Columna: Adiós, Salinger
Lloren, se murió el más grande, dice nuestro columnista. Y es cierto. Completamente cierto. Se murió el escritor que un día, cuando todos querían figurar, decidió encerrarse y desaparecer. Pero quedaron sus libros y sus historias, sus adolescentes, la familia Glass y la tristeza. Se murió el más grande.

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