Entrevista: Víctor Romero

La obra desde los ojos del actor

Por Constanza Carter

Víctor Romero entró a estudiar actuación en la Universidad Católica en el año 2006. Estuvo de intercambio en España y, mientras estuvo allá, hizo algunos talleres en Francia. El año pasado participó en la interdisciplinaria obra “Conventillo, la cueca del oprimido”, hasta febrero de este año. Si bien ahora se encuentra alejado de ese proyecto, la idea es reintegrarse el próximo semestre.

¿Y en qué está hoy? Pasa entre la universidad, trabaja como asistente de dirección de “Nemesio Pelao ¿qué es lo que te ha pasao?”, e interpretando a Alberto Vega en “Ojos que suenan”. En esta obra actúa junto a su compañera Milena Bastidas y Elena Muñoz. Estarán en el Teatro Aparte, por lo menos hasta fines de julio.

La mirada de Víctor

“Ojos que suenan” cuenta la relación que Alberto Vega—quien tiene el síndrome del enclaustramiento, que consiste en no poder mover nada más que los ojos—mantiene con Elena Muñoz, quien también actúa. La amistad que se ha generado entre ambos un tema central, que se muestra en el cariño, amor e incondicionalidad que se ha dado entre ellos.

“Ojos que suenan” habla de muchos temas que se plasman en la vida de todas las personas, más allá de la vida y la experiencia que ha tenido Alberto Vega. Aquellos aspectos trascendentales, los comenta el actor.

¿Qué significan para ti:

Amistad?

— Es uno de los vínculos que está a ratos olvidado en el inconciente colectivo y que en la obra se ejemplifica de manera mágica, sobre todo en la relación que en la vida tiene la Nena con Alberto, como que es un ejemplo. Cómo una persona que en el fondo ha hecho tanto por otra, sin esperar nada a cambio, solamente por ese amor incondicional de una amistad que se forjó sin ningún interés de por medio y por una circunstancia de la vida. Y que es algo que en el fondo a la gente también le llama mucho la atención, cómo ese vínculo puede llegar a hacer tantas grandes cosas.

Abandono?

— También es un tema muy presente en la obra, sobre todo en Alberto. Cómo el abandono logra, de pronto, cegarnos frente a la realidad que uno puede estar viviendo y llegar a abandonar a una persona. Cuando el abandono transgrede al ser humano, y ya no es algo material, encuentro que es súper heavy y en la obra también se plasma de manera muy potente… con la vida y la historia de Alberto y cómo ese abandono pasa a un segundo plano por el tema de la amistad, del amor, de la incondicionalidad.

Solidaridad?

— Es saber estar con alguien en las buenas y en las malas. Saber ponerse en el lugar de otro, independiente de la circunstancia en la que el otro se encuentre. Vivenciar y visualizar la vida desde el punto de vista y desde la circunstancia en la que uno otro puede encontrarse. Cómo solidarizai con eso es un acto humano.

Ojos?

— Son la esencia de una persona. Cómo puedo verte a partir de una mirada. Cómo yo puedo leer, entenderte, comprenderte, sólo a partir de los ojos. La típica frase “Los ojos son el espejo del alma”… yo creo mucho en eso. Las energías… como que todo se ve a través de eso; cuando alguien te miente, cuando alguien es honesto con uno o no. Para mí, los ojos significan mucho, más allá de la obra, así como en la vida.

Comunicación?

— Es el elemento fundamental de una relación humana. El diálogo, saber entenderte, escucharte y escucharme. La comunicación no es sólo con otro, sino también con uno mismo. Entonces, es como una herramienta propia que te sirve para ir comprendiéndote y también ir comprendiendo al otro. Y cómo desde esa comprensión uno logras crecer también.

Encierro?

— Es fatal. El no permitirse ser libre de pensamiento, en actos, en ideologías. Siento que el encierro en sí mismo, como en concepto, es horrible. Es como no permitirse ser. Cuando ese encierro escapa de tu control, es como estar muerto en vida.

El proceso de creación


Víctor Romero llegó a “Ojos que suenan” porque uno de los actores del equipo se lesionó. Milena le contó por teléfono a Víctor lo que había pasado y lo invitó a una audición. La obra ya llevaba un camino recorrido, y sólo faltaba alrededor de un mes para el estreno. Víctor se integró tarde, por lo que tuvo poco tiempo para conocer y armar a su personaje.

