Por Alexandra Hyland

Si en Terminator, el malvado era la computadora Skynet, hoy nos encontramos con la Némesis de la música original: el Auto-Tune; de los villanos Antares Audio Technologies. Antares define a su artefacto como un “corrector vocal armónico”. Pero mi definición favorita es la de Wikipedia (que probablemente fue posteada por alguien de la resistencia), que lo denomina como un enmascarador de inexactitudes y errores fuera de tono de los inexpertos músicos.
El dispositivo funciona así: adecua ligeramente las pistas al semitono más cercano de lo que debería sonar. Se consigue doblando el pitch del audio vocal hacia un sonido más prolijo y armónico. Es decir, hacer trampa. Y sigue haciendo trampa, porque el aparatito también puede corregir a los artistas en vivo.
Como todo, existe espacio para el error. Entonces están esos maravillosos momentos en que el artista equivoca la pista que iba a cantar y queda desnudo frente a los ojos llorosos de infalibles fans. Un ejemplo de esto, fue la presentación de Ashlee Simpson en SNL, y luego, para los que quedaron con dudas, la falta de Auto-Tune en su show en el Super Bowl.
Lo que pasa es que las pobrecitas disqueras multinacionales no saben qué hacer cuando les traen un artista perfectamente comerciable que las inundaría de dinero para sus fundaciones de caridad. Se ven absolutamente obligadas a tratar de hacer funcionar el desastre musical de su estrella pop.
Pero como no hay Terminator I sin Terminator II, hoy en día hay una oleada de músicos que en vez de esconderse detrás de la diabólica máquina, la distorsionan para que se haga escuchar. Así, el artista no sólo se esconde, si no que cava su propia zanja y hace que el Auto-Tune haga todo el trabajo. La pionera de este movimiento fue Cher (por si no se habían dado cuenta), específicamente con su canción “Believe”. El más reciente expositor de la moda es T-Pain. Ha colaborado con varios artistas, incluso con Kanye West. P Diddy le pagó para que le diera unas clases. Creo que si están buscando el efecto, es mucho más interesante, con un resultado parecido, cantar al frente de un ventilador. En serio.
Afortunadamente donde hay tendencia, hay una contra-tendencia. Soldados que quieren tomar cada una de las maquinitas y pisotearlas con estoperoles. Y mejor que soldados, hay músicos. El pionero, que por lo tanto lo bautizamos como John Connor, es Jay Z. En respuesta a la canción que hicieron juntos T-Pain con Kanye West, lanzó la canción Death of Auto-Tune (D.O.A), que protesta contra la falta de veracidad de los raperos del momento. El otro que se paró en contra de esto, fue Jack White, declarando en la portada de abril de este año de la revista inglesa NME “Dejen de jugar videojuegos y tiren lejos su Auto-Tune”. La revista TIME, también presentó un extenso artículo sobre “¿por qué la música pop suena tan perfecta?”. Lo lamentable es que nada de esto es suficiente. ¿Por qué cuando hay tanta controversia por la publicidad photoshopeada, no se le pone la misma atención que al Auto-Tune, que no es más que música “photoshopeada”?
Estamos hablando de que piezas plásticas, conexiones eléctricas y un enchufe, deshacen ese intento por traer a la vida músicos que vierten su alma en unos cuatro minutos de canción. Es darle esos cuatro minutos a alguien que no sabe lo que es entregarse a los compases. El Auto-Tune sustrae la fragilidad natural de la música, volviendo a los cantautores en inmortales robots, congelados en el espectro radiofónico. Una vez dobladas las pistas, éstas pueden volver a ser tocadas sin la necesidad del artista presente. Seres que no deberían adjudicarse vidas eternas. La música solo debería ser inmortal en los corazones de los que la apreciamos, no en una línea de tiempo irreal, creada por las máquinas.
Que ser buen músico no es un requisito para la fama, lo tenemos prácticamente internalizado, pero que además se nos engañe, debería ser denunciado, perseguido. Nuestra propia Inquisición en contra de los falsos músicos, aunque quizás no tanto. Pero es necesario hacerle frente. Habrá que ir revisando, entonces, qué es lo que les corre por las venas a nuestros músicos, si es sangre o cableado.

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