Columna:Sudáfrica 2010

El fútbol y lo de afuera

Por Eduardo Varas Carvajal

Odiaba al fútbol. Hoy no es que precisamente lo ame; pero creo que lo miro, por lo menos, con curiosidad tecnológica, como cuando sé que en Discovery Channel van a dar ese programa sobre cosas grabadas en cámara rápida, para ver cómo se producen los fenómenos a una velocidad mucho más lenta (en el mundial usan para esos fines unas cuatro cámaras Phamton, manejadas, creo, por Dios). Es eso, una curiosidad signada por el desarrollo de los equipos de grabación y transmisión que están usando y que le permite a Direct Tv emitir los partidos con una precisión quirúrgica.

Hoy todo se reduce al arte de la observación, de ver los rostros que se truecan en algo cercano al dolor cuando una patada llega a alguna parte del cuerpo del jugador, o cuando el gol no entra; o como cuando hay una alegría básica, reacción ante una pelota que entra al arco.

Es como sentirse extraterrestre y ver esas costumbres con un morbo delicioso, como una versión menos repulsiva de Kang y Kodos, descubriendo cómo esos hábitos rayan en lo más tribal y melodramático. Porque no hay que irse por las ramas: el fútbol es una representación de algo que nos sobrepasa y nos delimita.

Es en ese estado en que puedo ver el mundial con cierto placer. Porque al final del día esa representación burda del trabajo en equipo, de 11 personas por bando empujando un balón hacia delante, en pos de la derrota del contrario y de esa sensación de superioridad frente al otro, es lo más humano/criminal que se pueda hacer. Es la crítica y la significación más reales y precisas que se puede hacer de nosotros.

En ese estado madrugo y me enfrento al primer partido del día, el que, en lugar de ver, sueño.

En ese estado prefiero quedarme con el esfuerzo físico y los movimientos casi congelados de jugadores que se esfuerzan hasta el ridículo.

En ese estado, grito por un gol que me parece imposible (en este mundial los gritos son muy reducidos). Aunque, de ser posible, preferiría gritar por una mejor circunstancia…

graciasseleccion

Pero veo, con la misma extrañeza del Starman de Bowie, o del Jesús en South Park, que la pasión a mi alrededor ha disminuido. Este sería el primer mundial en el que la selección ecuatoriana no llega a una de estas citas ‘importantes’, luego de dos experiencias seguidas, tanto en Japón-Corea como en Alemania… y eso ha determinado el afecto de muchas personas. Mi abuela me decía que si quería saber lo que realmente pasa en la ciudad en ese momento, pues que hable con los taxistas y algunos me han dicho que este mundial es una mierda. Quizás las horas de los partidos y los husos horarios ayudan a verlo con más distancia, con esa frialdad inhumana que tanto nos dibuja una sonrisa. Mientras los deportistas se la juegan en la cancha, todo el mundo en Ecuador está en el trabajo y a lo mucho, en hora de almuerzo, alcanza a observar un pedazo del último partido del día. Y en esa dinámica de científico que quiere constatar una hipótesis descabellada, queda la certeza de que nadie lo está disfrutando, de que los partidos aburren, que ahí no pasa nada, que la frialdad y maestría alemana es lo único que se ha convertido en el deleite de los reales fanáticos. No existe nada en este momento, al menos para Ecuador. Y en ese desfile de inconsistencia y de enamoramiento forzoso y tenue, miro la extravagancia e inmensidad del fútbol.

Porque hay gente que no quiere saber del mundial.

Porque hay gente que se emociona hasta las lágrimas porque Alcaraz metió un gol de cabeza y dejó a Cannavaro y a Buffon como un par de maderas congeladas en la cancha.

Porque hay gente que celebra que González-Iñárritu haya dirigido el último comercial de Nike (esa misma gente que mira con felicidad que Wayne Rooney le gane una partida de tenis de mesa a Roger Federer, o que se ríe con simpatía cuando ve que Ronaldihno sale en el comercial, pese a que Dunga no lo llamó ni para que les pase agua a los compañeros).

Porque hay gente que vive esto con más calma.

Porque hay gente que reniega del maldito balón que se usa en este mundial.

Porque hay extraterrestres que festejan cada una de estas cosas como si estuvieran contemplando a los animalitos más raros en gigantes peceras.

Porque los aliens se ríen y babean y no dejan de reírse. Alguien siempre tiene un sentido del humor relleno de azufre.

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