Por Joaquín Castillo

Es imposible intentar hablar acerca de la última novela de Paul Auster sin decir nada sobre sus anteriores publicaciones. Es que un autor que ya lleva más de quince novelas, siete de ellas publicadas en la última década, tiene algo que decir. Sobre todo si se trata de un tipo que, dejando de lado la gran cantidad de premios que le han dado, sus cuidadas ediciones en español, publicado íntegramente en Anagrama (según entiendo) y la impresionante cantidad de lectores que tiene cada una de sus novelas; ya ha generado una manera de mirar Brooklyn, de vivir Nueva York y de generar una visión del pueblo estadounidense y su situación actual.
Se ha dicho bastante que, en Sunset Park, Auster vuelve a las novelas donde prima la historia, dejando de lado la metanarrativa de Viajes por el Scriptorium y los mundos oníricos de Un hombre en la oscuridad. Está claro que volvemos a encontrarnos con historias similares a las de Brooklyn Follies o El palacio de la luna, donde personajes jóvenes, atormentados por las circunstancias en que les ha tocado vivir, deben luchar contra un mundo adverso y salir adelante, muchas veces pagando un precio muy alto por ello. Nos enteramos de la historia del notable Miles Heller desde distintos puntos de vista, ya que no solo él nos cuenta su historia, sino que también escuchamos lo que tiene que decir su padre, un conocido editor literario que ve cómo su empresa se viene abajo, su madre, una actriz que se mantiene muy vigente, sus compañeros okupas, con quienes vive en aquella extraña casa del barrio Sunset Park; todo ello en el particular Brooklyn de las novelas de Auster.
Pero no es esencialmente una novela de la ciudad, aunque efectivamente gran parte de la acción transcurre en ella; ni es una novela sobre el azar, a pesar de que éste tiene una importante incidencia en la vida de Miles. Es interesante la constante referencia a The best years of our lives, película que relata la historia de tres soldados que vuelven a Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial y que encuentran una serie de dificultades para reconstruir sus vidas. Entre la película y la novela encontramos varios puntos de convergencia: vemos una historia que tiene que ver con cómo un joven que cree que su vida se viene abajo busca la manera de encontrarle un sentido, no en el modo de una novela de aprendizaje, sino en el modo austeriano. Escapa de su casa y en siete años y medio no da muestra alguna de vida, yendo y viniendo por distintos lugares del país. Tiene que ver con el destino, pero más aún con cómo un padre influye en su hijo y lo educa, lo pierde y lo salva; cómo una madre, a causa de sus ambiciones, deja de lado ese mundo familiar que no disfruta.

Conocemos inicialmente a Miles por medio de su trabajo: limpia casas abandonadas a causa de la crisis económica. Por medio de esos guiños, el autor nos presenta una historia vigente. Nos muestra un ciudadano estadounidense que dejó de lado un futuro prometedor y se perdió en un mundo que no tiene sentido para él. Y esta historia es la del retorno a causa de enfrentamiento que debe librar con el destino. A causa de la imposibilidad de estar con Pilar Sánchez, esa linda e inteligente joven con quien se encuentra leyendo El gran Gatsby en una plaza en Florida, por su minoría de edad, se ve obligado a regresar a Nueva York. El amor lo hace retornar hacia su familia, hacia sus barrios de origen, donde rememora el pasado y se obliga a repensar los sucesos que lo llevaron a escapar. Así como Gandolfo, en una novela que no viene a lugar, echaba de menos una revelación, un momento de verdad capaz de remover al lector, nos encontramos en Sunset Park con una historia que sí remece: el reencuentro del hijo con su madre, en una primera etapa, y con su padre, posteriormente, con todo el nerviosismo y las confesiones que eso conlleva, son suficientes revelaciones como para justificar la historia.
Para el final, Auster nos reserva una emoción compleja, ya que nos lleva nuevamente a reflexionar e imaginar hasta el límite, sin revelarnos qué es lo que pasa con Miles ni con Pilar, ni con sus amigos desalojados, ni con sus padres. Queda la reflexión en torno a aquellos que han luchado grandes batallas y que quedan siempre con el recuerdo de ella, en torno al no tener un hogar y cómo éste se puede encontrar. Queda, finalmente, esa sensación de las grandes historias con una frase (que no está presente en la novela) dicha por Fred en The best years of our lives, “That shouldn’t have happened, but I guess it had to”. ¿Qué es lo que tenía que pasar con Miles y sus padres, o con Pilar o sus amigos okupas? Dar respuestas a esas incógnitas, y el sentido que le encontramos para la vida de los distintos personajes, es la tarea pendiente que nos queda después de conocer a estos nuevos personajes de Auster, que por muy únicos que sean, tienen el buen sabor de siempre.
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