Por Luis López-ALiaga
La horrorosa ley de las compensaciones. El árbitro universal que, ante un error del pasado, decide indemnizarnos con un regalo. O viceversa. En Francia 98 contábamos con Salas y Zamorano, dos centrodelanteros de los mejores de nuestra historia futbolera, pero no tenías mucho más que eso: un habilitador al ritmo del bolero, un arquero de baby fútbol, un entrenador de historieta. Como si debiéramos pagar con la mediocridad del resto, la gracia de tener a los SaZa en acción. Y ahora, por ejemplo, parecía que lo teníamos todo, magia, solvencia, la mezcla necesaria entre huevos y técnica, pero… Pero no está Suazo y si no está Suazo lo que sigue es un abismo. Después del abismo aparece Paredes. Chupete y la conchatuhermana. Grandes jugadores, pero pequeños. Somos el equipo más chico del mundial. Maldita ley de las compensaciones. El mundo y sus pifias. La vida es imperfecta. Y el fútbol, ya sabemos, es como la vida.
Pero también sabemos que hay otros mundos posibles. Algunos sueñan con la recuperación de Suazo. Le rezan a San Antonio y lo imaginan sacando un derechazo milagroso desde el borde del área grande, una diagonal temblorosa que el arquero suizo no alcanza ni a rozar. Te quiero ver, papá. Bielsa lo sueña recuperado y cree que con eso basta. Porque detrás de su apariencia de científico loco, de estratega inclaudicable, Bielsa es un soñador. Un milagrero. Si Bielsa lo sueña, si Bielsa lo dice, es posible que Suazo aparezca contra Honduras.
Yo, en cambio, sueño con el poeta, con el poeta que no le gusta que le digan poeta, que se enojó con Piñera porque lo llamó poeta. ¿A quién puede gustarle que le digan poeta?

Sueño, lo veo mareando suizos, dejándolos con tortícolis, preguntando la hora, llegando tarde a los cruces, precisamente ellos, los reyes de la puntualidad. Veo que le hace un hoyito a Puyol y que se la toca por un costado a Casillas. Veo que nos da la clasificación en el primer lugar del grupo y que España comienza su lenta debacle anunciada. Luego Orellana desborda y saca un centro para que un Chupete, recién recuperado, haga el gol del triunfo ante Portugal, aunque luego sale lesionado del hombro nuevamente y con un desgarro ahora de cuatro centímetros. Los cuartos los jugamos contra Holanda. Llegamos a los penales. Orellana define seco abajo, la pelota alcanza a golpear en el vertical, el arquero tirado para el otro lado, dos giros más sobre la línea de gol y la pelota entra. Pero los holandeses no fallan. El último de Chile lo tira Valdivia. Se invocan todas las magias posibles, el silencio es universal, se escucha el ruido de los planetas. Valdivia camina desde la mitad de la cancha hacia el arco de la definición. El trayecto es eterno. Antes de tirar, el mago mira al cielo pidiendo inspiración. Y es para allá, precisamente, donde manda la esquiva Jabulani. Hay llantos, pero no importa. Todo Chile celebra. Después del terremoto, lo merecíamos. Los comentaristas deportivos hacen poesía sobre las compensaciones de la vida, recuerdan la justicia divina de Julio Martínez. Los seleccionados son recibidos como héroes. Los invitan a la Moneda. Bielsa se excusa porque está resfriado. Piñera se acerca a saludar a Orellana y él, el héroe, lo deja con la mano estirada. No le gusta que lo llamen poeta.
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2 comentarios
En la bajada a la nota dice “Bilesa” en lugar de Bielsa. Que no los vaya a leer el detallista…
Puta madre, qué amargo López…