Por Claudia Apablaza
En tiempos modernos el problema consistía en discernir entre la realidad y las fantasías. En los posmodernos, en la atribución de valor simbólico a las fantasías. En la Era Afterpop la dificultad reside en precisar el estatus formal e incluso legal de la fantasía en la maraña mediática y metamediática
Help! I (just) need somebody to love!
¿Qué significa la palabra o sigla €®O$?
Significa que el amor y el deseo están recorridos, como esa sigla, por corrientes económicas, comerciales y mediáticas. Eso no implica que no existan cosas tales como “el amor-pasión”, sino que éste surge, precisamente, después de haber pasado por su “canalización comercial”, y no antes, como muestran películas como Crueldad intolerable de los hermanos Coen.
Si tuvieras que resumir en pocas frases, o indicarnos brevemente que qué tesis sostienes en este libro, ¿qué nos dirías?
Sostengo que emociones tales como la nostalgia, el alivio o la ternura no son sensaciones íntimas y privadas, sino que son técnicamente producidas, en el mercado, a fin de comercializar los productos y asegurar las jerarquías. Hay, por tanto, una “cultura oficial del sentimiento”; la alternativa se encuentra en el underground y en las subculturas, que no son sólo fenómenos estéticos, sino modos singulares de relación y sentimiento.
¿Vivimos de modo capitalista, pero razonamos de modo humanista?
Sí. Cuanto más evidente es el poder del dinero y de la manipulación en el espacio público, más importancia le concedemos a las cuestiones éticas e incluso espirituales. No es cierto, como habían sostenido los teóricos de la posmodernidad, que vivamos en un mundo más relativista o “más irónico”; esa es sólo la máscara de un mundo de creencias muy firmes –incluida la creencia en el valor de las marcas registradas o de las corporaciones, que son los Dioses de nuestra era.
Cuando señalas esta frase: “No todos somos estrellonas de cutrelux, pero casi todos hemos aceptado entrar en un medio digital que crea imagen, la organiza en un sistema riguroso y nos convierte en sujetos “objetivamente más apetecibles” para una relación que otros”, tiendo a entender que tratas al mundo digital como si estuviese mayormente dirigido a ese objetivo, o ese fuera uno de sus mayores propósitos. Ahora bien, ¿ese objetivo o propósito, fue pensado así, o es un uso que se ha desarrollado a partir de los que utilizan esos medios?
Ya no vivimos en la época en que “todo lo sólido se disipa en el aire”; ahora, con internet 2.0, lo que ocurre más bien es que todo lo etéreo se consolida en la red. Lo etéreo son las relaciones y los vínculos que quedan formalizados y objetivados en los metamedios, pero también las jerarquías –incluida la jerarquía social que distingue entre sujetos más apetecibles y sujetos marginados. En este sentido, al usar los metamedios estamos haciendo que esos factores se vuelvan más manifiestos, y que se establezcan nuevos órdenes de poder: más sociabilidad, más amigos, más vínculos.
¿Qué implicancias ha tenido o cómo se refleja en la literatura este capitalismo emocional (este capitalismo que incorpora a su agenda el amor) que describes en el libro?
De varias formas. Por una parte, hay toda una corriente de literatura norteamericana donde el comportamiento privado de los personajes se describe a partir de sus usos de la literatura de autoayuda (Lorrie Moore) o de su integración en grupos que enseñan a las mujeres a ser románticas (Miranda July). Siendo ésta una línea mayormente femenina, o feminizada, ha dado lugar a una línea complementaria en que los autores, hombres, se preguntan qué modos de socialización les quedan a los hombres, y llegan a la conclusión de que los únicos son las culturas de la violencia física, como el sado (Dennis Cooper) o las comunidades ulatraviolentas (Chuck Palahniuk). En ambos casos tiene lugar lo que yo llamo “el correlato objetivo de los sentimientos en el mercado”, es decir, que los códigos sentimentales y de género se formalizan en asociaciones y patrones predefinidos.

Dices que en toda la historia de la humanidad ha habido una “Institucionalización del instinto”. ¿Qué diferencias generales tiene ahora esa institucionalización?
Tradicionalmente el instinto había sido institucionalizado por vías políticas, legislativas o religiosas. Esas vías siguen existiendo, y son importantes, pero hoy en día tienen más relevancia las formas normativas y pedagógicas del complejo informacional, como las revistas femeninas o las comedias románticas. En este sentido ha tenido lugar un traslado de funciones entre los informativos y el cine. Los telediarios ya casi no dan noticias, sólo ponen vídeos de youtube; a su vez, las películas (las comedias románticas, pero también el melodrama, el cine costumbrista, el nuevo “realismo” que se centra en los medios digitales) ofrecen las verdaderas noticias: las novedades en modos de relación, los nuevos códigos afectivos, la última palabra en moda íntima.
¿Cuál es la ética que propone este libro acerca de las relaciones afectivas y sexuales que se dan hoy en día en la red? ¿Hay una suerte de relaciones afectivas y sexuales en las que lidia otra ética? ¿Las ves como un simulacro o ya son parte de ese yo (no mediático)?
