Por Patricio Jara
Antes de cumplir 20 años, Nwankwo Kanu se transformó en el futbolista africano más cotizado del mundo. Tres veces campeón con el Ajax de Ámsterdam, lideró a la selección nigeriana que sorprendió al mundo en los juegos olímpicos de Atlanta 1996. Los llamados Águilas Verdes fueron un equipo cuya mezcla de técnica y potencia física vapuleó a Brasil y Argentina antes de celebrar la medalla de oro al ritmo de los tambores que se oían en las tribunas.
Aquella fue una de las pocas veces que un equipo africano ha jugado justamente como equipo, pues por lo general son una suma de talentos en medio de un gran desorden. Es decepcionante lo que pasa con las selecciones africanas en los mundiales. Quizás sea la falta de líderes, la mano de un caudillo que señale el camino. Alguien que de verdad tenga influencia en el grupo por sobre las habituales divisiones tribales y problemas de conducta.

Si bien va a cumplir 34 años y es uno de los veteranos de este mundial, Nwankwo Kanu aún está a tiempo de ser aquel mesías, pues su historia no está sólo marcada por la gloria, también por la amenaza constante de la fatalidad, de la que ha salido incólume y transformado en un prócer de su país. Una historia que este año llegará al cine con el documental Lion Heart: The History of Kanu.
La vida del 4 de la selección de Nigeria no deja de ser épica: luego de exitosas temporadas en el Ajax y de millonarias negociaciones, sólo restaba el examen médico de rigor para que fuese transferido al Inter de Milán. Era un mero trámite cuyos resultados dirían otra cosa: Kanu, el deportista dos veces escogido el mejor jugador africano de la temporada, cargaba con una afección en la válvula aórtica que exigía con urgencia una cirugía a corazón abierto.
Tras la intervención realizada en Estados Unidos, Kanu permaneció un año sin jugar. Para entonces, su cupo en el Inter fue llenado por un brasileño llamado Ronaldo. Al regreso, y pese a que ganó la Copa UEFA del 98 junto a Zamorano, el delantero no tuvo las oportunidades esperadas y emigró al Arsenal de Inglaterra. Aquel sería un viaje fundamental para su gran hazaña fuera de las canchas: la Kanu Heart Foundation, una organización que desde 2000 ha financiado más de mil operaciones a niños africanos con patologías cardiacas, además de la construcción de cinco hospitales y una docena de policlínicos en el continente.
“Pero nos gustaría hacer muchos más”, ha dicho el actual delantero del Portsmouth inglés y embajador de Unicef. “Hacer los tratamientos en África es más fácil que enviar a los niños al extranjero, pero la lista de espera es tan larga que los fondos recolectados no se pueden ahorrar y debemos gastarlos de inmediato. Es gente que puede morir en cualquier momento”.
Hace tres años hice un artículo sobre él para una revista y contaba parte de estas cosas. Lo contacté a través de su fundación. Al final de las preguntas, se me arrancó el hincha y le dije que tenía la réplica de su camiseta, con número y nombre. Aquella con la que Nigeria había jugado la Copa Africa del 2006. Sorprendido, Kanú sólo dijo una palabra: “Good”.
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