Por Antonio Díaz Oliva

Hace unos meses —a propósito de la llegada de la excelente novela “El oficinista” a librerías chilenas— entrevisté a Guillermo Saccomanno (1948, Buenos Aires). Como siempre sucede con el espacio en las revistas de papel, éste se hace esquivo. De ahí que, por lo general, algo de material sobre. Por eso mismo, lo que sigue debe leerse como complemento de lo que publiqué en la revista Qué pasa. Un breve cuestionario en el que Saccomanno habla de cómics, El Eternauta, Nicanor Parra y lo mejor y lo peor de haber ganado un premio como el Premio Biblioteca Breve del 2010.
-Leyendo El oficinista me pareció que varias escenas parecían sacadas de una novela gráfica. ¿Te gustaría una adaptación de viñetas?
-A decir verdad esta novela es una adaptación de una historieta de hace muchos años. Con Domingo Mandrafina (dibujante de historietas argentino) yo había hecho en tres episodios la historia de un oficinista de los años 30, en Estados Unidos, al cual le pasaban unas cosas parecidas al protagonista de esta novela (aunque menos graves). Tomé esa estructura del cómic aunque lo canibalicé para la literatura. No siento que haya una discriminación entre géneros mayores o menores. Cuando yo escribía cómics me sentía tan a gusto como cuando escribo literatura. Pertenezco a esa generación que, entre comillas, valida a estos géneros menores.
- ¿Crees que en los últimos años se ha validado el formato cómic y el de la novela gráfica?
-No estoy muy al tanto de lo que se está publicando. Ya hace año que no leo cómics. Sé lo que son las novelas gráficas, pero no las leo. De igual manera, estoy fuera de la actualidad de lo que se publica en literatura en la Argentina. Sé que se está publicando mucho, pero cuando uno está escribiendo uno lee a veces por gusto y de modo instrumental. Y yo hace años que leo más poesía y ensayos que otra cosa.
- Dentro de lo mismo, me gustaría que me contaras tu historia personal en relación a El Eternauta. Sé que estás ligado a ese cómic….
-Bueno, con Carlos Treviño, el guionista, hicimos el último reportaje en vida a Héctor Oesterheld. Y somos los que más escribimos sobre Oesterheld en el tiempo en que estuvo en cautiverio y después desaparecido en la última dictadura. Si vos buscas en Google, hay numerosos artículos míos sobre Héctor. Es más: hace un tiempo en la Biblioteca Nacional se realizó un ciclo en el que había que hablar de un escritor favorito, yo elegí a Oesterheld. Lo elegí porque creo que es un modelo de intelectual. No sólo por su compromiso político, sino también por su compromiso literario. Las historias que él escribía planteaban que el héroe era siempre colectivo y no individual. Entonces en ese escenario ya no era sólo el coraje por el coraje, si no lo que era la solidaridad, la amistad, de otro tipo de valores. Eso tiene en cuenta al cómic. Por otro lado, creo que su historieta, su forma de guionar, ha tenida una feliz sagacidad en saber adaptar a autores como London, Conrad, Melville, Philip Dick, etc. Era un gran lector Héctor, pero además era escritor de ciencia ficción. Se le conoce por el “El Eternauta”, pero también escribió excelentes cosas sobre la Segunda Guerra Mundial o el corresponsal Ernest Pyle, un corresponsal que de verdad existió y murió durante la Segunda Guerra. Y esas historias eran humanistas, pacifista, muy lejos del triunfalista estadounidense en que los alemanes eran todos nazis y los norteamericanos todos buenos.

- Volviendo a El oficinista: ¿qué es lo mejor de haber ganado el Premio Biblioteca Breve?
-Todavía no te puedo decir. En principio la emoción es casi pueril, infantil porque cuando yo tenía 15, 16 años no me alcanzaba dinero para comprar Seix Barral, que por entonces publicaba autores que uno absorbía con mucha fruición. Pero, como te digo, a uno no le alcanzaba para comprar. Entonces uno los robaba. Yo creo que hay que robar libros. Un escritor se hace de manera espuria, no con tarjeta de crédito. Y en las librerías de usados.
- Me imagino que Seix Barral es muy importante para tu generación. O lo habrá sido en tu formación como lector y escritor ¿no?
-Sí, en esa época (cuando tenía 16 años) Seix Barral publicaba los autores del Boom: Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Cabrera Infante. Yo me acuerdo del efecto de cuando leí “Tres Tristes Tigres”. Es decir, ese tipo de literatura que rompía los cánones naturales. Entonces, bueno no me voy a comparar con esos autores, pero haber tenido un premio de esa editorial o que esa editorial tenga ese sello, me hace —como dicen los españoles— bastante ilusión. Después si la novela es buena o mala, vaya a uno saber. Pero es como el sueño del pibe. No es como que me voy a hacer declaraciones así adustas, preocupado por grandes temas trascendentes como Sabato o Saramago.
-¿Y lo peor?
-Lo peor es que, bueno, nada. Lo peor es lo mismo que sucede cuando publicás un libro y éste te pone con más luces. Te impone un mayor rigor. Me acuerdo que Osvaldo Soriano, cuando yo publiqué mi primera novela, me dijo: “Bueno, ojalá que te vaya bien”. Y yo le decía: “¿Que me vaya bien o muy bien?”. Y él me respondía: “No, bien. Ni mal ni extremadamente bien”.
- Claro. Al final lo mejor es quedarse en una área entre medio…
-Si te va pésimo, te va a costar levantarte de los garrotazos, te va a costar mucho. Y si te va muy bien, te va a costar repetirlo. Y bueno, ahora estoy trabajando en dos libros simultáneamente: una novela muy complicada con la cual todos los días te digo que me cuesta porque me digo…
Cómo salgo de esta.
-Claro. Cómo salgo de esta. O cómo sigo en esta misma senda. Por supuesto: hay muchas críticas a favor. Y muchas en contra. Y uno dice: “este pelotudo no me entendió”. El escritor es un narciso que quiere siempre que lo alaben y lo aplaudan.
-Vi, por ahí, que estás leyendo la nueva antología de Parra. ¿Cómo va eso?
-Sí. Mirá: la antología de Parra creo que tiene algo en cada página. Pero creo que de repente el ingenio lo quita como mérito. Como que no se puede quedar quieto. De golpe el poema termina dos líneas antes. Me parece que esta más preocupado por escandalizar que por el hecho poético, lo cual no le quita ningún merito, te digo. Me parece, en todo caso, que esa contradicción entre Parra y Neruda de la cual muchos hablan, es una antinomio un poco falsa. Es como cuando se plantea la misma situación entre Borges y Arlt.
- Cada uno funciona en niveles diferentes.
-Sí. Hay que buscar un punto ya que cada uno aporta algo. De todos modos, lo que más me molesta de Parra es su prontuario político. Es la parte más difícil de digerir. Si bien Bolaño, que era un lector muy agudo, reivindicada a Parra, este punto —el político— me parece complicado. Como nos parece uno poco a nosotros indigesto el gesto de Borges cuando se juntó con Pinochet y Videla. Aunque luego se retractó todo lo que vos quieras, querido Antonio. Pero para los que vivimos el periodo de dictadura, cuesta tragarse ese sapo.
Leer reseña de “El oficinista” publicada en 60watts acá
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2 comentarios
Hola
Muy buena la entrevista!
Quisiera saber si uds pueden enviarme el mail de Saccomanno, ya que me interesaría saber si actualmente da algún taller de escritura y lamentablemente no tengo forma de contactarlo.
Muchas gracias!
Que tengan un buen día
Ese sapo…
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