Ante todo, lo que ocurre en internet 2.0 no me parece un simulacro, sino una extensión y popularización de códigos de relación que un día fueron minoritarios, incluyendo los que provienen del amor-pasión e incluso del amor-cortés. Internet no “falsea” las relaciones sino que las objetiva, sacando a la luz su estructura (como el “mapa de amistades” en Facebook o el “perfil del sujeto como amante” en Meetic) y potenciando su componente comercial (el individuo como producto en el Mercado Afectivo).
¿Puedes explicarnos brevemente qué quieres decir cuando dices que estemos en la era metamediática y su diferencia con la era mediática?
La era mediática se caracterizaba por una relación vertical entre los productores y los consumidores, en que las empresas generaban productos estandarizados, dirigidos a un “comprador medio” que mantenía una relación pasiva con las empresas y subalterna con los iconos del consumo. En la era metamediática esa serie de vínculos se vuelve horizontal: el producto es personalizado y, en varios sentidos, “humanizado”; Bruce Sterling diría que ya no es un “objeto industrial” sino un “blobjeto” inteligente, ergonómico, adecuado a las necesidades específicas del comprador, que mantiene con él una relación “personal”. Por su parte, el consumidor se convierte en productor, ya sea de capital simbólico (transfiriendo información desde los blogs y myspaces) o de objetos propiamente dichos.
Me llama la atención el concepto de yo metamediático, podrías explicarnos un poco más ese concepto y de la afirmación que haces en el libro de que dejaría de existir el problema famoso/don nadie, cuando los usos tentativos de él se transformen en un habitus.
El psicoanálisis clásico definía el yo como “la fuente de la que mana el deseo”. En el mundo digital el yo, tal como lo construimos en la red, se convierte en “la fuente primordial de la información”. Ese yo no da informaciones “oficiales”, como hace la prensa, sino datos privados o informaciones generalistas pasadas por el tamiz de la privacidad. Las formas de relación se convierten en una economía de la información: la amistad o el amor son momentos de intensidad o de consolidación en la corriente de los datos que circulan. En cuanto a la oposición famoso/don nadie: quienes crecimos en tiempos mediáticos estamos acostumbrados a vivir en una jerarquía entre famosos y desconocidos, donde la palabra “fan” significa un cierto sometimiento; en cambio, para los que han crecido con los medios digitales, “fan” es sinónimo relativo de “amigo”, lo que implica también que las antiguas formas de organizar el espacio mediático se trasladan a la vida íntima.
¿Y la privacidad ha sido realmente transferida al Messenger? Con respecto al ejemplo que das en el libro del hombre que no le da su Messenger a una chica, pero sin conocerla, la invita por medio de Facebook u otro a echar un polvo. ¿En qué otros sitios estaría la privacidad?
La intimidad es un concepto que fue construido por las clases acomodadas a finales del siglo XIX, para distinguirse de las clases populares. Estaba basado en la posesión de espacios cerrados (casas y habitaciones, pero también espacios sociales impermeables), que garantizaban un cierto refinamiento en la vida interior y relacional. En rigor ese concepto deja de existir a mediados del siglo XX con la extensión de las formas de espectacularización y publicidad. Pero, como tantas otras cosas que no existen ya, como la fe o el alma, seguimos hablando de ella porque resulta útil para vender cosas: hipotecas, bodas, la ilusión de vida privada sofisticada y refinada, que es una ilusión de clase. En este sentido, no es que la privacidad sea “transferida” a los medamedios, no hay una esencia de la privacidad que se pierda en ese traslado; la privacidad espectacular es construida socialmente en los espacios de internet 2.0.
¿Estás de acuerdo con Paglia cuando dice que el feminismo es un producto del capital y “… no podría haberse generado sin él, también su posfeminismo bendecido por Dionisos es un producto inevitable del capitalismo emocional”?
Sí. Esa frase suena mal si se saca de su contexto, pero desde un punto de vista histórico es puramente descriptiva. En efecto, el conjunto de propuestas, políticas y reinvidicaciones que conocemos con el nombre de “feminismo”, sea de izquierda o de derecha, sólo ha podido consolidarse en el marco del capitalismo, donde esas reivindicaciones adquieren legitimidad y urgencia en relación con las reglas del mercado: igualdad de salarios, porcentajes de género en los puestos directivos, etc. Otro tanto puede decirse de las reivindicaciones del colectivo LGTB: por ejemplo, el derecho de los gays y de las lesbianas a contraer matrimonio se consigue no sólo cuando “la mayoría de la población entra en razón”, sino, sobre todo, cuando se consigue que se reconozca la relevancia de las reivindicaciones económicas asociadas al matrimonio: coger una baja si tu pareja legal se pone enferma, hacer testamento, heredar, etc.
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2 comentarios
este libro es muy bueno
me quedo con esta frase: “Supongamos que quiero adquirir un producto. Uno cualquiera. Estoy por decir `un rastrillo`, pero temo que ese objeto pueda resultar demasiado heideggeriano, demasiado `de la tierra`. Mejor pensemos en un producto más insustancial, más decorativo. Por ejemplo: un ser humano.”
gracias por la entrevista
Pues no me parece interesante la entrevista y la he disfrutado, pero no estoy de acuerdo, se olvidan de que la izquierda es tambien un invento del capitalismo una parte mas del materialismo dominante, y con la izquierda quiero decir toda la izquierda, desde la reformista a la revolucionaria, y no hay nada mas capitalista que el llamado progresismo.