Por Cristóbal Carrasco
Menos de cien hojas le costaron a Valeria Luiselli -escritora mexicana de 27 años, estudiante de filosofía y colaboradora de revistas como Etiqueta Negra y Letras Libres- convertirse en la autora con uno de los mejores libros del año y menos hablados del 2010. La sorpresa de su libro Papeles Falsos (editado en México por Sexto Piso) es tan impresionante como esperanzadora, no sólo por la manera en que aborda los temas de los diez ensayos que conforman su libro –la mayoría de ellos, digresiones sobre el movimiento en las ciudades, los mapas como sujetos, los viajes como encuentros y como señales mínimas de nuestra historia– sino sobre un uso particularmente vital de la primera persona. Luiselli, asignataria forzosa de la obra de Pitol y, particularmente, de su El arte de la fuga, emprende un vuelo directo en el cruce de estilos y géneros, con la incerteza de estar pisando arenas movedizas y al mismo tiempo, con la confianza de saber hacia dónde se va. Prudencia y velocidad juntos en el, quizás, mejor inicio narrativo que hayamos presenciado en vida. Quisimos entrevistarla para conocer un poco más el nacimiento de Papeles Falsos, y esto fue lo que nos contó Valeria, luego de presentar su libro en España.
Parece sensato admitir que tu Papeles Falsos está construido sobre la narración de un personaje que puede o no puede ser tú. ¿Qué tan difícil fue conseguir ese tono en el libro, considerando las limitaciones del género ensayístico para el desarrollo de un personaje?
No es fácil encontrar el tono justo de un ensayo. Muchas veces, el tono íntimo propio del género puede conducir a una exhibición desproporcionada del yo. No es casual que los gringos le llamen al ensayo literario “personal essay” y que tantos ensayos sean un despliegue vulgar y excesivo de intimidad. Hay en el ensayo una tentación de convertir la pluma en altavoz y de transformar el espacio silencioso de la escritura en una especie de altisonante podio para el autotributo –incluso cuando se disfraza de autodenostación.
Dicho eso, creo que lo que me ocurrió mientras escribía Papeles falsos fue que el libro se volvió de tal modo el eje de mi vida diaria, que empecé a vivir en función de él. Mis viajes, mis paseos cotidianos, todas mis lecturas estaban relacionadas con Papeles falsos. De algún modo, me volví un personaje atrapado en ese libro; estuve viviendo para poder seguir contando esa historia. El libro me obligó a viajar a Venecia para buscar unas cartas de Joseph Brodsky, pasé alguna noche en un cementerio, visité lugares rarísimos en la ciudad de México, como su obsoleta Mapoteca, un taller ilegal de restauración de murales, o una misa para sordomudos. La verdad es que ése fue un periodo feliz para mí: me pasaban cosas porque las estaba escribiendo. Ahora que estoy terminando una novela y las cosas les suceden a mis personajes y no a mí, mi vida se ha vuelto horriblemente normal.

Hay en el libro una propuesta muy interesante que tiene que ver con la incerteza que expresa el narrador sobre sus afirmaciones. En muchas ocasiones descree de sus opiniones o se confunde, algo que es particularmente gratificante en un ensayo. ¿Fue deliberado ese paso?
No fue deliberado: uno escribe como piensa. Creo que yo razono como en ráfagas muy abruptas, y luego me veo obligada a dar pasitos hacia atrás. Tal vez sea producto de la mezcla de mi formación en filosofía con mi carácter, terriblemente impaciente y a la vez obsesivo. Alfonso Reyes decía que había tres clases de escritores: los que piensan antes de escribir, los que piensan mientras escriben, y los que piensan después de escribir. En mis mejores momentos, pertenezco a la segunda categoría. En mis peores, a la terecera. Y no lo digo en tono de falsa autocrítica. La verdad es que me interesa más una escritura que fluye como el pensamiento -con saltos, tensiones, retrocesos, distracciones, contradicciones- que una bien empacadita y lista para llevar.
Los nombres de Robert Walser y Joseph Brodsky se repiten en los ensayos de Papeles Falsos ¿Qué tanto le debes a ellos en tu escritura?
Menos a Walser que a Brodsky. Leí El paseo hace muchos años y lo que reverbera de ese libro en Papeles falsos es sólo cierto impulso, cierto ritmo muy callejero. Brodsky, en cambio, fue una especie de interlocutor fantasma a quien estuve persiguiendo durante los años que me tomó escribir el libro.
Tu libro empieza en el mismo lugar que comienza El arte de la fuga de Sergio Pitol. ¿Qué tanto le debe Papeles Falsos a ese libro, y en general, al cruce de géneros que ha desarrollado tu compatriota?
Sergio Pitol es uno de los escritores que más admiro. Es de los pocos escritores mexicanos, con incuestionable estatura, que no ha sucumbido a las tentaciones del poder y de la frivolidad. Eso se refleja en su escritura: es un escritor extraordinariamente libre. En ese sentido, quisiera siempre estar endeudada con él -poder escribir siempre con tanta libertad. Y sí, Papeles falsos le debe mucho a El arte de la fuga. Ambos son libros sobre el placer de la lectura, los dos están a caballo entre dos o más géneros, y hablan lo mismo de una ciudad, de un libro, o del rostro de un viejo amigo. Pero también son, en más de un sentido, libros contrarios. El libro de Pitol es una especie de destilación de años y años de lecturas, experiencias, memorias, chismes literarios sabrosos. Es un mapa de sus afinidades trazado lenta, cuidadosa, paulatinamente. Papeles falsos, en cambio, es un libro más inmediato, escrito con más urgencia. También es un mapa de afinidades -tal vez todo libro de ensayos lo sea-, pero es un mapa incompleto. O más bien: un mapa de relingos.
Usualmente escribes crítica ¿Crees que es más fácil para ti pasar al género ensayístico que a un escritor de ficción?
No me dedico a la crítica, aunque como muchos escritores jóvenes por ahí empecé a vivir -o a más o menos sobrevivir- de la literatura. En realidad, antes de escribir crítica para revistas y periódicos, empecé a escribir ensayos literarios, que por supuesto al principio nadie publicaba. En mi caso, más que dar el paso de la crítica al ensayo, transité del ensayo filosófico al ensayo literario. Ahora estoy escribiendo ficción. Así que hice todo al revés.
Por último, has comentado que estás trabajando en una novela. ¿Qué distancia habrá en relación con tus Papeles Falsos?
Ojalá mucha. Aunque, como Papeles falsos, también es un libro sobre mis fantasmas. Pero creo que es de mala suerte hablar de la novela hasta que no esté terminada.
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Por la revista Arcadia Conocí a Valeria, justo, a propósito, del ensayo de Malcolm Gladwell “late Bloomers”. Valeria (27) en su precocidad creativa, yo (53) aprendiendo a prueba y error; Afortunadamente con desfachatez sin verguenza.
http://www.newyorker.com/reporting/2008/10/20/081020fa_fact_gladwell?currentPage=all