¿Me puedes contar más sobre tu proceso de creación, de este período flash de un mes? ¿Conociste a Alberto?

— (…) Si bien es cierto que tuve poco tiempo, igual me sentí súper, súper acogido; en el otro proyecto (“Conventillo…”) también, pero acá fue mucho más. Éramos un grupo humano más chico, la Milena es mi amiga, yo no conocía a la Nena y creamos un vínculo entre los tres muy, muy rico, con la directora también se generó eso. Entonces yo también me sentía protegido. Nos juntábamos ponte tú, no sé, si el ensayo de la compañía era de tres a siete, me juntaba a la una con la Mile o la Nena, o nos juntábamos los sábados. O me invitaban a almorzar y pasábamos textos… como que siempre fue desde otro lugar. Como desde una conciencia laboral de esta pega, pero también humana. No lo veo de afuera, pero siento que también se traspasa… esa química que existe entre los tres en escena, es porque también existe en la vida. Entonces, en ese sentido, mi proceso fue corto, pero fue rico, humanamente hablando.

Eso sobre el trabajo y el ambiente que se formó en el equipo, pero sobre el proceso en que creó al personaje, Víctor agrega:

— Y en términos creativos también, me basé en el documental (de “Diagnóstico”, del canal 13), ocupé esa herramienta como método de observación. Y vi al Alberto cómo está hoy. Y lo que yo más tenía… como respeto y un poco como de miedo, era caer en el morbo ¿cachai? Como en la imagen grotesca del enfermo… no quería que eso sucediera, entonces siempre estuve muy preocupado. Y la Claudia Fernández, que es la directora, también. Me ayudó mucho. Evidentemente al principio me fui al chancho… era casi como un mono y como con los ojos… era demasiado potente mi imagen. Aunque no tuviera el foco en escena, y la escena estuviese ocurriendo al lado, y yo estuviera sólo en presencia, me robaba mucho el foco por la imagen y eso era mucho. Entonces, se creó una especie de relación en escena en que mi personaje también fue mutando y fue siendo más sensible… y de pronto era la referencia y la imagen más poética de Alberto como está hoy. La obra por sí sola tiene un tema fuerte. Entonces exacerbarla y subrayarla con la actuación o con una interpretación tan potente, era mucho.

Continúa:

— De ahí se fue como poetizando en términos de ejecución creativa y física, y eso me dejó muy contento. Y en términos de lo vocal también. Al principio partí de una base que era mi voz, y después empecé a investigar qué peso tiene también él. No lo conocí nunca joven, entonces uno empieza a abstraerse de la realidad y uno empieza a hacer una propia interpretación desde el material que tú tení. Siempre tratando, al menos en mi caso, tratando de ser fiel a la realidad, a la esencia de Alberto.

Y por último, Víctor Romero señala cómo está presente en su personaje:

— Creo que lo más importante es que cuando uno se embala con los proyectos y poní tu alma… el proceso creativo y de investigación se tiñe un poco de uno, de esa alma que uno pone. Entonces empecé a jugar con sutilezas. Empecé a probar sonoridades, la Claudia Fernández también trabaja con un lenguaje súper físico, corporal, y que es muy poético, entonces eso es muy bello también. Y hace que la obra no sea más densa de lo que ya es; intensa más que densa. Y que tenga distintos viajes, como desde lo cómico a lo dramático. Y esos detalles que fui encontrando y cómo ella me los fue dirigiendo, fue un acierto.

Interpretando a Alberto, ¿cuál fue tu mayor desafío?

­— Responder… responderle.

¿Y has sabido qué piensa él?

— Sí po, le hicimos una función especial a él, que fue un día sábado que teníamos función normal, en ese tiempo teníamos a las nueve, entonces se hizo una para él, que fue como un segundo estreno, a las siete y media (…)Y ahí fue a verla y él llegó antes y estuvo con nosotros, y le encantó. O sea, estaba muy emocionado, no quería irse del teatro. “¿Te gustó la obra?”… “Sí”, decía. “¿Está bien abordada?”… “Sí”, como muy contento. Y eso, no sólo para mí, sino para toda la gente que trabaja en la obra, fue como un regalo. Fue un regalo y  para mí, el objetivo era ese. Más allá de ganar plata con la obra, hacer carrera o tener renombre, el objetivo de la obra era ese. Hacerla, acercar a la gente, acercar el tema, acercar al Alberto a la gente y que el Alberto también se sintiera feliz (…).

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