Creación: Exhumación

Por Luna Miguel y Antonio J Rodríguez

Cubierta Exhumación

Afuera, Los Mundos colisionan; perduran las Guerras entre Hades y Eros. Entre los Muertos Vivientes por la Música de Club y las milicias que defienden los Viejos Valores del Humanismo.

Eres Leyenda.
Año 2009: no hay robots. Ni electroacústica.
Ni Paz en el Mundo.
Ni Analogías.
Sólo un Armagedón Sentimental.
Los Anillos de Saturno, fuera de órbita, abrazados en algún tobillo.
Y el magma derritiéndose calle abajo en Princesa o Pez.
Olor a fideos chinos fritos recién eructados por los tubos de escape de las bulldozers que hunden los sistemas penitenciarios panópticos en esta ciudad.
Regresa Mefistófeles; los convencionalismos románticos.
Mientras, la persona amada acierta a la hora de calcular cuál es el botón que hay que pulsar para convencerte de que consigas un atuendo exótico para esta fiesta de disfraces.
Así que, descartados la vulgaridad del traje político a escala preescolar, el artificio exagerado que disuada miradas inquisitoriales al hilo de tus emociones —frágiles—, o el homenaje a ciertos héroes tuyos que, de un modo u otro, también delatarían tu total falta de chispa a la hora de arrastrarte hasta este infierno para empollonas de tu talla, hallamos la solución al problema en el lindo Maneki Neko de plomo barnizado en cobre y varios cientos de kilogramos de peso, tamaño Buda a escala real, como regalo de amor exagerado de la persona amada que preside tu salón. Por lo que ahora —atended— eres una linda gatita que reparte caramelos a las japonesitas manga aquí, en Rostro Expresivo, revelándote contra la tiranía parental, o bien cercenando el solipsismo de las empollonas contra las piernas de pitillo a lo Jeremy Jay y las gafas de moscardón de temporada.

Telurismo.
Mens sana in corpore detritus , piensas: ¿Quién no aspira a la excelencia intelectual, la proyección pública como objeto de deseo erótico?
Nunca he soportado las fiestas.
Diréis.
Que formo parte de esa especie protegida por la wwf que es el individuo monógamo: ya nadie cree en nosotras. Y sin embargo,
so-
bre-
vi-
vi-
mos.

Segundo asalto.
Para mí ya es suficiente diversión troncharme de risa con Amanda por alguna bobada que sólo nosotras entendemos,mientras devoramos varios platos en un bufet chino; las horas de domingo en que colmamos ceniceros, helicópteros Chinook sobrevolándonos, y Zeus
arroja su furia en forma de tormentas de langosta contra las milicias que defienden los Viejos Valores del Humanismo.Ponernos a tono con batidos de excedentes kilocalóricos, mango y papaya,
hot dogs en restaurantes de comida para llevar que imitan el estilo Nueva Orleans años 30: nuestra calle, la ciudad como parque temático, calzone vegetal por tres con cinco pavos; y en el local de al lado, la ropa de segunda mano en Holala!, y regresar a casa antes de las diez. Charlas. Y más charlas.
Como si tuviéramos catorce.

Vespertino Style.
Y nadie que conozcas que resista, si no es a duras penas, el paso de los días sin saberse
Amado.

Pero todo el mundo habla de la fiesta.
Ve películas en donde la gente va a fiestas en donde todo el mundo toca el sexo de los demás, y etcétera, etcétera.

Follar con desconocidas no mola NADA.
Y Amanda, antes de largarse del estudio, te dijo:
—Para serte sincera, siempre he estado muy dividida entre mis ganas de ser independiente y mi necesidad de afecto. Y mi necesidad de afecto ya la has colmado lo suficiente. No sé si me explico…
Así que aquí estamos.

Exhumando al Dios Grecopagano Modernakis.

Con Amanda: esa clase de persona que sale de fiesta con un juego de bolas chinas.
—Cuanto más bailo, más se mueven y más ganas de besarte tengo.
Dentro de esta olla a presión que ya no puedes controlar por más tiempo.
Acepta el desafío. Conócete a ti misma. A la mierda el vástago ejemplar. A la mierda. La disciplina militar, el trabajo satisfactorio. Dinamita los prejuicios, gasea empollonas. Sé un desecho. Púdrete, intoxícate. Autodestrúyete. Por amor. Has gastado una pasta que no es tuya en ropa guapa, Bloody Mary Gin-Tonic: Old-fashioned. Mira, ahí hay tíos con bombín y petits cravates anudadas al cuello. Tíos elegantes como Klaus Verino conversando con una fan a la altura del lóbulo de su oreja, y una jungla de tías. Tías diseñadas en función de los parámetros que rige Vogue International se abren el escote captado por el obturador de cámaras que trabajan para los Flickrs más visitados de esta blessed (down)town.

Se acabó la política — ay, muy poco cool, ¿a quién le importa ya?
Tomaron los Dioses el Parlamento.
Luego llegaron al Club.
Llegó el Amor, En Mayúsculas, los mechones de pelo bronceado que recoges de la cara de Amanda cuando repasáis vuestra colección de elepés, tu cabeza sobre su vientre en el sofá (remoloneas); la tersura de su piel: vasos sanguíneos y las oquedades del cuerpo dilatadas por el consumo de popper.

—Querida, no puedes seguir siendo profunda sin superficie.

Y Amanda aquí, soltándote el sermón tantas veces repetido de que todas estas tipas están vacías de contenido y bla, bla, bla, a pesar de su proyección exterior como objetos de deseo, y ése es el motivo por el cual se pasaba las noches en este rincón haciéndote bailes de fidelidad mientras tú te sacudías cansina los tendones que envuelven la rótula como en un movimiento de esquí de fondo acompasado por los hombros.

(Los informativos contabilizan éste como el día número 666 de nieve continuada.)

Sal a la pista: inmólate. Lesbovampirismo. Como que la consecución de la máxima distancia negativa entre los amantes
y su posterior abandono de Rostro Expresivo que delata los múltiples clímax fisiológicos que vendrán cuando amanezca es el trofeo por el que competís todas y cada una de las parejas aquí
presentes:
Te quiere.

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