos nos sorprendimos, el día anterior, con las manos fallidas de Green en el gol de Estados Unidos. Ambos nos reímos de eso y rezamos por dentro porque aquello no nos pasara a nosotros frente a Honduras.

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Eso es todo; si hablo de fútbol, hablo de mi padre.
Pero no es todo
Porque no puedo decir «no quiero a mi padre» y «me gusta el fútbol» al mismo tiempo, aunque no son términos excluyentes. Hace cuatro años, cuando comencé a descreer de mi padre, él estaba postrado por un corte de ligamentos que lo obligó a estar seis meses sin movimientos, justo cuando el mundial de Alemania daba su puntapié inicial. Hace cuatro años, mi padre se lesionó jugando al futbol, y en un arranque pueril, tuvo en mente volver a jugar unos meses después de la lesión que lo mantuvo sin trabajar. En esa época veía los partidos del mundial obsesionado con la idea que mi padre sería despedido. Años después, mi padre nos diría llorando que, en efecto, la empresa para que trabajaba había decidido echarlo, y, afortunada o lamentablemente, el futbol no había tenido nada que ver. O casi. Porque al otro día, mi padre, como todos los sábados, fue a una cancha a ver a los demás jugar y quejarse de su despido.
Han pasado cuatro años.
En esos cuatro años vimos ganar a Colo-Colo ganar seis campeonatos, vimos a Pellegrini llegar al Real Madrid, oímos a Bielsa dar su primera entrevista y lo vimos, lo vimos y sonreímos con los mismos goles fallidos, nos paramos y golpeamos el suelo con los errores en la defensa en los partidos de la selección con Venezuela, con Bolivia, con Colombia, el año 2008. Sentados, lo vimos todo juntos.
Y ahora que mi padre me recibe, una noche antes del partido de Chile con unas trompetas parecidas a las vuvuzelas, y yo ni siquiera soy capaz de sonreír, entiendo que hay algo que falta entre yo y él, algo que nunca va a existir, pero que, con suerte y algo de entusiasmo, somos capaces de rellenar con el futbol.
Todavía no lo sé bien.

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2 comentarios

  1. Anónimo
    Posteado el 22/06/2010 a las 8:57 am | #

    Te quiero ver, papá !

  2. Patricio
    Posteado el 26/06/2010 a las 12:44 pm | #

    Qué bonita columna, de verdad da cuenta de un autor lleno de sensibilidad y de coraje al revelar aspectos íntimos de su vida con su papá. Creo que es un verdadero avance respecto de otras cosas que se han publicado en este sitio web en el pasado, cosas no sólo de calidad dudosa, sino también que han incitado a la ciberviolencia y al acoso de parte de cibernautas que, escudados en el anonimato, han lanzado insolencias e improperios a la bandada.
    Bravo por el señor Cristóbal Carrasco, ahí hay un escritor para seguir. Saludos y felicidades.

One Trackback

  1. [...] This post was mentioned on Twitter by José Ignacio Silva, A. E. Tirado. A. E. Tirado said: RT @jisa39: Tremendo escrito de @aycarrasco en @sesentawatts http://ow.ly/20xw8 [...]

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